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Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
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Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
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Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
Lo que quiero decir es que yo también pensé en la monja cuando leí lo del ambiguo personaje.
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Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
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¡Uff! hay muchas más. En esa época la diferencia entre ser hombre o mujer era abismal. Una mujer no representaba nada en la sociedad porque su rango social era despreciable. En términos generales el cuerpo del hombre era la perfección y el cuerpo femenino una anormalidad como aquello que es siempre inferior. (¡quietos, quietos! , que no lo digo yo , sino unos serios societólogos historiadores de la época como Laqueur). Los médicos de la época creían y divulgaban que la esperma correcta creaba un varón correcto,pero si durante la concepción se recibía un esperma más débil, el bebe nacería mujer y por lo tanto inferior. En vista de como estaba el panorama mujeres con posibilidades e inteligentes se escaparon haciéndose pasar por hombres para huir a su de su destino que sólamente tenía dos posibilidades : o el matrimonio convenido o el convento. A parte de Erauso, están las duquesa de Chevreuse, Juana Inés de la Cruz,Mariana Aleaforada,Elena de Céspedes que fué "la primera mujer" titulada en la historia de la medicina... y en fín muchas más. Lo que quiero decir que este personaje lo he creado ( con la posibilidad de que fuera una mujer transvestido en hombre) porque en esa época podía existir . En la propia creación literaria de la época se dan muestras de ello. Pero a lo que vamos. ¿él o ella? Saludos:brindis:Andrés |
Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
Eso tienes que decidirlo tú. Si te lo imponemos no tendrá la misma gracia.
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Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
pues ahora, si viene a ser que es un muchachito, ni gracia tiene la cosa!! tendrá que ser una audaz dama con alguna jugosa historia que la haya llevado hasta ahí!!!
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Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
:nosabo: Será Mateo o Matea ,pero ahora, lo unico que importa es que la sonda marca 3.
:gracias:Gracias Anboro |
Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
De todos y todas es sabido que el patrón de los enamorados es "San José de Arrimatematea", así que en esta historia de barcos y barcas, no está de más que haya alguna historia de amor, aunque termine con un "nobody is perfect".
Bueno, este intermedio es para ir a comprar palomitas, o para los retrasados en la lectura de este hilo como yo, para aliviar aguas menores. :brindis::brindis::brindis: |
Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
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:cunao::cunao::cunao::cunao::cunao: :cid5::cid5: :sip::sip: ¡¡ Ha sido muy bueno!! |
Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
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And the winner iiiiis: ............ "ella" :cool: |
Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
¡Til-ling... til-ling... til-ling...!
¡Tercer cuarto de guardia, rumbo lueste cuarta al norte, sonda tres, fondo de arena...!!! |
Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
el, ella, o un jovencito homosexual, travestido o lo que queraís, pero como vamos a seguir los demas si los tenemos de corbata con las posibilidades que tenemos de dar con las cuadernas en el fondo, a y parece que no, que no son de arena............ habia por hay bastantes corales, han dicho, no?
Jbcoke. |
Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
Vale Matea, pero ¿Que pasa con el fondo de corales? ¿Encallamos? ¿no encallamos?.... esto se esta poniendo peor que REC .... ya tuvimos bastante disgusto con el tiburon.... Ay Dios...que sinvivir:brindis::brindis:
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Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
:brindis: saludos para todos.
Las velas ,lacias, pegaban de vez en cuando socolladas al chocar contra los aparejos debido a los entrepadas generadas por el oleaje de la corriente El escaso viento también nos empujaba contra los bajíos que amenazantes florecían desordenadamente a cien metros. - ¡Marca dos tres cuartos! - ¡Por los clavos de Cristo, volea el escandallo y despídelo lo más que puedas! - ¡Preparados para calar! ¡Fierros fuera! Dos anclas, la de ayuste y la de formaleza, una por babor y otra por estribor, de las cuatro que el barco llevaba aparejadas y trincadas en la parte exterior de las amuras, se hundieron con un chapaleo en el agua. - ¡Fondo! Gritaron de inmediato ¡Gobierno a la vía! Bramó el piloto. ¡Alonso, ve a la cámara y tráeme el anteojo! Corrí a la cámara y tuve que pararme para acostumbrar mis ojos a la oscuridad. En la mesa había extendido una carta de marear pisada en los extremos con cuatro ponderales de bronce fundido. Me quedé en suspenso con los ojos fijos en ella. Tenía dibujada una extensa tela de araña construida con lo que parecían rumbos o vientos pintados de diferentes colores. También tenía en un extremo la rosa de los vientos, iluminada de muchos pigmentos, de la partían treinta y dos clases de vientos que también se extendían por la carta. En su norte estaba dibujada una flor de lis. La configuración de las costas estaba reflejada con mucho detalle con una fila de nombres que iban bautizando los puertos y sus detalles orográficos, sin embargo el interior de las tierras estaba vacío de ellos aunque sí decorado con una multitud de banderas, extraños animales y querubines soplando. Me acerqué aún más y pude leer debajo de uno de ellos el nombre del autor: "Jorge Reinel me fez". No encontraba el anteojo, nervioso revisé en la estantería entre los libros de la "Suma de Geografía "de Martín Fernández de Enciso, el "Tratado de la Esfera y el Arte de Navegar" de Francisco Falero, y el libro del que Pablo me hablaba con veneración de Pedro de Medina el que se llamaba "Nuevo Arte de Navegar" ¡Mi Maestre, que no lo encuentro! ¡Mira en la gaveta de la mesa! ¡Marca dos y media!, cantó el grumete el braceaje, esta vez con voz enronquecida que denotaba su preocupación. Y allí estaba; en ese amplio cajón entre muchos cachivaches y papeles. Me fijé en uno de ellos con el sello de la marca real, una especie de pasavante a nombre del eclesiástico inquisidor Tello de Sandoval… se tratará de el pasajero de otro viaje, pensé para mis adentros y ese instante una sonoridad se elevó del sollado indicando que el barco había tocado fondo; el barco inició una suave sacudida que inmediatamente y al igual que el sonido, cesó. Salí con el cilindro en la mano y al dárselo al capitán se escuchó desde proa – "¡Ya no garrea!" ¡Zopencos! ¡Por los clavos de…! le escuche murmurar suavemente, imitando al contramaestre. ¡Llamita! , al sollado y comprueba daños. ¡Las bombas que no paren! Veíamos que el resto de los barcos de la Flota iban pasando y se perdían por el horizonte que lentamente se iba apagando. El sol se pondría dentro de dos horas. Me agarre a la batayola y miré al cielo que estaba cubierto de franjas de nubes rosáceas, de color parecido a algunos de los corales que antes habíamos visto. Calma,temporal,cielo limpio o nuboso, sol apagado o brillante; el tiempo cambiaba como las páginas de un libro. ¡No hay daño, señor! , decía Mateo que asomó la cabeza por el tambucho de la escala de popa, debe haber enbicado suavemente en una barra arena. Creo que hemos trabucado de la mejor manera posible. ¡Menos mal! Suspiró Pablo. Ahora paciencia; la marea comenzará a subir en dos horas, justo cuando se oculte el sol. - He visto tu libro famoso en la cámara; el de Pedro de Molina - Una obra de arte - Como lo es también la carta de marear que el patrón tiene en la mesa que creo que es de Reinel. - ¿Padre o hijo? - ¿Cómo? Hay dos Reinel,Pedro y Jorge. Este último ha seguido los pasos de su padre que fué en su tiempo el mejor cartógrafo. El "Atlas Miller" sí que es una maravilla. He tenido la suerte de haber visto en Sevilla una copia, que dicen que palidece ante el original, y que es un prodigio tanto geográfico como artístico. - ¿Y es de estas tierras? - No. Es un mapamundi decorado por el pintor Antonio de Holanda. - Pero ¿Quién lo hizo? Padre e hijo y el cartógrafo Lopo Homen; parece mentira que esta extraordinaria obra la hiciesen entre tres países un cartógrafo negro, un hidalgo y su hijo y un pintor flamenco… la mandó hacer el rey Don Manuel para regalárselo a la novia de su hijo, el futuro Juan III. Ella era Leonor, la hermana del emperador Carlos V. Al final se casó con ella y le robó la novia a su hijo… Ya teníamos a la Almiranta a nuestro través y el galeón artillado que la acompañaba templo las velas hasta ponerse a la corda pero gran distancia nuestra por que no podíamos comunicarnos. Más tarde se quedó al reparo dando bordadas cortas con el paño reducido y el viento por el través para tener el barco bajo control para que no derivase al bajío y se fue acercando lentamente. El capitán desde la toldilla les anunció: - Estamos embicados, pero sin problemas porque el despalmador es de arena suelta. La marea nos sacará sin problemas. Al cabo de un rato se escuchó la respuesta: no tenemos más remedio que esperaros a la salida de la canal ya que el surgidero es peligroso. Dio vela, desapareció y allí quedamos anestesiados por el incesante golpeteo del oleaje al romper sobre el casco. Ya era de noche cerrada, y sin sueño, estaba charlando con Pablo y Mateo en nuestro lugar favorito. Se acercó Don Francisco, el mustio personaje que había conocido a bordo de la almadía que nos trajo a bordo en La Habana. - ¿Hay algún peligro? Me preguntó con altanería tocándome en el hombro desdeñosamente. - ¿Que? ¿Tenéis algún remordimiento inconfesable? Le contesté desabridamente. - Tened cuidado como me habláis condenado deslenguado. No sabéis con quien estáis hablando. - ¿Y qué? Yo he dicho nada inconveniente. - Depende. Si se lo decís a un miembro del Santo Oficio de la Inquisición se pueden considerar tus palabras de heréticas. Por menos de eso los he visto presos en el Castillo de Triana, dijo mirándome con ojos incendiados y señalando mi frente con su mano derecha donde lucía un anillo con la famosa cruz verde. Mateo a mi lado tenía el rostro descompuesto, fue como si un oscuro rayo le hubiera fulminado de improviso, agachó la cabeza como si comprendiera que sus ojos delatarían la terrible conflagración que había estallado en su interior, me agarró del brazo y tiró de mí tan fuertemente que prácticamente me arrastró hacia la escala de popa para bajar furiosamente a la primera andana. Parecía mentira que ese cuerpo tan menudo tuviera tanta fuerza. - ¿La Santa Inquisición? Me preguntó en con los ojos tan aterrorizados que brillaban en la tenebrosidad - Debe ser el tal Tello de Sandoval que he visto en los papeles del capitán y que vuelve de Tierra Firme como veedor a fin de implantar el Santo Oficio en las Indias. Por eso tiene tantos papeles y documentos. Deben de ser los informes. - ¿Tello de Sandoval? ¡Dios me ampare! Y tiritando se acurrucó entre mis brazos como un perrillo faldero. Yo sentía su cuerpo estremecerse contra mi pecho… De repente se separó, cogió mis brazos con sus dos manos y me dijo: debo decirte algo importante… Asombrado comprobé que con esta súbita provocación de este ,para mí incomprensible fuerte sentimiento, su voz se iba atiplando como si escapara de su armonía interior… pero me debes jurar antes que…se interrumpió otra vez por su adquirido titubeo orgánico … y comenzó de nuevo con su encendido rostro medio ahogado por la emoción… nunca antes he revelado mi… - ¡El viento aumenta y rola! Se escuchó de cubierta. Mateo quedó en suspenso y el momento se cortó como si una pesada cortina nos hubiese separado. - ¡Gente a las brazas¡ ¡Norleste cuarta al norte estable! Yo repetía interiormente lo que Pablo me había enseñado : tercer rumbo y viento del primer cuadrante intermedio entre norleste y nornorleste en y el Mediterráneo griego cuarta á tramontana… - ¡Llamita! ¡Nos sirve para salir del varadero! Aparté sus manos y le di un abrazo, pero algo extraño sentí cuando nuestros cuerpos se tocaron, algo desconocido y diferente había en este abrazo de amigo. Pero no hay tiempo para detenerse. Había que bracear y precipitadamente nos movimos escala arriba buscando la cubierta. El viento aumentaba por instantes, los hombres corrieron rápidamente a sus puestos. El conteo se inició como un canto fúnebre en el final de la noche. ¡Marca dos y media! Las velas estaban ya embolsadas, las anclas a bordo y el barco daba pequeños tirones al compás de las olas luchando por salir del encalladero. Casi caí cuando el galeón escoró y tembló aún más con un gran estrépito de cabuyería y velas. A veces ruido era atronador cuando las velas flameaban alocadamente; entonces las vergas se inclinaban ante la disputa entre las brazas y las ruidosas lonas. Una ola levantó la proa, el barco escoró de nuevo intensamente y se produjo un momento de confusión. Los hombres cayeron entre maldiciones y tropezones. Las velas flamearon y luego se tensaron al viento. Sentí que el casco se estabilizaba, miré hacia la arboladura, el palo mayor parecía inclinarse hacia delante como las palmeras de mi Niebla cuando las azota el foreño y con un estremecimiento final .el Ntra. Sra. de las Angustias se liberó del banco de arena. ¡Libre! Un coro de vivas y aclamaciones surgió del barco como su suspiro de alivio. - ¡Marca tres! Con mi cabeza, todavía desasosegada por incomprensibles sentimientos, me acerque a Pablo y para huir de mi confusión, le pregunté banalmente: - El maestre ya se ha ido a su cámara después de mirar el cielo con el astrolabio ¿Qué hace ahora? - Habrá calculado la altura de un astro sobre el horizonte y ahora con unas tablas calcula nuestra posición y también consulta los datos con el régimen de vientos, corrientes, rumbo y distancia a cabos o puntos reconocibles en el derrotero… - Pues vaya derrotero que nos ha enviado a envicar en un bajo… - No critiques, pues el arte de marear no es tan fácil como consultar un mapa de caminos… además quien hizo el derrotero fué tu paisano Andrés de Morales. Además ya te he dicho que sin el título que da la Escuela de Navegación de la Casa de Indias no se puede ser piloto ni maestre. Hay que aplicarse en las enseñanzas del arte de marear y cosmografía durante un año para obtener la licencia firmada por el Piloto Mayor. - Pero por los libros se puede conocer… - No, por los libros se puede conocer lo que ellos quieran. Todas las naves que parten hacia las Indiasdeben llevar un diario de bitácora con los acaecimientos día por día y que junto con las cartas de marear obligatoriamente deben presentar a su regreso. La Casa de Contratación los evalúa y corrigen la cartografía incesantemente. Ellos son los únicos que la tienen y la divulgan en la Escuela junto con otras enseñanzas como el manejo o error de los instrumentos náuticos. Y en los libros, para preservar el monopolio de España con las Indias, sólo autorizan a divulgar algunos datos, incluso a veces erróneos. Así que el mundo está ajeno a los trabajos de navegantes, cosmógrafos y de nuestra realidad naval. Por eso en este terreno las apariencias engañan. Ya sólo faltaba un recodo para terminar el canal de las Bahamas. Habíamos avanzado en franquía, sobreventeando ayudados por una luna en cuarto creciente intermitentemente ocultada por las nubes. Un delgado rayo de luna habría trazado un vago dibujo en el agua; era un extraño dibujo que se movía de tierra al centro del canal. ¡Por los clavos de Cristo, si es un barco!, rezongó el contramaestre. Parece un pequeño jabeque de cabotaje. - Alcánzame el anteojo. La nube pasó y la luna le dió de lleno. No, no era un pequeño falucho y viéndolo a plena luz de luna resultaba evidente que había sido muy bien estudiada su apariencia puesto que se trataba de un navío casi sin obra muerta y con el casco pintado de azul o negro, lo que dificultaba la labor de calcular su tamaño con el mar apenas agitado. Sus velas latinas precisaban sólo la mitad de longitud de sus tres mástiles lo que a distancia y con tan poco velamen se presuponía escaso de potencial de ataque y sus velas… ¡Velas embreadas! ¡Piratas! En ese instante el jabeque alzó las capuchas de sus linternas y un vívido resplandor iluminó su costado. Un cañón había disparado. La bibliografía está reseñada en capítulos anteriores. |
Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
¡ZAFARRANCHO!
:cid5::cid5::cid5: (SE ME HAN ACABADO LAS PALOMITAS... ¿ALGUIEN TIENE...? :D) |
Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
Rookie,
Si gustas, he preparado un auténtico saco de palomitas y chuches... vaya relato, se pone cada vez mejor!!! :cid5::cid5::cid5: :brindis::brindis::brindis: salud!!!!!! |
Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
:cid5::cid5::cid5::cid5::cid5:
:pirata::pirata::pirata::pirata::pirata: |
Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
Yo, a lo mío.
http://1.bp.blogspot.com/_X4AsmJhBcV...400/img204.jpg El mapa de Brasil según Pedro y y Lopo Homen, de 1519. |
Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
Maese Amboro ,
que no he podido abrir la bitácora hasta noche avanzada y no se aguanta hasta la madrugada!!! que tenemos dama eso es seguro; pero de sobrevivir al tiburón, y los distintos bancos, ahora piratas, no se gana para sustos!!! Tabernero, por favor, ronda de algo fuerte para todosss :brindis: |
Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
Una rondita :brindis: ante todo.
Gracias en primer lugar a maese anboro por su relato, ya lo he releído tres veces no será la última. Y gracias, también, a todos los cofrades que aportan su granito. Y ahora piratas!..., estaré atento a la singladura. :cid5::cid5::cid5::cid5: |
Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
:nosabo: mas emoción no ha de haber, o si ? Maese Amboro, ufff, con tanto ajetreo y tras lo de tocar los bajos, se ha descompuesto un poco el cuerpo, voy, voy, un momento a los jardines............
:eek: PA CAGARSE..........DE BUENO. Jbcoke. |
Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
:adoracion::adoracion::adoracion:Esto pinta genial, me encanta que toques el tema de los cartografos, en su epoca, el lio que se traian con ellos era tan serio o mas, que las tramas de espionaje industrial actual. Quien tenia los mapas mas correctos, tenia el poder.
¿has pensado en publicar esto? es un relato magnifico. :brindis::brindis::brindis: |
Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
pOZO DE SABIDURIA:brindis:
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Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
:brindis::brindis: para todos
¡Vamos a ver como salimos de esta! ¡Ahí va!:pirata::pirata: Se pudo ver, entre penumbras, que una columna de agua se elevaba gran distancia de la popa seguido de un estampido sordo, como si estuviesen golpeando con un mazo un árbol distante. - ¡Apagad los fanales! ¡Cubrid las linternas! -¡Todos a cubierta! El capitán , entre los dos apóstoles situados ante el bonaventura , con las manos apoyadas en el pasamanos de la toldilla alzó su voz : - "El pirata está lejos. Este disparo y los que sigan son para amedrentarnos. A la distancia que ha caído el proyectil deben de estar por lo menos a más de cinco millas. Su alcance de combate estaría en menos un cuarto de milla si sus cañones y servidores son muy buenos. Tienen que andar mucho para alcanzarnos en la canal. Esta es la realidad; porque nos favorece el viento y la corriente. Si han atacado es porque ven posibilidades luego debemos sacarle al barco todo su jugo, nos va la vida en ello. Por otra parte ellos no saben que a la salida nos espera el galeón artillado; ni que yo tengo la mejor tripulación que un galeon de indias puede tener y que ,por supuesto, Dios y la Santísima Madre están con nosotros." Contramaestre suba por favor el armamento. - ¡Atención! Brigada de Santiago a por los cañones. Lucas,Alonso,Pedro y Llamita , conmigo por el resto de pertrechos. - ¡Tripulación a sus puestos! ¡zafarrancho! Los marineros,galvanizados por las palabras de su capitán,salieron disparados, unos subiendo por los obenques, para después desplegarse por las vergas buscando su lugar de trabajo ; otros a pié de los palos, del cabrestante de maniobra, de las maniguetas y de los bitones de escota y otros últimos a desmantelar los paramentos inútiles. Sobre cubierta ya teníamos dispuesto todo el armamento que llevábamos: Una culebrina, de 24 libras - la única pieza que era de bronce, porque el resto eran de hierro colado - ; 1 verso que era media culebrina; 1 sacre que era un cuarto de culebrina y cinco falconetes que eran 1/8 de culebrina con sus correspondientes cureñas y cabalgaduras . Un poco más allá estaba la munición constituida con 20 pelotas de piedra y otras 20 de hierro por cada pieza;una caja con cornetes para cebar, mecha y otros utensilios,además de los barriles con 5 quintales de pólvora. De pié, apoyados entre sí, estaban ocho arcabuces,cuatro de culata y otros cuatro de gancho, con sus pelotas de plomo y moldes; varias granadas de palo huecas con arpón; aferradores con sus cabos; puñales y espadas, ballestas con sus dardos; paveses para los costados y las gavias; alacranes... todo el listado que el mayordomo de la artillería nos había colocado a bordo en Sevilla, antes de emprender la travesía y que debíamos devolver en cuanto arribáramos. - Vamos a disparar la culebrina, para que vean que no lo van a tener fácil Mateo desmontó las tapas de las troneras habilitadas en las batayolas de babor y estribor. Estas portas ciegas estaban preparadas, tres en cada banda, diseñadas con sus brazolas correspondientes. Junto a la pólvora y municiones, un cañón necesitaba de diversos enseres para su funcionamiento que venían en un arcón precintado por el mayordomo sevillano que los habilitados se apresuraron a desellar para poner la culebrina en servicio. Estos artilleros ocupaban un puesto superior al marinero corriente que, aunque su labor habitual era las propias del servicio a la navegación, llegado el momento tenían que ocuparse de la artillería. Primero quitaron de la boca del cañón el tapón de madera revestido de cebo que protegía el ánima cuando no se disparaba. El tapón de volada, le decían, que tenía en el centro esculpida una Virgen entre dos columnas con la inscripción "Ave María Gratia Plena" y rodeándola ,como si fuera una moneda ,la frase lapidaria "Considera bien y ten presente el fin ",después metieron por esa boca un taco con una esponja húmeda para eliminar posibles restos de disparos anteriores, a continuación le metieron la pólvora apretándola con el atacador que tenía unas marcas indicando la profundidad a la que debía hundirse en el ánima del cañón para un disparo correcto por el peso de la bala . Después le aplicaron un taco formado de trozos de vela vieja y luego la bala ,que se eligió de metal, ya que alcanzaba más y su aullido de vuelo más temible , y al final comprimieron todo el conjunto con estopa. Acercaron la culebrina a la batayola asomando su boca por la porta y armaron el aparejo necesario. Primero le metieron una braga como retén de retroceso, uniendo las amuras al escabel del cañón. Luego unieron la cureña con un juego de poleas a dos cáncamos con sus argollas arraigadas en cubierta, que estaba habilitados tras la pieza para ese efecto y por último aplicaron un doble juego de poleas uniendo las gualderas de la encabalgadura con la amura. Con estos sistemas de podía alejar o acercar la culebrina a la porta rápidamente. Se colocaron cuñas altas debajo de la culata para dirigir lo más lejos posible el tiro y ya sólo quedaba meter por el oído del arma una pequeña cantidad de pólvora fina y aplicar el botafuego. - ¡Cañón listo! Gritaron al unísono los servidores, uno con el cuerno de la pólvora y el otro con el botafuego y su mecha encendida. - ¡Orzar una cuarta! El oscuro barco disparó de nuevo y su bala no levantó una columna de agua sino que esta vez rebotó sobre la mar dando tres violentos saltos hasta hundirse definitivamente y que apenas se vieron con luz de la luna oculta. Sin duda estaban más cerca. - ¡Cubierta! ¡Hay otra vela más! ¡Son dos! – Gritaron desde arriba - Es verdad, dijo Pablo mirando hacia popa y engurruñando los ojos .Es una sombra más entre las sombras musitó, pero son dos. La nuez me hizo un extraño que por poco me ahoga y tosiendo me asomé a la borda donde un rebufo de viento y agua me azotó la cara; íbamos más rápidos. - ¡En viento, señor! Las velas del galeón ya estaban hinchadas con el nuevo rumbo tensando más la jarcia haciendo crujir ostensiblemente la arboladura que se quejaba así de la nueva presión del viento, pero que, rápidamente, le dio través a los acosadores. - ¡¡Fuego!! El cañón disparó con un ruido ensordecedor que taponó mis oídos y propulsado por la vívida llama que salió por su boca, saltó al menos un metro hacia atrás sobre las dos ruedas de su cureña e inundó la cubierta en un acre humo que se me metió en los ojos y empecé a llorar a lágrima viva. La respuesta llegó rápida; un lejano zumbido sordo fue acercándose cambiando de tonalidad y volumen levantando al final un piquete de agua. Pablo me miró y al verme tosiendo y con los ojos arrasados en lágrimas me dijo sonriendo: - "Ir a la guerra, navegar y casar, no se ha de aconsejar" El juego continuó hasta el alba que dejó al descubierto un mar diferente: grisáceo , revuelto por un viento aumentando cada vez más ya que escapábamos del resguardo del canal y un cielo encapotado que desprendía una suave llovizna que el aire hacía desaparecer. El macizo galeón estaba escorando marcadamente mientras navegaba amurado a babor con la mar encaramándosele hasta las portas abiertas por Mateo y escurriéndose a las de la banda de sotavento. El barco navegaba derecho a la salida del canal calando la proa con fuerza, levantándose y cayéndose ruidosamente entre rociones de agua pulverizada. Ya estábamos casi a tiro de cañón de nuestros perseguidores que estaban navegando paralelos, como perros hostigando a una presa. Sus dos proas parecían como batutas dirigiendo una desacompasada marcha guerrera, cuando de ellas brotaron cuatro destellos y dos pesadas balas rugieron por encima destrozando el aparejo haciendo un agujero en la mayor. La vela se retorció y se partió ante la fuerza del viento a través de su agujero que acertadamente había dado en las costuras. La suerte está de parte de los piratas, porque se estaban partiendo las arraigadas una a una y con un estruendo final se partió el aparejo de la boza y los amantillos con lo que la verga cayó pesadamente, como un gran árbol en cubierta destrozando los botes. Después cayeron sus jarcias y varias drizas que atronaron al caer sobre las tablas y el armamento. Saltaron un montón de astillas por el aire que silbaban en todas direcciones como flechas disparadas por un ejército fantasma y que tiñeron de sangre a la mayor parte de la dotación que servía en la cubierta principal. Al final los restos de la vela mayor los cubrieron como un fúnebre sudario. El viento nos trajo los vítores desaforados de los piratas cuando vieron el inesperado éxito de sus disparos. - ¡Hideputas! , rugió el contramaestre. - ¡Gente a las brazas del trinquete! Recoger los restos de la vela! Con cuchillo y hachas en mano iban cortando los brioles, mallas, envergues, apagapenoles, amantillos, amuras y escotas para dejar libre la vela de la verga. Estábamos a merced de ellos con los cañones principales inutilizados y sin la vela principal. Por un momento me quedé paralizado mirando que de nuevo cuatro lenguas naranjas relampagueando entre nubes de humo en sus proas ahora no tan lejanas. Las balas esta vez se deslizaron sobre la mar, dejando estelas de espuma que marcaban su camino hundiéndose a menos de veinte brazas de la popa. - En esta salva hemos tenido suerte porque ya están a un cuarto de milla más o menos, - exclamó el capitán - y dirigiéndose al contramaestre a gritos para que le entendiera entre el estruendo de las velas dijo: - Creo que son cañones del 18. Tardarán al menos media ampolleta en efectuar el siguiente disparo con los mismos cañones luego nos da tiempo a utilizar el sacre de seis libras que tenemos ya instalado en la cámara. Tras ese cabo ya habremos franqueando el canal de las Bahamas, la mar se serenará, ahí a lo mejor tendríamos alguna oportunidad… Noté una sacudida en la tablazón bajo mis pies y me aferré a la cabilla de la driza de la trinqueta para no caer. El barco se hundía en el seno de una ola clavando su tajamar en ella y en el momento de ascender un estampido sonó en popa. Entre el humo pude ver que la bala había caído muy cerca del a proa del barco de babor y al rebotar le arrancó el botalón hasta el tamborete pero sin consecuencias apreciables, porque los servidores de los cañones de proa siguieron trabajando. Ahora ya estaban apuntando. Estábamos a su merced. - ¡Ahora! - La voz del capitán cortó el aire – - ¡Virar por redondo! ¡Pinzote al mamparo! La voz del contramaestre acompañó la maniobra: - ¡Muévanse! La tripulación sorteando los elementos que todavía continuaban desparramados por cubierta, se lanzó a las brazas, el casco pareció tambalearse violentamente por el empuje, la tablazón chirrió y arriba las vergas crujieron con tanta violencia que se transmitía a toda la estructura del barco que también se quejaba protestando mientras se escoraba cuando las velas se hincharon bajo el aliento del nuevo rumbo. - ¡Guinda suelta! ¡Sujetar las empuñiduras! ¡Gavia del trinquete bracea más ¡¡Amarrar! Los piratas no dispararon, debieron pesar que era mejor batir el barco tranquila y metódicamente tras el cabo ya que era cosa hecha. Esa fue nuestra suerte porque al bordearlo vimos aparecer por nuestra amura de estribor al galeón artillado con todas sus velas desplegadas y su tajamar separando intensos filetes de agua. Contaba con el barlovento y de inmediato se echó sobre los perseguidores dejándonos resguardo entre él y el cabo. Con sus portas abiertas disparó una andanada de sus 22 cañones de la banda de babor. Las rojas llamaradas en medio del humo y fragmentos de tacos provocaron una larga detonación que nos hicieron nos temblar a pesar de que ya estábamos a más de 100 varas del artillado. Vimos con alegría que en el jabeque de estribor se había abierto un enorme agujero que traspasaba el barco. Y los piratas, espantados, corrían atropelladamente de un lado a otro como hormigas cuando le deshaces la entrada de su hormiguero. Doblamos el cabo y dejamos de ver a los barcos; tan sólo escuchábamos los lejanos disparos que sonaban como broche a la salvación de nuestras vidas, como los fuegos artificiales que lanzaban cuando ocurría un hecho importante. La Ntra., Sra. de las Angustias agarrochó sus vergas y puso en facha sus velas para descubrir realmente sus daños. ¡Maniobra de fondeo! La cubierta delantera estaba manchada de sangre que un marinero con un cubo de arena la estaba cubriendo. La caída del aparejo por lo pronto había matado a un marinero y herido seriamente a ocho aunque había muchos más heridos por los astillazos, el enemigo más temible en todo combate naval y que estaban siendo trasladados a la leñera donde el cirujano Paíno había organizado la enfermería. Perdí la sensación del tiempo , envarado al pié de la escala de la toldilla contemplando el desolador panorama , con el cerebro embotado como un barco varado tras una tempestad, sin reaccionar ante las escenas de dolor y muerte que estaban desfilando ante mis ojos, cuando sentí que me tocaban el hombro con fuerza. Era Lucas, con el brazo envuelto en una llamativa venda roja seguramente producto de un astillazo. Su cara no revelaba esta contrariedad porque reflejaba la misma vitalidad de siempre. - El señor Paíno quiere verle y se alejó cojeando entre la maraña de cabos desparramados por la cubierta. A la oscilante luz de los faroles , pude ver que se habían ordenado los zoquetes de leña de forma continua para hacer un suelo en el que estaban extendidos los jergones y donde yacían los heridos para ser atendidos. Paíno intentaba alentar, con palabras de falsa confianza a los pobres desgraciados. - Alonso, échame una mano, no puedo aplicar rápidamente los ungüentos a toda esta gente… Por otra parte Mateo no me deja que lo cure. Dice que lo tienes que hacer tú… - ¿Mateo herido? ¿Cómo está? ¿Es grave? ¿Dónde está? Las palabras salieron como una exhalación, atropelladamente de mi boca y un extraño hondo pesar se apoderó de mi alma… - No, no es nada grave. Unas pequeñas astillas se le han clavado desde el pecho hasta los piés,pero es raro que no me haya dejado verlas… dice que lo tienes que curar tú. ¡Condenado pelirrojo! Te está esperando en el pañol de cables. Crucé rápidamente el pasillo saltando sobre un pajecillo que agachado se apretaba contra el paramento llorando en silencio de puro terror. Mateo estaba echado en la oscuridad del compartimento sobre una enorme madeja de cabo de doce menas con la vista fija en el bao situado sobre su cabeza. - ¿Cómo estás? - No te preocupes, que estoy bien. ¿Quieres curar mis heridas? - Sí, por supuesto. - Pero me tienes que jurar, antes de empezar, guardar secreto de lo que veas. - ¡Que tonterías dices! A ver esas heridas… - ¡Jura! - Bueno. Juro por Dios, por la Virgen y por los Santos guardar secreto, dije sonriendo y de carretilla como cuando era un chiquillo. - ¡Lo has jurado! Empieza a curarme. Acerqué el farol y lo colgué de un gancho encima del bao que Mateo comenzó de nuevo a mirar. Extendió las piernas los brazos y me conminó: - ¡Empieza de una vez! Comencé a desabrochar primero el cinto para permitir que se relajara ya que estaba muy nervioso y respiraba agitadamente. Lo incorporé y le quité la camisa. Su pecho estaba cubierto por una venda de tela fuertemente oprimida donde estaban clavadas tres astillas de las que habían brotado un hilillo de sangre ya seca. Bibliografía Timoteo O´Scalan . - Cartilla práctica de Construcción Naval |
Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
Maese amboro, que tensión !!!!!!!!!! es sinceramente fantástico
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