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Antiguo 01-03-2008, 22:09
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Natachamar Natachamar esta desconectado
La Jefa
 
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Predeterminado Re: Los Relatos Del Iii Concurso

Cavilaciones de un hombre sencillo (Patria)

Es una pena que ya no venga un motorista a anunciar los nombramientos, con la cara que se le hubiese quedado a Don Ignacio, nuestro portero. ¡Tal vez entonces mi mujer dejaría de ningunearme, joder! pues parece que haga lo que haga uno, ella busque siempre el ejemplo de otro a quien le ha salido mejor para restregártelo por la cara. De todas formas tampoco me han nombrado ministro, que eran a quienes mandaban a los motoristas a comunicar los nombramientos. Mañana ocuparé el flamante despacho de Director General de la Marina Mercante.

Desde que mi padre me situó en el departamento, todo lo que he logrado ha sido a pulso. Ya estaba trabajando allí como interino, cuando aprobé las oposiciones, y si bien es cierto que mi padrino el Almirante presidía el tribunal, siempre me aseguró que evaluó personalmente mi expediente y que, aunque tal vez con algo menos de puntuación, las hubiera aprobado igualmente.

Desde entonces he tenido que hacer muchos esfuerzos y tragar mucha mierda para seguir ascendiendo hasta que finalmente, no hará ni seis meses, tuve un golpe de suerte.

Se acercaba la jubilación del viejo, en el departamento ya habían comenzado la colecta para regalarle un Rolex de oro. Un Rolex de oro! de acuerdo que éramos casi una cincuentena los contribuyentes, pero vaya regalazo íbamos a hacerle a un jefe que nunca había hecho más que buscar la mejor manera de putearnos y al que no volveríamos a ver nunca más. Tres éramos los candidatos a su sucesión, pero de esos tres, sabía que yo estaba en la cola.

Todo había sido culpa de mi mujer, pues cuando se enteró de que yo tenía un lió con la secretaria del jefe, le hizo llegar una nota anónima y desde aquel entonces, pronto haría dos años de eso, me había hecho notar que yo no merecía la confianza que me tenía. El viejo carcamal debía estar enamorado platónicamente de su secretaría y al recibir la nota de mi mujer, creo que tuvo un grave ataque de cuernos.

La verdad es que antes del golpe de suerte del que hablaba, no tenía nada claro conseguir subir ese último escalón en mi carrera. Como digo había otros colegas con las mismas posibilidades matemáticas que yo de trepar hasta ese puesto, pero la química entre el viejo pedófilo y yo se había deteriorado por culpa de esa nota que envió mi mujer y que para colmo estaba tan solo basada en pruebas circunstanciales y en un par de singulares casualidades.

Fue entonces cuando decidí firmemente separarme. Hasta entonces le había hecho creer a mi amante Irene que pensaba separarme de mi mujer, que la dejaría y nos iríamos a vivir juntos, pero yo no pensaba realmente en separarme, en realidad me iba bien tener dos casas y dos dormitorios, incluso dos mujeres; porque hacía bastante tiempo que a mi mujer le importaba en absoluto si dormía en casa o si la llamaba con cualquier excusa para decirle que esa noche dormiría fuera.

Pero la fortuna apareció en mi vida y supe sacarle partido. Pues aquel día en lugar de desayunar en el café de la esquina donde acostumbraba a ir cada mañana, me desplacé varias manzanas. Tenía que comprar una estúpida partitura para mi estúpida esposa que toma lecciones de oboe. Y ya con la partitura bajo el brazo, entré en un café con buena pinta donde no había estado nunca. Su distribución recordaba un vagón de tren, la barra a la derecha, con sus taburetes, sus vitrinas y su camarero de uniforme haciendo cafés y calentando leche, y a la izquierda distintos departamentos, separados por cristales translúcidos hasta la altura de los ojos, con una mesa y varias sillas cada uno. Estaba yo desayunando leyendo distraídamente el periódico en uno de esos departamentos, cuando percibí que el departamento contiguo había sido ocupado. No le di importancia hasta que reconocí la voz de mi jefe que estaba hablando con otro hombre.
- ahora te contaré algo que nunca había contado a nadie - oí la inconfundible voz mi jefe, y de repente se me erizaron hasta los pelos del pubis y mi corazón se puso a latir tan rápido y fuerte que creí que no podría escuchar ese interesante relato.
- ¿Recuerdas a Vallejo, aquel empresario valenciano? - interpeló nuevamente el Director General a su interlocutor.
- Verás, - añadió - yo lo conocí hará unos diez años, cuando me dieron el cargo. Se plantó en mi despacho y aseguró que había conocido, y había tenido tratos comerciales con otros que estuvieron ahí antes que yo. Se presentó como un asesor externo del departamento y me aseguró que era el hombre indicado para hacer de intermediario entre nosotros y ciertos lobbies empresariales. No recuerdo como consiguió que le creyera, pero el tipo inspiraba confianza, era simpático y después de varias comidas, cenas y algunas ocasiones particularmente picantes, me planteó el primer negocio. Si conseguía homologar un determinado equipo electrónico, recibiría a cambio un cochecito para mi hija. A partir de aquel día, los intercambios de favores se sucedieron. Por homologar una caja de plástico como botiquín pude regalarle a esa foca chillona que tengo por esposa un pedrusco de un par de quilates, y por establecer la obligatoriedad de llevar ciertos tipos de balsas salvavidas, y una red de servicios autorizados para hacerles revisiones cada año, gané un ático duplex en la Marbella. De esta forma me he ido haciendo un patrimonio...

Me levanté, ya tenía suficiente. Me acerqué a la barra para pagar asegurándome que mi jefe me viera y me reconociera. A las pocas horas me llamaba a su despacho con un pretexto cualquiera, pero antes de entrar yo ya sabía que a partir de aquel momento convertiría de nuevo en su Delfín, que era el empujoncito que necesitaba para destacar por encima de mis adversarios.

A partir de aquel día, y aunque en realidad yo no me había planteado seriamente separarme antes de que aquella babosa frígida me indispuso con mi jefe mediante aquel infame anónimo, tampoco entonces después de aquellos hechos tan desafortunados, después de una infinidad de broncas interminables y después sus consiguientes silencios eternos, aun habiendo admitido íntimamente que necesitaba separarme, aun así no lo veía un hecho factible ni estaba dispuesto a hacerlo porque estaba convencido que la real beneficiaria de esta separación era ella. Ella que se quedaría con poco más de la mitad de mi patrimonio. Pero poco a poco fui adquiriendo conciencia de la nueva situación. Si ahora me separaba de ese ejemplar de foca, se me llevaría casi la mitad de mi sueldo y se quedaría con el piso que compartíamos desde que nos casamos y tal vez incluso el coche, pero ella nunca podría prever la mágica intervención del tal Vallejo, quien por apretar un poco más los tornillos y sacarle los cuartos a ese puñado de pijos que son los navegantes de recreo, millonarios aburridos que no saben como gastar su dinero y a los que la administración tiene que ayudar incluso en esto. Con la ayuda de Vallejo, pronto conseguiría un chalet en las afueras de Madrid y un anillo de pedida para Irene, con un buen pedrusco engarzado.

Además, para celebrarlo este año estoy dispuesto a hacer feliz Irene y en verano nos iremos de vacaciones a la playa. Tendré que comprarme un bañador, ya que a mi me gusta el monte, el clima fresco y seco lejos de las aglomeraciones y con ese olor a naturaleza, pero después de todo ya sería hora que el nuevo Director General de la Marina Mercante viera finalmente el mar en primera persona.
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Editado por Natachamar en 02-04-2008 a las 00:13. Razón: corregir signos extraños que salieron
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