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La Jefa
 
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Predeterminado Re: Los Relatos Del Iii Concurso

Soltaron amarras (Mordaza)

Aunque parezca mentira, se conocieron, gracias a un foro náutico, en internet, y decidieron cruzar el atlántico, rumbo, al ansiado Caribe.
No se conocían personalmente, pero a lo mejor, fue esa la pócima, para que reinase a bordo ese ambiente y camaradería, que se necesitaba para cruzar el charco.

La tripulación perfecta, como les gustaba decir a ellos, la componían, Carlos, que era al que se le ocurrió la idea de cruzar el Atlántico, que es un chico que lo que mas le gusta es navegar, y después todo lo demás de la vida, como le gusta decir. Tiene 25 años, está casado y tiene una hija de 15 meses, que lo primero que hizo, con ella, a la primera oportunidad que tuvo, fue llevarla en su barco, y enseñarle su maravillosa Ría.

Le seguía, Javier, un hombre ya curtido en mil batallas, de 50 años, que se había separado de su mujer, por esas disputas que nos juega la vida, y que su gran pasión además de navegar, era cocinar, y además cocinar bien, y lo hacía en su restaurante. Tenía dos hijos, ya en la universidad, y fueron los que mas le animaron, a que realizase su sueño de cruzar el charco.

Manuel, de 47 años es el veterano en cruces del Atlántico. Lo ha cruzado ocho veces Este-Oeste, y tres veces Oeste-Este. Es el navegante por excelencia, el tripulante que todo el mundo quiere llevar a bordo en una gran travesía. Es callado, mejor que callado, es reservado, capaz de estar horas a la rueda, y en el barco lo arregla todo, parece una enciclopedia náutica. Es soltero, con algunas amigas aquí y allá, y tuvo una tienda de accesorios para la náutica, que se le fue al tacho, según cuenta, y que luego se dedicó a vivir de transportes y algún que otro trabajo de reparación.

Miguel es el dueño del barco, en el que cruzarán .Tiene 63 años y es un hombre, que lo que ha echo ha sido labrarse a si mismo. Chupó alguna paliza de su padre, cuando aún era un mocoso, por recoger cartón por las noches, y luego venderlo, para sacarse unos duros, pero gracias a ese coraje, tiene hoy en día, dos empresas de exportación de pescado, que, aunque le obligan a viajar mucho, y estar apartado de la familia, muchos días al año, esto le ha permitido vivir con un poder adquisitivo muy alto, y el haberse podido comprar la ilusión de su vida, un 55 pies, de un astillero artesanal de Suecia, que es el barco donde espera poder realizar sus grandes sueños. Vive en Madrid, lo cuál le crispa, está casado, pero como el dice, vida no hay más que una, y mi familia, aunque es lo que más quiero en el mundo, para mi lo primero será navegar y navegar, todo lo que mi tiempo libre me permita.
Por último Miguelito, el hijo de Miguel el armador, un chaval de 32 años, excelentemente educado, con la carrera de medicina recién terminada, con novia, pero parece que nada formal, y con algo de tiempo libre, porque está preparando, el dichoso MIR.

Eran cinco, de diferentes ciudades, culturas y diferente clase social, pero compartían la misma ilusión, navegar, y lo mejor de todo, es como se habían conocido, en un foro náutico en internet

Después de ponerse de acuerdo, a través del foro, de que realizarían esta aventura juntos, decidieron sopesar el hecho de que no se conocían en absoluto, y que tantos días de navegación juntos en los que se saca a relucir lo peor y lo mejor de cada uno, deberían de tomárselo con mucha prudencia, y convivir antes navegando unos días, con el fin de no estropear, en medio del Atlántico, lo que era la ilusión de sus vidas.

A finales de Septiembre, quedaron en reunirse, en el náutico donde estaba el barco, para tomar las primeras decisiones, y navegar juntos un par de días.

Los primeros en llegar fueron Miguel y su hijo, pertrecharon el barco, y vieron aparecer al cabo de una hora, a Javier, con un jamón debajo del brazo y un gallardete, este ultimo, era el símbolo del foro donde se habían conocido. Se saludaron, bromearon sobre el jamón, y en el momento que se disponían ha izar el gallardete, llegaron Manuel y Carlos. Se dispusieron en la cubierta, cual guardiamarinas, el día de su primera uniformidad en cubierta en el Juan Sebastián el Cano, he izaron el gallardete, que sería testigo de su gran aventura.

Metieron víveres a bordo, para un par de días, soltaron amarras y salieron por la bocana del puerto, dispuestos a convivir, y ver como eran en realidad cada uno de ellos.

Tras estos días, el que si bien es verdad, no tuvieron ninguna situación extrema, debido a la bonanza climatológica, pudieron conocerse mejor, y decidieron crear una jerarquía a bordo, en el que cada cual, sería la máxima autoridad a bordo en sus menesteres, durante la travesía.
Miguelito, seria el médico de guardia, pero de guardia las 24 horas del día, durante 25 o 30 días. Hubo descojone general a bordo, pues se nombró a Carlos, por su pelo largo, enfermera de guardia. Manuel sería jefe de maquinas y radiotelegrafista/electrónico a bordo, o sea el que los llevaría al Caribe, o sabe Dios a donde.

Del acastillaje, velas, jarcia, y mantenimiento del los mismos se haría cargo, Carlos. Javier, el amo y señor de las suculentas pitanzas que se elaborarían a bordo, y encargado de despensa, y por ultimo Miguel, que como era el dueño, pues se rascaría las pelotas cuando le diese la gana, y se encargaría de vigilar a todo el mundo, para que así no le rompiesen el barco.

Elaborada una lista, con repuestos y necesidades a bordo, partió cada uno para su casa, con el propósito de agenciarse cada unos lo que le correspondía de la lista, y quedaron en verse una semana antes de partir.

El post que pusieron en el foro, a propósito de su viaje, no paraba de tener visitas, y mas visitas, y esto les hacía sentirse felices, pero también les ponía nerviosos, porque veían que estaría mucha gente pendientes de su travesía.
Se reunieron en Madrid,, en una cena en un conocido restaurante, y después de cenar Miguel obsequió a cada uno, con un polo, con el nombre del barco bordado, y así ya eran ya oficialmente una tripulación oceánica.

Se fueron a tomar unas copas juntos, lo cual aún reforzó mas su amistad, y quedaron en que el día 8 de Octubre, sería el gran día.
En el foro de internet, tuvieron alabanzas de todo tipo, ayudas sobre meteorología, recetas de cocina etc, etc, y fueron conscientes, de que una parte de sus compañeros foreros iba con ellos, en esta su gran aventura.

El día 8 de Octubre, a la diez de la mañana, estaban todos puntuales, con sus pertrechos estibados a bordo, y dispuestos a soltar amarras. El tiempo no iba a estar de su parte, en este día, soplando un temporal de fuerza 9 en el estrecho, que les pondría las cosas muy difíciles. Decidieron dedicar el día a repasar el barco, cosa que les vino estupendo, porque vieron un fallo en el piloto automático, que Manuel pudo arreglar tranquilamente.

A las 22:00 horas, hora local, viendo que el frente ya había pasado, y presentándose un parte meteorológico estupendo, para ir hasta Madeira, soltaron amarras, y a la aventura.
Empezaron ya en ese momento el sistema de guardias cada 4 horas, que fue el que utilizaron toda la travesía. Izaron spi, y en popa con levante suave, comenzaron sus primeras millas.

A la mañana siguiente, Javier ya tenía el desayuno listo a las 8:00, y todo marchaba estupendo, soltaron las cañas de pesca, y a disfrutar del mar. Comieron sin que les picara nada y al cabo de unas horas pasaron el estrecho, justo antes de la puesta de sol, con poco tráfico, y acompañados por delfines, buena cena, buen vino, lo que era placer de los sentidos, para estos cinco hombres enamorados del mar.

Con el transcurrir de los días, se observaba como el tamaño del jamón, descendía considerablemente, así que se tomó la decisión, de que como no les duraría la travesía entera, para poder comer jamón, habría que ganárselo, y propusieron como reto, un concurso diario de chistes, con lo cual siempre reinaba, un ambiente estupendo, y unos comían mas jamón que otros, cuando ganaban el concurso diario.

Como estaban haciendo unos buenos registros diarios de unas 150 millas, decidieron que no pararían en Madeira, y seguirían por una ruta un poco mas al sur de este archipiélago, hasta que encontrasen, los tan ansiados alisios, bien establecidos. Esto no tardó, en sucederles, y pronto se encontraron , con los portantes, que los lanzaban a 8 nudos, atlántico adelante.

Tras sufrir capotes y capotes, en sus incursiones, en el mundo de la pesca, en el decimocuarto día, sonó ese angelical ruido del carrete, de una de las cañas, y Miguel, tras una lucha de 15 minutos, puso en la bañera, un precioso dorado, de unos 6 kilos, que Javier, preparó como solo los maestros saben hacer, y se brindaron un homenaje, en medio del mar, en tierra de nadie, felices por su captura, y felices por su situación.

Decidieron, que esa noche habría sesión de cine de verano, con la proyección de la película Airbag, de su querido cine español, según Manuel, y las risas los tuvieron entretenidos, hasta bien entrada la madrugada.

Al día siguiente, observaron en los partes meteorológicos, una pequeña, baja, que se estaba formando cerca, de su posición, un poco mas al norte.

El viento, empezó a ir subiendo poco a poco, arriaron a Rambo, nombre que pusieron al spi, porque no rompía ni de coña, izaron la trinqueta, y decidieron hacer las guardias mas cortas, para no sufrir mas el temporal, unos que otros.

Se encontraron con viento de 45 a 50 nudos de proa, en los que el barco se comporto estupendamente, al igual que toda la tripulación, durante las 11 horas de mal tiempo que tuvieron. La jarcia silbó como nunca, y los pantocázos fueron crueles con la maltrecha espalda de Manuel, el radar solo marcaba ecos sin parar debido a la fuete lluvia tropical, y lo que aún se siguen preguntando hoy, es como en esas, condiciones Javier fue capaz de preparar, sopa y espaguetis a la Boloñesa, para cenar.
Miguelito, tuvo que hacer su primera intervención quirúrgica, en alta mar, le cosió una ceja a Carlos, que se había dado un golpe con una polea de la escota de mayor. Lo demás cooperaron a tope, ya que a quien se operaba era a la enfermera, y una vez acabada la faena, y visto que había sido todo un éxito, decidieron rebajar de sus atribuciones a Carlos, hasta su llegada al Caribe, y su lugar de mantenimiento lo ocuparía su alteza Miguel, que por fin dejaba el armador de vivir como un marqués.

Después de ver solo, un par de barcos de vela, en toda la travesía que llevaban desde España, y bien lejos por cierto, y ni tan siquiera haber podido hablar con ellos, por el vhf, se toparon, con un súper petrolero, que les parecía tan grande como cinco campos de fútbol.

Consiguieron hablar con el Capitán, y resultó ser un Vasco, que había oído hablar de ese foro de internet para navegantes, y prometió entrar en el, y conocerse un poco mejor con nuestros chicos. Había salido de Venezuela hacía dos días, y les informó de que las condiciones que tendrían hasta Barbados serían excelentes.

Ya se empezaba a notar en el ambiente, ese hormigueo que se produce tras una gran victoria, y es que estaban a punto de conseguir su objetivo tan deseado, pero al mismo tiempo sentían añoranza de que todo acabase en breve, y mas de uno ya empezaba a notar la falta de su familia.

Para celebrar que ya solo les quedaban 200 millas, y que parecía que esa noche no iban a tener chubascos, prepararon una gran cena homenaje de clausura de crucero, en el que se bebieron sus mejores reservas de rioja, y acabaron con unos magníficos Gin Tonics, que dejaron a mas de uno en pelotas en la cubierta cantando el himno de Real Madrid y del Barça.

Tras hacer una buena singladura, llegaron el día 1 de Noviembre a Barbados, donde pudieron observar que era cierto entre risas, como las luces de señalización eran al revés, que en Europa.

Tras el lío de luces, encontraron la marina, Port St. Charles, amarraron, y se fueron a dar esa mas que merecida ducha, y a llamar por teléfono a sus casas, para contar que ya estaban en tierra.

Esa noche, tras cenar en un típico restaurante, tomarse copas como si fueran agua y celebrar y celebrar su triunfo,al irse a dormir, uno a uno se fueron dando cuenta del logro que acababan de realizar, no solo habían cruzado el Océano Atlántico, en un barco de vela, si no que lo habían hecho, sin casi conocerse, y cada uno llevaba tras de sí a un ciento de compañeros del foro a sus espaldas, y la ilusión de muchos, de hacer lo que ellos habían logrado.

En realidad, una vez allí, no les pareció tan difícil, el cruzar el charco, esos miedos y temores que tenían a lo desconocido, lo difícil, que fue tomar la decisión de dejar todo por un mes, y embarcarse en esta aventura, en la que algunos los tildaban de casi locos, pero lo que si les quedó claro, es que volverían ha hacerlo.

El barco, lo transportó Manuel con un amigo, hasta España, y cada uno volvió a su rutina diaria. La hija de Carlos ya navega en optimist, Miguelito se ha casado, Miguel ya lleva tres vueltas a España a vela, Manuel sigue haciendo transportes, y a cruzado el charco dos veces mas, Y Javier, continúa con su restaurante, haciendo feliz con sus pitanzas a muchos.

Cada ocho de Octubre, se reúnen, para comer, solo ellos, sin familia ni amigos, solo la tripulación . Recuerdan esas innumerables historias que les sucedieron a bordo, y cada año prometen que volverán.
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Editado por Natachamar en 02-04-2008 a las 00:17.
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