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Re: Rincón literario
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Allá, en el fondo de su alma, se creía nacido para el amor, y su pasión por la arqueología era un sentimiento de la clase de sucedáneos. Al ver en las novelas más acreditadas de Francia y de España que los personajes de mejor sociedad sentían sobre poco más o menos las mismas comezones de que él era víctima, ya no vaciló en pensar que lo que le había faltado había sido un escenario. Las muchachas de Vetusta eran incapaces de comprenderle, así como él se confesaba a solas que no se atrevería jamás a acercarse a una joven para decirle cosa mayor en materia de amores. Tal vez las casadas, algunas por lo menos, podrían entenderle mejor. La primera vez que pensó esto tuvo remordimientos para una semana; pero volvió la idea a presentarse tentadora, y como en las novelas que saboreaba sucedía casi siempre que eran casadas las heroínas, pecadoras sí, pero al fin redimidas por el amor y la mucha fe, vino en averiguar y dar por evidente que se podía querer a una casada y hasta decírselo, si el amor se contenía en los límites del más acendrado idealismo. En efecto, don Saturno se enamoró de una señora casada; pero le sucedió con ella lo mismo que con las solteras; no se atrevió a decírselo. Con los ojos sí se lo daba a entender, y hasta con ciertas parábolas y alegorías que tomaba de la Biblia y otros libros orientales; pero la señora de sus amores no hacía caso de los ojos de don Saturno ni entendía las alegorías ni las parábolas; no hacía más que decir a espaldas de Bermúdez: —No sé cómo ese don Saturno puede saber tanto: parece un mentecato. Esta señora que llamaban en Vetusta la Regenta, porque su marido, ahora jubilado, había sido regente de la Audiencia, nunca supo la ardiente pasión del arqueólogo. Este joven sentimental y amante del saber se cansó de devorar en silencio aquel amor único y procuró ser veleidoso, aturdirse, y esto último poco trabajo le costaba, porque nunca se vio hombre más aturdido que él en cuanto una mujer quería marearle con una o dos miradas. Cuatro años hacía que no perdía baile, ni reunión de confianza, ni teatro, ni paseo, y todavía las damas, cada vez que le veían bailando un rigodón (no se atrevía con el wals ni con la polka) repetían: —¡Pero este Bermúdez está desconocido! ¡Todos, todos empeñados en que era un cartujo! Esto le desesperaba. Cierto que jamás había probado las dulzuras groseras y materiales del amor carnal; pero eso ¿le constaba al público? Cierto que primero faltaba el sol que don Saturnino a misa de ocho; pero esta devoción, así como el comulgar dos veces al mes, en nada empecía (su estilo) a los títulos de hombre de mundo que él reclamaba. ¡Y si las gentes supieran! ¿Quién era un embozado que de noche, a la hora de las criadas, como dicen en Vetusta, salía muy recatadamente por la calle del Rosario, torcía entre las sombras por la de Quintana y de una en otra llegaba a los porches de la plaza del Pan y dejaba la Encimada aventurándose por la Colonia, solitaria a tales horas? Pues era don Saturnino Bermúdez, doctor en teología, en ambos derechos, civil y canónico, licenciado en filosofía y letras y bachiller en ciencias: el autor ni más ni menos, de Vetusta Romana, Vetusta Goda, Vetusta Feudal, Vetusta Cristiana y Vetusta Transformada, a tomo por Vetusta. Era él, que salía disfrazado de capa y sombrero flexible. No había miedo que en tal guisa le reconociera nadie. ¿Y a dónde iba? A luchar con la tentación al aire libre; a cansar la carne con paseos interminables; y un poco también a olfatear el vicio, el crimen pensaba él, crimen en que tenía seguridad de no caer, no tanto por esfuerzos de la virtud como por invencible pujanza del miedo que no le dejaba nunca dar el último y decisivo paso en la carrera del abismo. Al borde llegaba todas las noches, y solía ser una puerta desvencijada, sucia y negra en las sombras de algún callejón inmundo. Alguna vez desde el fondo del susodicho abismo le llamaba la tentación; entonces retrocedía el sabio más pronto, ganaba el terreno perdido, volvía a las calles anchas y respiraba con delicia el aire puro; puro como su cuerpo; y para llegar antes a las regiones del ideal que eran su propio ambiente, cantaba la Casta diva o el Spirto gentil o el Santo Fuerte, y pensaba en sus amores de niño o en alguna heroína de sus novelas. ¡Ah, cuánta felicidad había en estas victorias de la virtud! ¡Qué clara y evidente se le presentaba entonces la idea de una Providencia! ¡Algo así debía de ser el éxtasis de los místicos! Y don Saturno apretando el paso volvía a su casa ebrio de idealismo, mojando los embozos de la capa con las lágrimas que le hacía llorar aquel baño de idealidad, como él decía para sus adentros. Su enternecimiento era eminentemente piadoso, sobre todo en las noches de luna. Encerrado en su casa, en su despacho, después de cenar, o bien escribía versos a la luz del petróleo o manejaba sus librotes; y por fin se acostaba, satisfecho de sí mismo, contento con la vida, feliz en este mundo calumniado donde, dígase lo que se quiera, aún hay hombres buenos, ánimos fuertes. Esta voluptuosidad ideal del bien obrar, mezclándose a la sensación agradable del calorcillo del suave y blando lecho, convertía poco a poco a don Saturno en otro hombre; y entonces era el imaginar aventuras románticas, de amores en París, que era el país de sus ensueños, en cuanto hombre de mundo. Solía volver a sus novelas de la hora de dormirse la imagen de la Regenta, y entablaba con ella, o con otras damas no menos guapas, diálogos muy sabrosos en que ponía el ingenio femenil en lucha con el serio y varonil ingenio suyo; y entre estos dimes y diretes en que todo era espiritualismo y, a lo sumo, vagas promesas de futuros favores, le iba entrando el sueño al arqueólogo, y la lógica se hacía disparatada, y hasta el sentido moral se pervertía y se desplomaba la fortaleza de aquel miedo que poco antes salvara al doctor en teología. ... La Regenta. Leopoldo Alas -Clarín- |
Re: Rincón literario
bueno va, ya lo sé, ha sido fuerte lo de la regenta, a ver si esto ...
LA CONDENA El que posee el oro añora el barro. El dueño de la luz forja tinieblas. El que adora a su dios teme a su dios. El que no tiene dios tiembla en la noche. Quien encontró el amor no lo buscaba. Quien lo busca se encuentra con su sombra. Quien trazó laberintos pide una rosa blanca. El dueño de la rosa sueña con laberintos. Aquel que halló el lugar piensa en marcharse. El que no lo halló nunca es un desdichado. Aquel que cifró el mundo con palabras desprecia las palabras. Quien busca las palabras lo cifren halla sólo palabras. Nunca la posesión está cumplida. Errático el deseo, el pensamiento. Todo lo que se tiene es una niebla y las vidas ajenas son la vida. Nuestros tesoros son tesoros falsos. Y somos los ladrones de tesoros. Felipe Benítez Reyes |
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Si… Si puedes mantener la cabeza sobre los hombros cuando otros la pierden y te cargan su culpa, Si confías en ti mismo aún cuando todos de ti dudan, pero aún así tomas en cuenta sus dudas; Si puedes esperar sin que te canse la espera, o soportar calumnias sin pagar con la misma moneda, o ser odiado sin dar cabida al odio, y ni ensalzas tu juicio ni ostentas tu bondad: Si puedes soñar y no hacer de tus sueños tu guía; Si puedes pensar sin hacer de tus pensamientos tu meta; Si Triunfo y Derrota se cruzan en tu camino y tratas de igual manera a ambos impostores, Si puedes tolerar que los bribones, tergiversen la verdad que has expresado y que sea trampa de necios en boca de malvados, o ver en ruinas la obra de tu vida, y agacharte a forjarla con útiles mellados: Si puedes hacer un montón con todas tus victorias Si puedes arrojarlas al capricho del azar, y perder, y remontarte de nuevo a tus comienzos sin que salga de tus labios una queja; Si logras que tus nervios y el corazón sean tu fiel compañero y resistir aunque tus fuerzas se vean menguadas con la única ayuda de la voluntad que dice: “¡Adelante!” Si ante la multitud das a la virtud abrigo, Si aún marchando con reyes guardas tu sencillez, Si no pueden herirte ni amigos ni enemigos, Si todos te reclaman y ninguno te precisa; Si puedes rellenar un implacable minuto con sesenta segundos de combate bravío, tuya es la Tierra y sus codiciados frutos, Y, lo que es más, ¡serás un Hombre, hijo mío! Joseph Rudyard Kipling. Premio Nobel de Literatura 1907 . . . y más cosas. este poema lo recitó anoche una profesora, despacio, en silencio, fue en la cena de graduación de mi hijo, y se lo dedicó a todos ellos, que dejan el instituto . . . no saben lo que les espera ahora :santo:. |
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me basta así Si yo fuese Dios y tuviese el secreto, haría un ser exacto a ti; lo probaría (a la manera de los panaderos cuando prueban el pan, es decir: con la boca), y si ese sabor fuese igual al tuyo, o sea tu mismo olor, y tu manera de sonreír, y de guardar silencio, y de estrechar mi mano estrictamente, y de besarnos sin hacernos daño —de esto sí estoy seguro: pongo tanta atención cuando te beso—; entonces, si yo fuese Dios, podría repetirte y repetirte, siempre la misma y siempre diferente, sin cansarme jamás del juego idéntico, sin desdeñar tampoco la que fuiste por la que ibas a ser dentro de nada; ya no sé si me explico, pero quiero aclarar que si yo fuese Dios, haría lo posible por ser Ángel González para quererte tal como te quiero, para aguardar con calma a que te crees tú misma cada día a que sorprendas todas las mañanas la luz recién nacida con tu propia luz, y corras la cortina impalpable que separa el sueño de la vida, resucitándome con tu palabra, Lázaro alegre, yo, mojado todavía de sombras y pereza, sorprendido y absorto en la contemplación de todo aquello que, en unión de mí mismo, recuperas y salvas, mueves, dejas abandonado cuando —luego— callas... (Escucho tu silencio. Oigo constelaciones: existes. Creo en ti. Eres. Me basta). Ángel González |
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Hola a todos :brindis:
Mi amigo Marino, nació rodeado de mar en la Isla de Arosa y le gusta narrar, e aqui algunos de sus escritos (verídicos). http://www.comoimagen.com/cliente/wp...38cd57c075.png Publicado por Marino el Enero 15, 2008 A los dos viejos marineros, aburridos aquella tarde y sin dinero, se les ocurrió algo realmente sorprendente. La escuadra inglesa de guerra llevaba varios meses en lo más profundo de la ría de Arosa y daba la impresión de no moverse de allí en vaya usted a saber cuantos años. Le dice uno al otro: ¿ei, Jose, por qué non collemos a dorna e lles vendemos aos ingleses esas ducias de ostras que temos na casa? Al tal José, primero muy sorprendido, se le iluminaron después sus ojillos comidos por la salitre y le contestó que le parecía muy buena idea. José, el Tordillo, y Juan, el Paloma, se subieron enseguida, a una de sus dornas e hicieron rumbo al “Cabo,” donde se encontraba el mas cercano de los monstruos ingleses. Al llegar a un costado, llamaron la atención de dos marineros que hablaban a proa, a muchos metros sobre el Tordillo y el Paloma. Estos se desgañitaban tratando de llamar su atención. Por fin lo consiguieron, le señalaron las ostras y los ingleses terminaron echándoles un caldero atado con un cabo. Poco más tarde, las ostras viajaban hacia los reinos flotantes ingleses. José y Juan vieron a la pareja como desaparecían de la borda. Lo que a continuación siguió fue fruto del innoble procedimiento inglés en el trato con la confiada marinería del resto del mundo, o así lo pensaron los viejos: al unísono, todos los barcos empezaron a soltar humo por sus chimeneas, recoger las cadenas de sus rezones y virar hacia la boca de la ría. Los atribulados Tordillo y Paloma salieron a todo remo, separándose del costado del monstruo, mientras Juan le decía al Tordillo: ¡Ei, compañeiro, e estes cabróns de ingleses non se van por non pajar as ostras! http://www.comoimagen.com/cliente/wp...530b1f2596.png Publicado por Marino el Enero 15, 2008 Nada resulta más misterioso y emocionante que algo encontrado en el mar. Si esto resulta ser en una tarde en la que tres niños tripulamos una pequeña chalana construida con bidón de hierro y nuestra joven inventiva y que lo encontrado era el equivalente ingles de uno de nuestros TBOS, aunque con tapas, que lo protegieron de la inevitable mojadura ya no me quedó duda, años más tarde, que la cultura llegó por el mar. Aquel tesoro me hubiera gustado no tener que compartirlo. Yo no sabía ingles, desde luego, pero misterio sobre misterio, si está mojada no existe la lengua muerta y el verdadero disfrute exige la soledad. Hoy gozo, todavía, la magia de las viñetas mojadas sesenta años después. http://www.comoimagen.com/cliente/wp...140069bac5.png Publicado por Marino el Enero 15, 2008 Todos nacemos del mar. Pero yo más: soy isleño. Cuando tenia 4 ó 5 años, el mar se adueñaba de mis noches, supongo que de las de todos los niños de la Isla y se hacia presencia en el tacto frio y en el golpe de sonido sordo contra las rocas del acantilado, que empezaban nada mas salir del portalón de la finca. Por fin, sobre las seis de la mañana venia la calma: la última dorna de la playa descendía rodando sobre los rolos de madera; el sonido recordaba el de una ametralladora. Yo, por fin, me arrebujaba entre las ropas de la cama y dormía mi mejor sueño. El mar me entregaba una de sus muchas dádivas. |
Re: Rincón literario
Blues de la monja y el ingeniero de caminos Incluso en las circunstancias mas adversas, le cabe al ser humano la posibilidad de darle a su vida un giro brillante e inesperado que mejore la apariencia de las cosas. Un tipo me contó de madrugada que su mujer llevaba años engañándole con un amigo común. Al principio trató de remediarlo y se sinceró con ella. Le dio la opción de olvidar el asunto, romper unas cuantas cartas, devolver por correo las llaves de un apartamento y regresar sin represalias al redil. Fue inútil. Ella se mantuvo en sus trece. Entonces el marido optó por darle un giro surrealista a la fatalidad. Una noche se hizo el encontradizo con el amante de su esposa y sin mostrar el más mínimo rencor, le dijo: "¿Sabes que mi mujer te pone los cuernos conmigo?". De lo que se trata es de relativizar los fracasos y de aceptar que las cosas nos ocurren sobrevenidas por el peso muerto de la fatalidad. Nos irá mejor si le aplicamos al análisis de nuestras vidas los criterios aplastantes, mecánicos y racionalistas con los que los matemáticos resuelven en la pizarra, como una pagoda de tiza, sus castillos algebraicos. De niños creíamos que la vocación religiosa era algo que nos inculcaba Dios y que poseídos por el ensalmo de aquella apuesta divina, estábamos llamados al obispado, al cardenalato, y quien sabe si al solio pontificio. Nos dijeron entonces que la santidad era una cosa que te daba de niño, como las paperas, y podía marcarte de por vida. ¡Pamplinas! Al relativizar tu pasado recuerdas el caso de aquellas dos hermanas cuyos caminos se separaron para dar en paraderos tan distintos. En M., que era la fecha de las dos, se fijó Dios y le arrastró a la atmósfera ensimismada del noviciado. En cambio, en su hermana E., que era tan guapa, se fijó un ingeniero de caminos. Me dijo de madrugada mi amigo el ex boxeador: "Muchacho, de niño acaricié el sueño del sacerdocio. Luego eché metro y medio de espaldas y me engordaron tanto las manos que tuve que hacerle bolsillos nuevos a la ropa. Acabé partiéndome la cara encima de un ring. El destino es raras veces correlativo con los sueños. De haberme dejado llevar por mi equivocada vocación sacerdotal, con mi cuerpo sólo podría haberme colocado de capellán en la Mafia siciliana". Eso dijo mi viejo amigo y creo que no le faltaba razón. Su vida fue un derroche de mala suerte. A veces incluso su perro fingía no conocerle. Cayó en bancarrota, y en lo mas bajo de su caída, maldita sea, a mi viejo y querido amigo ya sólo le quedaban de su propiedad las jodidas pupilas azules escondidas bajo las plantas de los pies. Hay tipos que es como si hubiesen nacido con la cara dentro del culo. Pero sobreviven porque saben que en el fondo, a menudo la vida consiste en acertar con los errores... JOSÉ LUIS ALVITE p.d. kung fu . . . ha muerto. |
Re: Rincón literario
El pueblo en la cara Cuando yo salí del pueblo, hace la friolera de cuarenta y ocho años, me topé con el Aniano, el Cosario, bajo el chopo del Elicio, frente al palomar de la tía Zenona, ya en el camino de Pozal de la Culebra. Y el Aniano se vino a mí y me dijo: «¿Dónde va el Estudiante?». Y yo le dije: «¡Qué sé yo! Lejos». «¿Por tiempo?» dijo él. Y yo le dije: «Ni lo sé». Y él me dijo con su servicial docilidad: «Voy a la capital. ¿Te se ofrece algo?». Y yo le dije: «Nada, gracias Aniano». Ya en el año cinco, al marchar a la ciudad para lo del bachillerato, me avergonzaba ser de pueblo y que los profesores me preguntasen (sin indagar antes si yo era de pueblo o de ciudad): «Isidoro, ¿de qué pueblo eres tú?». Y también me mortificaba que los externos se dieran de codo y cuchichearan entre sí: «¿Te has fijado qué cara de pueblo tiene el Isidoro?» o, simplemente, que prescindieran de mí cuando echaban a pies para disputar una partida de zancos o de pelota china y dijeran despectivamente: «Ése no; ese es de pueblo». Y yo ponía buen cuidado por entonces en evitar decir: «Allá en mi pueblo»... «Eldía que regrese a mi pueblo», pero, a pesar de ello, el Topo, el profesor de Aritmética y Geometría, me dijo una tarde en que yo no acertaba a demostrar que los ángulos de un triángulo valieran dos rectos: «Siéntate, llevas el pueblo escrito en la cara». Y, a partir de entonces, el hecho de ser de pueblo se me hacía una desgracia y yo no podía explicar cómo se cazan gorriones con cepos o colorines con liga, ni que los espárragos, junto al arroyo, brotaran más recio echándoles porquería de caballo, porque mis compañeros me menospreciaban y se reían de mí. Y toda mi ilusión, por aquel tiempo, estribaba en confundirme con los muchachos de ciudad y carecer de un pueblo que parecía que le marcaba a uno, como a las reses, hasta la muerte. Y cada vez que en vacaciones visitaba el pueblo, me ilusionaba que mis viejos amigos, que seguían matando tordas con el tirachinas y cazando ranas en la charca con un alfiler y un trapo rojo, dijeran con desprecio: «Mira el Isi; va cogiendo andares de señoritingo». Así, en cuanto pude, me largué de allí, a Bilbao, donde decían que embarcaban mozos gratis para el Canal de Panamá y que luego le descontaban a uno el pasaje de la soldada. Pero aquello no me gustó, porque ya por entonces padecía yo del espinazo y me doblaba mal y se me antojaba que no estaba hecho para trabajos tan rudos y, así de que llegué, me puse primero de guardagujas y después de portero en la Escuela Normal y más tarde empecé a trabajar las radios Philips que dejaban una punta de pesos sin ensuciarse uno las manos. Pero lo curioso es que allá no me mortificaba tener un pueblo y hasta deseaba que cualquiera me preguntase algo para decirle: «Allá, en mi pueblo, el cerdo lo matan así, o asao». O bien: «Allá, en mi pueblo, los hombres visten traje de pana rayada y las mujeres sayas negras, largas hasta los pies». O bien: «Allá, en mi pueblo, la tierra y el agua son tan calcáreas que los pollos se asfixian dentro del huevo sin llegar a romper el cascarón». O bien: «Allá, en mi pueblo, si el enjambre se larga, basta arrimarle una escriña agujereada con una rama de carrasco para reintegrarle a la colmena». Y empecé a darme cuenta, entonces, de que ser de pueblo era un don de Dios y que ser de ciudad era un poco como ser inclusero y que los tesos y el nido de la cigüeña y los chopos y el riachuelo y el soto eran siempre los mismos, mientras las pilas de ladrillo y los bloques de cemento y las montañas de piedra de la ciudad cambiaban cada día y con los años no restaba allí un solo testigo del nacimiento de uno, porque mientras el pueblo permanecía, la ciudad se desintegraba por aquello del progreso y las perspectivas de futuro. Viejas historias de Castilla La Vieja. Miguel Delibes. más o menos. |
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Desiderata
Anda placidamente entre el ruido y la prisa, y recuerda la paz que puede haber en el silencio. Tanto como sea posible, sin rendirte, cultiva la armonía con todos los seres. Habla de tu verdad tranquilo y claramente; y escucha a los demás, aun al torpe y al ignorante porque ellos también tienen su historia. Evita a las personas agresivas y escandalosas ellas son una molestia para el espíritu. No te compares con otros, si lo haces te convertirás en un vanidoso o en un amargado, porque siempre existirá alguien mejor y alguien peor que tu. Disfruta de tus éxitos así como de tus planes. Mantente interesado en tu carrera, aunque sea humilde tu carrera es una posesión real en estos tiempos cambiantes. Se cauteloso en los negocios porque el mundo está lleno de trampas, pero no dejes que esto te ciegue a la virtud que existe, porque hay personas que luchan por altos ideales y en todas partes la vida esta llena de heroísmo. Sé tu mismo. Especialmente no finjas afecto. Tampoco seas cínico sobre el amor, porque entre los rostros de la aridez y el desencanto el amor es perenne como la hierba. Toma agradablemente el consejo de los años, renunciando sin amarguras a las cosas de la juventud. Cultiva fuerza de espíritu para protegerte de las desgracias repentinas pero no te angusties con pensamientos negativos porque muchos miedos nacen del cansancio y la soledad. Además de practicar una disciplina saludable, también se benévolo contigo mismo. Tú eres un hijo del universo como lo son los árboles y las estrellas; tienes el derecho de estar aquí. Y aunque a tu entendimiento este claro o no nunca dudes que el universo se desarrolla como debe. Por lo tanto mantente en paz con Dios, cualquiera que sea la forma en que lo concibas. Y cualquiera que sean tus obras y aspiraciones en la ruidosa confusión de la vida guarda paz en tu alma. Con toda su maldad, dificultad y sueños rotos el mundo es aun hermoso. Sé alegre. Esfuerzate por ser feliz. Max Ehrmann En general, ya que no existe evidencia contundente, las discusiones se hallan en torno de tres probables orígenes: Encontrado en la vieja iglesia de Saint Paul, Baltimore. Fechado en 1692. El oficial y reconocido: Escrito por Max Ehrmann en 1927 y hecho el depósito de propiedad intelectual en 1948 por su viuda. Escrito en latín en la pared de piedra de la torre de la campana de la iglesia de St. Paul. La contribución de Ehrmann fue la de traducir al inglés y publicar el material. Su esposa depositó legalmente la obra para ganar control económico sobre su distribución. Una corte que llevó el caso del copyright apeló al dominio público del poema, pero otras cortes, recientemente, han dictaminado que el copyright pertenece a los herederos de Ehrmann |
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Re: Rincón literario
fareraa, me gustò mucho tu cuento.
Saludos. :brindis: |
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El entendimiento tiene su principio, aumento, estado y declinación, como el hombre y los demás animales y plantas. Él comienza en el adolescencia, tiene su aumento en la juventud, el estado en la edad de consistencia y comienza a declinar en la vejez. Por tanto, el que quisiere saber cuándo su entendimiento tiene todas las fuerzas que puede alcanzar, sepa que es desde treinta y tres años hasta cincuenta, poco más o menos. En el cual tiempo se han de creer los graves autores si en el discurso de su vida tuvieron contrarias sentencias. Y el que quiere escrebir libros halo de hacer en esta edad, y no antes ni después, si no se quiere retractar ni mudar la sentencia. Pero las edades de los hombres no en todos tienen la mesma cuenta y razón. Porque a unos se les acaba la puericia a doce años, a otros a catorce, a otros a dieciséis y a otros a dieciocho. Estos tienen las edades muy largas, porque llega su juventud a poco menos de cuarenta años, la consistencia a sesenta, y tienen de vejez otros veinte años, con los cuales se hacen ochenta de vida, que es el término de los muy potentados. Los primeros, a quienes se les acaba la puericia a doce años, son de muy corta vida; comienzan luego a raciocinar, y nacerles la barba y dúrales muy poco el ingenio, y a treinta y cinco años comienzan a caducar, y a cuarenta y ocho se les acaba la vida. De todas las condiciones que he dicho, ninguna deja de ser muy necesaria, útil y provechosa para que el muchacho venga a saber. Pero tener buena y correspondiente naturaleza a la ciencia que quiere estudiar es lo que más hace al caso, porque, con ella, vemos que muchos hombres comenzaron a estudiar pasada la juventud, y oyeron de ruines maestros, con mal orden y en sus tierras, y en poco tiempo salieron muy grandes letrados; y si falta el ingenio, dice Hipócrates que todo lo demás son diligencias perdidas. Pero quien mejor lo encareció fue el buen Marco Cicerón, el cual, con dolor de ver a su hijo tan necio y que ninguna cosa aprovecharon los medios que para hacerle sabio buscó, dijo de esta manera: nam quid est alliud gigantum more bellare cum diis, nisi naturae repugnare? Como si dijera: «¿qué cosa hay más parecida a la batalla que los gigantes traían con los dioses que ponerse el hombre a estudiar faltándole el ingenio?». Porque de la manera que los gigantes nunca vencían a los dioses, antes eran siempre de ellos vencidos, así cualquiera estudiante que procurare vencer a su mala naturaleza quedará de ella vencido. Y, por tanto, nos aconseja el mesmo Cicerón que no forcejemos contra naturaleza, ni procuremos ser oradores si ella no lo consiente, porque trabajaremos en vano. . . . Examen de ingenios para las ciencias -Juan Huarte de San Juan- :cunao:¿ezamen pa lo cualo?:cunao: |
Re: Rincón literario
Poema Un Sueño de William Blake
Cierta vez un sueño tejió una sombra sobre mi cama que un ángel protegía: era una hormiga que se había perdido por la hierba donde yo creía que estaba. Confundida, perpleja y desesperada, oscura, cercada por tinieblas, exhausta, tropezaba entre la extendida maraña, toda desconsolada, y le escuché decir: “¡Oh, hijos míos! ¿Acaso lloran? ¿Oirán cómo suspira su padre? ¿Acaso rondan por ahí para buscarme? ¿Acaso regresan y sollozan por mí?” Compadecido, solté una lágrima; pero cerca vi una luciérnaga, que respondió: “¿Qué quejido humano convoca al guardián de la noche? Me corresponde iluminar la arboleda mientras el escarabajo hace su ronda: sigue ahora el zumbido del escarabajo; pequeña vagabunda, vuelve pronto a casa.” |
Re: Rincón literario
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Es que cuando te has ido y parece que quedara triste, queda mi espíritu alto: tú lo conseguiste ...............y huelo a ti, la sonrisa sigue viviendo en mis labios de manera que muy pocas cosas podrían apartarla, .y si se esconde, basta un trazo tuyo en mi memoria, una frase, un tono, para que vuelva con vuelo alegre y melodioso. Consigues que sea yo, que es mas importante que el instante esperado en milenios con impaciencia Pudiera ser aquella que forjara su hierro y al final, su forja, su fruto, es ella misma en materia pura Tú forjas tu hierro, yo el mío, es lo que nos une, la forja, la lucha, nuestra lucha a muerte con la vida http://2.bp.blogspot.com/_t-ZK2gjmJX...r+pensando.jpg |
Re: Rincón literario
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Es privilegio de galera, que en haciendo un poco de marea, o en andando la mar alta, o en arreciándose la tormenta, o en engolfándose la galera, se te desmaya el corazón, desvanece la cabeza, se te revuelve el estómago, se te quita la vista, comiences a dar arcadas, y a revisar lo que has comido, y aun echarte por aquel suelo, no esperes que los que te están mirando te tendrán la cabeza, sino que todos muy muertos de risa te dirán, que no es nada, sino que te prueba la mar, estando tú para espirar, y aun para desesperar. Es privilegio de galera, que si algún pasajero quisiere salir alguna vez a tierra, por ocasión de recrearse un poco, o a coger un cántaro de agua, o a buscar, o a comprar algún refresco, o a hacer con otros algún salto, ha de pedir, como Fraile, licencia al Capitán, ha de rogar al Comitre, que mande armar el esquife, ha de halagar a los proeles, que le lleven, hales de prometer algo, porque a la vuelta le aguarden ha de dar dineros, a quien le saque acuestas, porque no se moje: y si por malos de sus pecados, no acude presto a se embarcar, cuando tocan a recoger, haráse la galera a la vela, y quedarse ha él en tierra colgado del algalla. Es privilegio de galera, que todo pasajero, que quisiere purgar el vientre, y hacer algo de su persona, esle forzoso de ir a las letrinas de proa, y arrimarse a una ballestera: y lo que sin vergüenza no se puede decir, ni mucho menos hacer, tan públicamente le han de ver todos asentado en la necesaria, como le vieron comer a la mesa. Es privilegio de galera, que nadie ose pedir allí para beber taza de plata, o vidrio de Venecia, ni bernegal de Cadahalso, ni jarra de Barcelona, ni porcelana de Portugal, ni nuez de India, ni corcho de alcornoque. Y en caso que el pasajero no metió en la galera taza, ni jarra para beber, dispensará con él el Capitán, que en la escudilla de palo que come el remero la cocina, le den a él a beber un poco de agua. Es privilegio de galera, que ni el Capitán ni el Comitre, ni el Patrón, ni el Piloto, ni el remero, ni pasajero, puedan tener, ni guardar, ni esconder alguna mujer suya, ni alguna casada, ni soltera, sino que la tal, de todos los de la galera ha de ser vista, y conocida, y aun de más de dos servida: y como las que allí se atreven ir son más amigas de caridad, que de castidad, a las veces acontece, que habiéndola traído algún mezquino a su costa, ella hace placer a muchos de la galera. Es privilegio de galera, que libremente pueden andar en ella Frailes de la Orden de San Benito, San Basilio, San Agustín, San Francisco, Santo Domingo, San Jerónimo, Carmelitas, Trinitarios, y Mercenarios. Y porque los tales Religiosos puedan andar por toda la galera, dicen los Comitres, que ellos han sacado una Bula, para que no traigan hábitos, ni cogullas, ni coronas, ni cintas, ni escapularios, y que en lugar de los Breviarios les pongan en las manos unos remos, con que aprendan a remar, y olviden el rezar. Es privilegio de galera, que los ordinarios vecinos, y cofrades de ella, sean testimonieros, falsarios, fementidos, corsarios, ladrones, traidores, azotados, acuchilladizos, salteadores, adúlteros, homicianos, y blasfemos: por manera, que al que preguntare, qué cosa es galera, le podremos responder, que es una cárcel de traviesos, y un verdugo de pasajeros. .. .. .. Arte del Marear y de los inventores de ella: con muchos avisos para los que navegan en ellas. - Antonio de Guevara - se veia venir, de aquellos polvos estos lodos :p |
Re: Rincón literario
LA LUNA
La luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas. Es buena como hipnótico y sedante y también alivia a los que se han intoxicado de filosofía. Un pedazo de luna en el bolsillo es mejor amuleto que la pata de conejo: sirve para encontrar a quien se ama, para ser rico sin que lo sepa nadie y para alejar a los médicos y las clínicas. Se puede dar de postre a los niños cuando no se han dormido, y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos ayudan a bien morir. Pon una hoja tierna de la luna debajo de tu almohada y mirarás lo que quieras ver. Lleva siempre un frasquito del aire de la luna para cuando te ahogues, y dale la llave de la luna a los presos y a los desencantados. Para los condenados a muerte y para los condenados a vida no hay mejor estimulante que la luna en dosis precisas y controladas. Jaime Sabines. iba a tomarme mi dosis pero . . . no está, me dice el zaragozano que todavía no ha salido, ah bueno. buenas lunas . . . digo noches. |
Re: Rincón literario
Pondrè uno de los versos del Tao Te King, es el tipo de literatura que màs me atrae.
2. Cualidades Cuando se reconoce la Belleza en el Mundo Se aprende lo que es la Fealdad; Cuando se reconoce la Bondad en el Mundo Se aprende lo que es la Maldad. De este modo: Vida y muerte son abstracciones del crecimiento; Dificultad y facilidad son abstracciones del progreso; Cerca y lejos son abstracciones de la posición; Fuerza y debilidad son abstracciones del control; Música y habla son abstracciones de la armonía; Antes y después son abstracciones de la secuencia. El sabio controla sin autoridad, Y enseña sin palabras; Él deja que todas las cosas asciendan y caigan, Nutre, pero no interfiere, Dá sin pedirle, Y está satisfecho |
Re: Rincón literario
...La Conquista de la Inocencia....el maravilloso Jesús Lizano....
...y es que, como dijo el otro (Leopoldo Mª Panero)...en la infancia vivimos y después sobrevivimos.... :brindis: |
Re: Rincón literario
Cita:
Gracias, Slocum. :brindis: |
Re: Rincón literario
mmmm . . . pelillos a la mar. buenas noches crimilda, celebro tu regreso.
. . . -Ya he dicho que no me ha probado nadie todavía que esas que llama Vd. ilusiones buenas, nacidas de la fe, de un alto sentimiento religioso o de una bien ordenada y discreta fantasía poética, sean tales ilusiones en lo esencial. Quedan, pues, ilusiones malas, o dígase verdaderas ilusiones. Contra éstas combato, y afirmo que no las he tenido nunca, y que si las hubiese tenido alguna vez, no me quejaría de perderlas. -Ponga Vd. -dijo Serafinito- algunos ejemplos de esas ilusiones. -Nada más fácil -contestó D. Juan-. Hay una señorita en Madrid, elegante, algo coqueta, no muy rica, y que ha llegado a cumplir veinticinco años, sin casarse. Las ilusiones de esta señorita consistían en coger un marido rico, titulado si fuese posible, sufrido de condición, poco gastador, a fin de que ella lo pudiese gastar todo o casi todo, etc., etc. Como estas ilusiones no se han realizado, la señorita exclama a cada momento que ya no hay amor en el mundo, que pasaron los tiempos de Isabel y Marcilla y de Julieta y Romeo, que vivimos en un siglo de prosa y que ha perdido las ilusiones. Hay una dama casada con un funcionario público, cariñoso, afable, buen papá, marido tierno y enamorado; pero da la maldita casualidad de que uno de sus compañeros, quizás con menos sueldo y quizás con más intermedios de cesantía, se arregla de suerte que tiene para butacas en los teatros y para más moños y trajes, y tal vez hasta para palco en la Ópera o para ir a Biarritz a veranear, mientras que él, trabaja que trabaja siempre, y sin salir de apuros y ahogos. La dama que, en vista del ejemplo, se había forjado sus ilusiones, conoce al cabo que es imposible hacer carrera con su marido, y las pierde. Desde entonces se lamenta a cada instante de que no ha realizado su ideal, de que los maridos son monstruos o zotes, de que la poesía del hogar doméstico no es dable en esta edad infecta en que vivimos, y de que ya no volverán a la vida Baucis y Filemón. Entra a servir en cualquiera casa una cocinera. El ama toma la cuenta todos los días, y procura, informándose de los precios, que la cocinera sise lo menos posible. La cocinera pierde entonces sus ilusiones; dice que la hidalguía, el desprendimiento, la magnanimidad de los señores bien nacidos pasaron para siempre, y que ahora vivimos en un siglo metalizado, ruin, plebeyo y cicatero. Va a Madrid un joven bien plantado, chistoso, ameno, que se viste con el mejor sastre y se pasea en la Castellana. No se enamoran de él las duquesas ni las marquesas, las ricas herederas le dan calabazas, y sólo se le muestra propicia, si acaso, la hija del ama de la casa de huéspedes donde vive. Este joven pierde también sus ilusiones, y decide que las mujeres del día no tienen más que vanidad y soberbia y carecen de corazón. Pierden, por último, las ilusiones, el coplero insufrible que presume de poeta y no halla quien lea sus versos; el periodista ambicioso que no llega a ministro; el autor dramático que es silbado; el médico que no tiene enfermos; el abogado que no tiene pleitos; el hipócrita a quien no creen sus embustes, y hasta el que juega a la lotería y no saca el premio gordo. Para todos éstos la corrupción de nuestro siglo es espantosa, la falta de ideal evidentísima, la carencia de religión horrible; y un destino ciego y perseguidor de la virtud gobierna y dispone los acontecimientos humanos. -Infiérese de cuanto Vd. alega, que sólo los tunantes, torpes o desdichados, tienen ilusiones y las pierden. -Son los que más ilusiones tienen y las pierden -prosiguió D. Juan contestando a mi interrupción-. No niego, sin embargo, que hay multitud de personas honradas que se forjan ilusiones y que se lamentan luego de haberlas perdido; pero, si no implica falta de honradez el tener cierta clase de ilusiones y el lamentar su pérdida, implica al menos falta de juicio y poca entereza de carácter. -Aclare Vd. eso también con ejemplos -dijo Serafinito. -Voy a aclararlo. Hay una señora pobre y muy virtuosa y honesta, que sabe resistir a toda seducción, y que sufre con su marido molestias y privaciones sin cuento; pero pasan los años, no la saludan con más respeto a causa de su honestidad, porque la fama no ha de ir publicándola a son de clarín, y nadie le da joyas, ni palco, ni coche, porque eclipse a Lucrecia; de manera que sigue tan desvalida y poco considerada como antes. Aquí encaja entonces el que la buena señora empiece a rabiar, a lamentarse de que ha perdido las ilusiones, y a decir que la sociedad es un lupanar inmundo, donde sólo las malas mujeres consiguen ir en landó y vestir sedas y encajes, y adornarse con diamantes y perlas. Las ilusiones de esta señora habían consistido en creer que la virtud podría y debería traer satisfacciones de amor propio y ventajas y regalos materiales, como si la virtud, con tan vil precio, fuese verdadera virtud, y proporcionando su ejercicio lo que la señora quería, no viniese a ser prenda de los más bribones. Este segundo modo de ilusionarse es una terrible enfermedad que se apodera a veces de generosos y nobles espíritus, aunque falsos y extraviados. Consiste en rebajar las más nobles prendas y excelencias de nuestro ser buscándoles una finalidad vulgar, queriendo convertir en útil lo bello o lo sublime. La virtud, el genio, la ciencia, la poesía, podrán ser útiles en ocasiones al individuo que las posee; pero no es su fin principal la utilidad. Es más: el que se propone sacarla de su virtud, de su ciencia o de su poesía, deja al punto de ser sabio, virtuoso o poeta. Para fines bajos importa emplear bajos medios: los medios elevados conducen sólo a fines que lo son también. . . . Las ilusiones del doctor Faustino - Juan Valera a lo mejó :nosabo: . . . :sip: |
Re: Rincón literario
Otro verso de Lao Tse
8. Intimidad El mejor de los hombres es semejante al agua, La cual beneficia a todas las cosas, sin ser contenida por ninguna, Fluye por lugares que otros desdeñan, Donde se acerca más deprisa al Tao. Así, el sabio: Donde mora, se acerca más deprisa a la tierra, En el gobierno, se acerca más deprisa al orden, Hablando, se acerca más deprisa a la verdad, Haciendo tratos, se acerca más deprisa a los hombres, Actuando, se acerca más deprisa a la oportunidad, En el trabajo, se acerca más deprisa a lo competente, En sentimientos, se acerca más deprisa al corazón; No lucha, y así permanece libre de culpa. |
Re: Rincón literario
Cita:
Lo que nadie parece ver en los niños es el egoismo en estado puro, sin tapujos. Ellos son ellos, sin importarles siquiera las circunstancias. :D ¡Bueno, bueno, no me pequéis mucho. :o |
Re: Rincón literario
Capítulo II
Dejando al ventero, Gumán de Alfarache se fue a Madrid y llegó hecho pícaro. Siendo aquella para mí una vida descansada, nunca me pareció bien, y menos para mis intentos. Porque, al fin, era mozo de ventero, que es peor que de ciego. Estaba en camino pasajero: no quisiera ser allí hallado y en aquel oficio, por mil vidas que perdiera. Pasaban mozuelos caminantes de mi edad y talle, más y menos, unos con dinerillos, otros pidiendo limosna. Dije: «Pues pese a tal, ¿he de ser más cobarde o para menos que todos? Pues no me pienso perder de pusilánime.» Hice corazón y buen rostro a los trabajos, con que, dejada mi venta, me fui visitando las de adelante, con alguna moneda de vellón, ganada en buena guerra y de algunos mandados que hice. Era poco y consumióse presto. Comencé a pedir por Dios. Algunos me daban a medio cuarto y los más me decían: «Perdona, hijo.» Con el medio cuarto y otros que se le arrimaban, comía según alzancaba el gaudeamus, y con el «Perdona, hijo» no remediaba letra: perecía. Dábase muy poca limosna y no era maravilla, que en general fue el año estéril y, si estaba mala la Andalucía, peor cuanto más adentro del reino de Toledo, y mucha más necesidad había de los puertos adentro. Entonces oí decir: «Líbrete Dios de la enfermedad que baja de Castilla y de hambre que sube del Andalucía». Como el pedir me valía tan poco y lo compraba tan caro, tanto me acobardé, que propuse no pedirlo por estremo en que me viese. Fuime valiendo del vestidillo que llevaba puesto. Comencélo a desencuadernar, malogrando de una en otra prenda, unas vendidas, otras enajenadas y otras por empeño hasta la vuelta. De manera que cuando llegué a Madrid, entré hecho un gentil galeote, bien a la ligera, en calzas y en camisa: eso muy sucio, roto y viejo, porque para el gasto fue todo menester. Viéndome tan despedazado, aunque procuré buscar a quien servir, acreditándome con buenas palabras, ninguno se aseguraba de mis obras malas ni quería meterme dentro de casa en su servicio, porque estaba muy asqueroso y desmantelado. Creyeron ser algún pícaro ladroncillo que los había de robar y acogerme. Viéndome perdido, comencé a tratar el oficio de la florida picardía. La vergüenza que tuve de volverme perdíla por los caminos, que como vine a pie y pesaba tanto, no pude traerla o quizá me la llevaron en la capilla de la capa. Y así debió de ser, pues desde entonces tuve unos bostezos y calosfríos que pronosticaron mi enfermedad. Maldita sea la vergüenza que me quedó ni ya tenía, porque me comencé a desenfadar y lo que tuve de vergonzoso lo hice desenvoltura, que nunca pudieron ser amigos la hambre y la vergüenza. Vi que lo pasado fue cortedad y tenerla entonces fuera necedad, y erraba como mozo; mas yo la sacudí del dedo cual si fuera víbora que me hubiera picado. . . . El Guzmán de Alfarache. Mateo Alemán. vaya que sí . . . es que las cornás que da el hambre . . . |
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