La Taberna del Puerto

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-   -   Cuento para el invierno (https://foro.latabernadelpuerto.com/showthread.php?t=135174)

Tahleb 06-02-2015 16:40

Re: Cuento para el invierno
 
Aquella fue una cena de verdadera fusión cultural. George aportó sus conocimientos y gusto por la cocina cajún, la de los criollos de Nueva Orleans, y Lin nos maravilló con los sabores de su Indochina. Mi hijo nos hizo ver que aquellos platos eran, en esencia, cocina de aventureros, pues cada uno de ellos tenía influencias francesas, españolas, africanas y orientales mezcladas, ya fuera en sus condimentos o en sus nombres.

Al hilo de su reflexión, comenté que la composición genética y cultural de los allí presentes era también muy diversa: George descendía por línea paterna de franceses de Canadá establecidos en Louisiana; yo tenía un cincuenta por ciento de judío bereber por parte de madre, un veinticinco francés del Roussillon y otro veinticinco de español levantino; mi hijo arrastraba mi herencia diluida por el cincuenta por ciento de sangre aportado por su madre, que era, a su vez, una combinación de aragoneses y vascones a partes iguales. Grace y Lin eran lo más puro de la mesa, a mi entender y desde el punto de vista de los genes, aunque culturalmente eran dos verdaderos líos.

Lin intentó explicarle a Grace algunos de esos detalles del barco que se tiende a suponer que son de más interés para las mujeres. Escuchó con expresión risueña un par de cosas y, dándome unas palmaditas en la mano, le aclaró a Lin que no iba a ser la armadora consorte, puesto que ella y yo tan sólo éramos unos buenos amigos y ella nada más esperaba ser invitada a navegar de vez en cuando. Todas las explicaciones, instrucciones y particularidades había que dármelas a mí, que era un hombre muy autosuficiente. Mi hijo me envió una discreta mirada de aprobación.

El domingo salimos a hacer pruebas de mar. Grace y sus hijos se apuntaron con entusiasmo. Soplaba un sudoeste discreto con un poco de mar tendida que fue náuticamente perfecto para observar el paso de ola y el comportamiento a varios rumbos, pero que tuvo un efecto devastador sobre Grace y su hijo Allan, que fueron poniéndose serios y cambiando de color hasta alcanzar un amarillo verdoso. Rebecca, en cambio, estaba exultante. Exploró completamente el barco, descubrió entusiasmada el camarote de popa, con su cristalera que daba a la estela, y no tardó en hacerse con el timón demostrando una habilidad innata. Tan bien lo hacía que la dejé que gobernase en la entrada a puerto, aunque asesorada de cerca.

Pocos metros antes de estar entre puntas Grace y Allan llegaron al fin de su resistencia y entramos a puerto con una vomitando por estribor y el otro por babor. Se instaló un silencio piadoso en cubierta que permitió oír con claridad la vocecita de Rebecca: vaya par de mierdas (bullshitters, dijo exactamente). Al cabo de un momento se puso a llorar.

¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras, Becky?

Porque no podremos ir contigo. Un día te marcharás sin nosotros, dijo cediéndome el timón.

duendes4 06-02-2015 19:13

Re: Cuento para el invierno
 
Bullshitters, buenísimo!! :cunao:
A veces me encanta esa espontaneidad de los niños..
Es tan fácil imaginar la situación tal y como la cuentas.. :gracias:

Aleteia 07-02-2015 20:56

Re: Cuento para el invierno
 
:cid5::cid5::cid5:

Buenas tardes por aquí... buenas noches, por allá.

Es excelente su historia. Realmente lo felicito!

Me impresionó la descripción de la casa... Ese congelarse que padecen los objetos cuando alguien falta y lo que cuesta aceptar que nadie volverá por sus cosas...

Gracias por compartir.

Saludos! :capitan:

Tahleb 09-02-2015 18:33

Re: Cuento para el invierno
 
1 Archivo(s) adjunto(s)
Una vez amarrados intenté quitar importancia al mareo de los bullshitters y ensalzar las cualidades marineras de Rebecca. No me extraña, dijo Grace con voz desmayada, su abuelo llegó a contralmirante y participó en la caza del Bismark. Lo lleva en la sangre.
¿Y tú también serás un Commander algún día, Becky? Aye aye, Sir! Respondió tensando su cuerpecillo en un amago de posición de firmes. Sorprendente criatura.

De camino al aeropuerto, mi hijo, que regresaba a Londres esa noche, maniobró para sacar el tema de mi implicación con Grace y su familia. Una vez centrado el asunto fue directo a lo esencial: ¿estaba yo pensando en tener una relación estable con ella?

Francamente, no. Me gustaba mucho y me encontraba muy bien en su compañía, pero era muy consciente de que, en mi situación, recién resucitado para la vida en tierra, no estaba en condiciones de tomar una decisión tan seria. Tenía presente que tanto mi mente como mi corazón se encontraban en un momento parecido al de una convalecencia tras algún tipo de enfermedad afectiva. Y estaba la diferencia de edad: unos quince años tal vez serían demasiados dentro de un tiempo.

Pues piensa, me dijo con voz seria, que están esos dos niños por medio. Particularmente la niña parece necesitar una figura paterna desesperadamente. Y tú encajas bastante bien. Ve con cuidado. Puede que, en verdad, un día quieras irte sin ellos.

Llegué a casa sumido en mis cavilaciones. Podía hacer lo que quisiera con mi vida, el problema estaba en que no podía querer hacer algunas cosas.

Detrás de las cajas estibadas en el garaje estaba el retrato polvoriento de una jovencísima Julia. Un clavel rojo en el pelo evocaba un momento de nuestra prehistoria, una tarde en la lejana isla de Chipre. Me perdí, una vez más, en sus ojos y recordé su voz clara recitando un poema cuyo autor he olvidado:

Tres pasiones han gobernado mi vida:
el anhelo de amor,
el ansia de conocimiento
y una profunda compasión
por el sufrimiento humano.
Esas tres pasiones,
como los vientos de los grandes océanos,
me han llevado de aquí para allá
ensanchando las fronteras reales
de la desesperanza.

Adjuntos 59668

duendes4 09-02-2015 23:19

Re: Cuento para el invierno
 
No se de quien es el poema pero me ha tocado el alma! :cid5:
Otra rondita para la pausa! :brindis::brindis::brindis:

Tahleb 10-02-2015 17:21

Re: Cuento para el invierno
 
Pasé algunas semanas viviendo en el barco, haciendo algunos cambios en la maniobra de cabos, rehaciendo barnices y sustituyendo filtros, aceites y líquidos en el motor.

Mientras, un equipo de pintores y albañiles, al mando de una decoradora de Alicante, se ocuparon de borrar en lo posible las huellas del pasado de mi casa.

Me di cuenta de lo anticuado que estaba mi sentido de la estética y de los errores que hubiese cometido de no acudir a una especialista. Yo hubiese transformado la casa en otro mausoleo, esta vez dedicado a mí mismo, pero mausoleo al fin. Los dientes de cachalote y la maqueta de L’Ouragan estuvieron a punto de regresar a las cajas del garaje, bajo la mirada horrorizada de la decoradora, pero conseguí salvarlos del destierro y colocarlos en mi cuarto de mapas, un lugar en el que no permití la entrada del minimalismo feroz de aquella mujer que, en cambio, quedó encantada al ver las figuras de ébano y unas pequeñas calabazas grabadas, típicas del Perú, que hizo colocar en un mueble del vestíbulo. Los últimos recuerdos de Julia, excepto el cuadro del garaje y el piano del salón, se marcharon a bordo del camión de la basura una mañana soleada de abril.

Grace vino de vez en cuando a visitarme, para matar fantasmas según decía, pero no mostró ningún interés por ir a navegar. Salíamos a menudo a cenar fuera o a ver alguna película, como siempre, pero se había producido un ligero cambio: no volví a pasar una noche en su casa ni vi a los niños más que esporádicamente y de paso. También ella había reflexionado sobre las implicaciones y la escasez de futuro de nuestra amistad.

Según la tradición francesa, cuando acabaron las obras en casa invité a los amigos, la decoradora, los pintores y los albañiles a “pendre la crémaillère”, que viene a ser una comida de inauguración, que organicé en forma de gran barbacoa en el jardín. Probablemente la fiesta no era el mejor lugar para ello, pero el caso es que le conté a Grace que en un par de días zarparía hacia Baleares para reunirme con mi hijo y que, después, tenía pensado hacer escala en Barcelona por algún tiempo para preparar un crucero de verano por Cerdeña y Sicilia. Asintió varias veces, curvando las comisuras de la boca hacia abajo y en silencio. ¡Qué bien! Dijo por fin. ¡Dale muchos recuerdos a tu hijo!

No sé cuándo se fue de la fiesta. En todo caso, lo hizo sin despedirse.

Atlántida 11-02-2015 12:16

Re: Cuento para el invierno
 
Cita:

Originalmente publicado por Tahleb (Mensaje 1754593)
Tres pasiones han gobernado mi vida:
el anhelo de amor,
el ansia de conocimiento
y una profunda compasión
por el sufrimiento humano.
Esas tres pasiones,
como los vientos de los grandes océanos,
me han llevado de aquí para allá
ensanchando las fronteras reales
de la desesperanza.


(...) "El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacia volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro." (Bertrand Rusell)

Sigo con interés el ¿para qué? de nuestro protagonista.

:brindis:

rom 11-02-2015 14:17

Re: Cuento para el invierno
 
Vaya... me estaba perdiendo todo esto.
Y siendo tuyo Tahleb tenía que haber encontrado un momento para ello... :sorry:

Efectivamente Atlantida, ese poema es de Russell ("Para qué he vivido").
Había leido de él ensayos y libros, pero no conocía su vertiente poética.
Gracias.

Aquí os dejo el poema recitado por él mismo y subtitulado.




:brindis:

Tahleb 11-02-2015 16:52

Re: Cuento para el invierno
 
El cuerpo y la mente son un mecanismo que me sorprende. A veces, sus reacciones son ingenuas, se diría que propias de algún animalito doméstico, e inducen una cierta ternura. Llevaba ciento ochenta y cinco días en tierra, más que en ninguna otra escala de los últimos veinte años, y sin embargo mis mecanismos vitales aún respondían a los viejos estímulos como si no hubiesen pasado más que los habituales dos meses de vacaciones. Preparé un equipaje veraniego, cubrí con sábanas los muebles nuevos, cerré llaves de paso y conmutadores y, antes aún de cruzar la puerta, ya empecé a sentir aquella especie de taladro lento en el estómago que siempre me acompañó en los desplazamientos previos a los embarques.

Mientras vivió mi madre, contaba con el alivio de la ceremonia de su bendición: me ponía frente a ella, rodilla en tierra, y esperaba a que me acariciase la cara mientras recitaba una oración en el incomprensible idioma de sus ancestros que siempre acababa en un español arcaico: que Yavé me lo benedica y lo cure.

Cuando ella faltó elaboré algo así como una película mental en la que la recordaba haciendo el último de los gestos del adiós, que consistía en pasar los dedos por determinado lugar de la jamba de la puerta y tocarme luego la frente. Creo que había hecho empotrar en la madera algún tipo de amuleto, aunque nunca nos contó, ni a mi padre, que era un ateo militante, ni a mí, en qué consistía ni qué significaba. Fuera lo que fuese aún debía estar ahí, de modo que yo acercaba siempre la frente a ese lugar antes de partir para mis viajes y evocaba el espíritu cálido, tierno y protector de mi madre.

Me estaba yendo de vacaciones, pero partes de mi cuerpo y de mi inconsciente no. Ellos se iban otra vez de campaña. A la mar.

Y, siempre según lo habitual, la sensación desapareció en cuanto subí a bordo y noté bajo los pies la vibración serena del motor.

Al pasar entre puntas vi la figurita frágil de Rebecca diciéndome adiós junto a la farola roja.

Farewell Captain!

¡Hasta pronto, Becky! Le contesté en español.

Pensando en su madre me vino a los labios una canción de despedida. Ideal para aquellos que parten con vocación de horizonte.

Farewell Angelina
The sky is trembling
And I must leave.



Tahleb 13-02-2015 14:01

Re: Cuento para el invierno
 
Cita:

Originalmente publicado por Atlántida (Mensaje 1755172)
(...)

Sigo con interés el ¿para qué? de nuestro protagonista.

:brindis:

¡Qué lista eres, Atlántida!

Ayer no pude escribir y hoy tampoco podré. Espero que me disculpéis.

Podéis aprovechar para hacer comentarios y sugerencias ya que el relato está vivo. Es una de las ventajas de este formato: el lector puede influir en el autor.

:brindis:

Gambucero 13-02-2015 18:49

Re: Cuento para el invierno
 
Cita:

Originalmente publicado por Tahleb (Mensaje 1755856)
Ayer no pude escribir y hoy tampoco podré. Espero que me disculpéis.

Te va a tocar pagar ronda triple de rones... ¡que lo seppassssss!...

Pues mira, yo habría adoptado a la niña... ¡que quieres que te diga!, ni a la madre ni al otro "interfecto"... (estos dos solo pa'l secano y para desfantasmar), solo a la niña... y a enseñarle mundo, así, cada vez que volvierais tu a "desfantasmar" (que ya sabemos que "no solo de caviar vive el hombre) y la chiquilla a contar aventuras "piratas".

duendes4 14-02-2015 03:01

Re: Cuento para el invierno
 
Yo no puedo sugerir mucho, pero la historia me tiene enganchada..
Tengo cierta curiosidad por los arreglos que ha hecho en su casa, por que aunque su hijo lo comento, supongo que la idea de volver esta en su mente, pero una vez partes, y mas sin ataduras, no sabes lo que el futuro te depara y llega un momento en que piensas: Si no lo hago ahora, cuando?
Hay tantas cosas en el camino, tantos momentos a solas, tanta gente que conocer y tantos sitios para ver..
Una vez en el mar hay tantas opciones y tantos pensamientos y sentimientos..
Me gustaria ver como esos sentimientos evolucionan, y las ganas de volar, aunque solo sea a ratos, sintiendo solo el sonido del mar y las velas, el olor a salitre y el saber que estas rodeado de vida..
Salut!!:brindis:

Tahleb 16-02-2015 17:27

Re: Cuento para el invierno
 
Era cierto lo que dijo Lin: La Poule se comportaba como un dragón feliz que volase rozando la superficie del agua, cabeceando suavemente para adaptarse al perfil de las olas. Hacía un día radiante y el cielo era tan azul que pensé que en el cénit más bien parecía un concentrado, una mermelada de cielo.

No me dolía nada, nada me inquietaba, no tenía hambre, ni sed, ni ningún deseo específico. Estaba en paz y eso es algo que. por experiencia, sé que no debo pensar demasiado porque enseguida me asaltan preguntas metafísicas. ¿Qué méritos eran los míos para haber accedido a un premio así? ¿Qué me pasaría si, de pronto, la desgracia, la enfermedad o la miseria me alcanzasen? ¿No merecería algún tipo de castigo mi sistemática huida de los compromisos?

Acudí al recuerdo de las palabras de mi hijo cuando, al verme azorado por no saber cómo agradecerle el regalo que me hacía, simplemente me dijo: tómalo, te lo mereces, tú has cumplido.

Yo había cumplido. Sonaba bien, pero no me parecía suficiente como mantra.

Entre las muchas cosas que Julia me dejó grabadas, quién sabe si guardadas en algún archivo de la mente que yo esperaba estudiar en un futuro que nunca llegó, estaba una frase que, según me dijo, había escrito, en un libro terriblemente doloroso y personal titulado Una Pena en Observación, el mismo autor de la serie de cuentos llamada Crónicas de Narnia. La frase, aplicada a la triste historia de la enfermedad de su mujer y elaborada en un momento de remisión del cáncer que sufría, decía algo así como que “la felicidad de ahora es parte del dolor de ‘entonces’”. Y ese entonces se refería al momento, no muy lejano, en que le llegaría la muerte. Se suponía que, cuando ese entonces llegase, el dolor sería incrementado por la carga de la felicidad vivida.

Yo sostuve, cuando hablamos de ello, que ese entonces podía también pertenecer al pasado y que, siguiendo una dirección inversa, un dolor antiguo podría llegar a formar parte de la felicidad futura. Luego, la vida me enseñó que hay ciertas cosas controladas por una especie de válvula antirretorno del destino que impide las inversiones de sentido de según qué. No se es más feliz por haber sufrido.

Bueno, pues ya veríamos, me dije en voz alta mientras veía, en el horizonte de Levante, surgir la silueta de Ibiza envuelta en el color de la distancia.

BAMM 16-02-2015 17:38

Re: Cuento para el invierno
 
Cita:

Originalmente publicado por Tahleb (Mensaje 1756878)
No me dolía nada, nada me inquietaba, no tenía hambre, ni sed, ni ningún deseo específico. Estaba en paz .

Me encanta esa sensación de paz interior.
Creo que el mar (no desde la costa) y la montaña facilitan el que seamos conscientes de ello y, si estamos solos, el disfrute se alargue ante la falta de distracciones.
:gracias:
:brindis::brindis:

Tahleb 18-02-2015 13:59

Re: Cuento para el invierno
 
Mi falta de interés por los sucesos y la actualidad hicieron que pusiera proa al fondeadero de L’Espalmador, donde esperaba pasar una noche. Al aproximarme descubrí que la cala estaba cerrada por una barrera anti contaminación y que una gigantesca cabria flotante se afanaba con los restos de un gran yate medio hundido y escorado. Pude leer su nombre con cierta dificultad: Antillana.

Al parecer, y según lo que me contaron en el puerto de Sa Sabina, donde acabé recalando, en el verano anterior se habían producido extraños y misteriosos acontecimientos en la cala que habían resultado en el hundimiento del gran yate, la desaparición de su propietario (un magnate de los negocios mexicano) y varios muertos y heridos producidos durante una batalla campal con explosiones y disparos de armas automáticas.

Pensando en que todo aquello se había producido allí, uno de los lugares más bellos y pacíficos del planeta, me sentí indignado. En verdad, tal como dijo un poeta, hay gente que camina y va apestando la tierra.

Ignoro si será cierto o no, pero el patrón de uno de los barcos locales me dijo que aquello tenía raíces muy hondas y muy oscuras. Él estaba convencido de que en la batalla habían participado los Navy Seals y que el asunto tenía que ver con la extraña desaparición de un fiscal anticorrupción y de varios mafiosos rusos.

Yo no me había enterado absolutamente de nada. Cuando aquello sucedió yo debía estar cruzando el estrecho de Malaca, en travesía entre Singapur y Fos sur Mer, cargado con doce o trece mil contenedores, tratando de gobernar decentemente las más de sesenta mil toneladas de desplazamiento de mi barco y viviendo más como un astronauta en su estación orbital que como un marino en su barco. Qué lejos había estado de todo, pensé.

:rolleyes:

Gambucero 18-02-2015 18:16

Re: Cuento para el invierno
 
¡hmmmmm! se complica la trama... con visos de novela negra... me esta gustando eso :cid5:

duendes4 22-02-2015 00:09

Re: Cuento para el invierno
 
Ahora nos has dejado con la intriga..
Mafia de por enmedio?? Yo pensaba más en lo que te puede cambiar el plan la gente que vas conociendo por el camino.. Y como vas variando dependiendo de lo que encuentras..
Ahora has dado un giro que no me esperaba.. :eek:
A ver como continua esto.. :sip:
Una ronda para la pausa.. :brindis:

werke 22-02-2015 13:34

Re: Cuento para el invierno
 
Supongo que no es un cambio de argumento sino un "guiño" que nos hace Tahleb a unos cuantos.

Hace años nuestra cofrade Gota empezó un relato que acabamos entre muchos.

Podeis verlo aquí:

http://foro.latabernadelpuerto.com/s...ighlight=laxmi

Hubo tiros, mucho humo y algún rollete. :cunao:

Tahleb 23-02-2015 17:34

Re: Cuento para el invierno
 
Cita:

Originalmente publicado por werke (Mensaje 1759221)
Hubo tiros, mucho humo y algún rollete. :cunao:

:cunao: Parece que ya no queda nadie de los protagonistas!

Sigamos con el cuento:

Dediqué una última mirada a los restos del Antillana mientras me dirigía a los Freus y me pareció sentir la vibración de aquella tragedia como si aún flotase en el aire. Se habían perdido vidas, habían cambiado destinos y se había sacudido el círculo económico del planeta allí mismo y yo no sólo no me había enterado, sino que era incapaz de sentir ningún interés por las consecuencias de aquellos hechos.

Intenté recordar cuándo se había producido en mí aquella desconexión, aquel desapego por el mundo, y concluí que había comenzado en el mismo momento en que fijé la fecha para mi retiro, tal vez un año antes del desembarque definitivo. Parecía un detalle incongruente. Me dolía el sufrimiento ajeno, lamentaba la muerte de todas aquellas personas, pero la trama que envolvía el suceso no me interesaba en absoluto.

Quizás, pensé con cierta preocupación, había perdido o renunciado al concepto de futuro como si ya no fuese mío, como si ya no tuviese la posibilidad de intervenir en él, como si ya no hubiese de vivirlo.

En algún punto de mi mente había anidado la derrota. No podía hacer nada por cambiar el mundo ni por paliar las enormes injusticias y sufrimientos ajenos que había visto, vivido o intuido a lo largo de mi vida de esclavo privilegiado, de conductor del carro de los dioses. Había pasado demasiado tiempo desde que aprendí a sobrellevar la indignación y la furia ante los descarnados crímenes de la Humanidad, perpetrados desde y contra todos niveles de la condición humana, y me había resignado. Ya no quería saber más. Ansiaba sumergirme en el universo feliz de los que no saben nada sobre el terrible funcionamiento de la sala de máquinas de la vida, de los que ignoran de qué está hecho el combustible que la alimenta. Yo, había cumplido.

En Ibiza me esperaba mi hijo acompañado de tres encantadoras muchachas, amigas o colaboradoras suyas, con las que pasaríamos las próximas semanas. Se esperaba de mí que los condujese hacia el sol, la alegría y los infinitos tonos de azul de nuestro mar. Nadie puede dar aquello que no posee, pensé. Intentemos que estos chicos tengan algo de felicidad.

Atlántida 24-02-2015 12:18

Re: Cuento para el invierno
 
Cita:

Originalmente publicado por Tahleb (Mensaje 1759670)

(...) Había pasado demasiado tiempo desde que aprendí a sobrellevar la indignación y la furia ante los descarnados crímenes de la Humanidad, perpetrados desde y contra todos niveles de la condición humana, y me había resignado. Ya no quería saber más. Ansiaba sumergirme en el universo feliz de los que no saben nada sobre el terrible funcionamiento de la sala de máquinas de la vida, de los que ignoran de qué está hecho el combustible que la alimenta. Yo, había cumplido.

:eek:
¿A todo eso se llega en la marina mercante?:sorry:

:)

Tahleb 25-02-2015 12:14

Re: Cuento para el invierno
 
Cita:

Originalmente publicado por Atlántida (Mensaje 1760008)
:eek:
¿A todo eso se llega en la marina mercante?:sorry:

:)

La Mercante te da la oportunidad de conocer lugares a los que no llega ni el turismo, ni la prensa, ni la vergüenza de los gobiernos. No sé por dónde empezar a hacer un breve resumen y tampoco quiero encenderme en un discurso que acaba por no ser creído.

En los años setenta podías contemplar desde la terraza de un café de Jounieh, cerca de Beirut, cómo se asesinaban entre sí los palestinos, chiítas, cristianos y sunnitas sin ninguna piedad. Por las mañanas acudían al trabajo, o a la universidad, y por la tarde participaban en lo que se llamaba eufemísticamente “les événements”. Unos tipos vestidos con uniformes de fantasía y fusiles ametralladores se paseaban ufanos por sus territorios como si fueran los dueños del mundo.

A principios de los ochenta debías asistir impasible al reparto equitativo del mismo material de guerra para Irak, que lo recibía vía Turquía, que para Irán, al que le llegaba por el Golfo Pérsico. Había que vigilar que los contenedores no tuviesen graffitis patrióticos, pues muy a menudo uno que hubiese transportado mercancías para Irán llevaba lo mismo, pero para Irak, en el viaje siguiente y, claro, se cabreaban y ametrallaban el contenedor si tenía alguna alusión a las madres respectivas. Alguien hizo mucha pasta vendiéndoles de todo a ambos. Nunca vi a los iraquíes, pero la contemplación de masas ingentes de jóvenes iraníes fanatizados que iban al matadero en Chatt al Arab es difícil de olvidar. Unos tipos vestidos con uniformes de fantasía y fusiles ametralladores se paseaban ufanos, luciendo condecoraciones, por sus territorios como si fueran los dueños del mundo.


Durante todo ese tiempo y llegando a la actualidad, lo que pasa en las profundidades de África sobrepasa algunas sensibilidades. Tipos que están a dos milímetros de la animalidad usando su fusil –normalmente un modelo ruso copiado y comercializado por China- para robar, violar o matar impunemente y a los que las navieras pagan un impuesto por protección. Mujerucas masacradas por la vida, criaturas indolentes que ya ni se espantan las moscas que se les meten en los ojos. Miseria, suciedad, barro y olor a podredumbre en unos puertos fluviales ruinosos rodeados de las barracas en las que existen, porque eso no es vivir, los espectros que hacen de estibadores.

A finales de los setenta y principios de los ochenta alguien se hizo de oro con el cobre chileno, que se vendía muy barato a ciertas empresas norteamericanas. Cargamos allí miles de toneladas, asistiendo a la explotación infame de la gente. Con el salario de un día no podían comprar un litro de leche. Los puertos estaban atestados de prostitutas adolescentes que, de vez en cuando, sufrían redadas de la policía que se las llevaba para violarlas. Tipos vestidos con uniformes y correajes, con grandes pistolones y fusiles ametralladores, se paseaban ufanos por sus territorios como si fueran los dueños del mundo.

Lo que pasó en Nicaragua después de la rebelión, lo que sucedía siempre en el Yemen, en Oman, en Djibouty, en la India, en Pakistán o en Argelia tiene siempre los mismos componentes: Unos tipos vestidos con uniformes de fantasía y fusiles ametralladores se pasean ufanos por sus territorios como si fueran los dueños del mundo y, oculto tras ellos, alguien compra, vende y roba en total impunidad, asiste a recepciones diplomáticas, pasea en yate por el Mediterráneo y goza de la mejor carne.

Los marinos gozamos del privilegio de visitar la trastienda. Tal vez lo más difícil es no sucumbir a la tentación de cosificar a los desgraciados. Algo que debe tener relación con el llamado síndrome de Estocolmo te empuja a justificar las acciones de los asesinos y a sentir desprecio por aquellos a los que les han quitado hasta la dignidad. Increíble, ¿verdad? Pues se producen muchos casos en los que los polizones descubiertos son arrojados por la borda en alta mar. ¿Qué agente corrosivo puede destruir de tal manera el alma de hombres educados en la abundancia y el respeto?

Parafraseando un dicho africano, se podría decir que uno no puede cambiar el mundo, pero el mundo puede cambiarte a ti.

Luego sigo con el cuento. Me tengo que desintoxicar de los recuerdos.

SAGHARBOUR 25-02-2015 13:35

Re: Cuento para el invierno
 
Tahleb, duro o brutal lo que creo sabemos todos y nos obstinamos en obviar cada día.
Las tornas cambian fruto de la globalización económica y las diferencias entre pobres, no solemnes pero pobres, y trabajadores es descomunal ya en nuestro País. No quiero ni pensar donde puede quedar nuestra moralina dentro de 10 años y que gran culpa tenemos todos en ello.
No deseo crear un debate político que termine por derivar en pelea y discusión en esta charla. Huelo la medicina que hemos estado administrando al tercer mundo a diario ahora que gran parte de la producción de bienes se queda en los mercados emergentes donde existe demanda ademas de la propia producción. Perdona por la reflexión y por favor continua. Me encanta el relato y soy egoista. Gracias

Atlántida 25-02-2015 15:29

Re: Cuento para el invierno
 
Cita:

Originalmente publicado por Tahleb (Mensaje 1760429)
La Mercante te da la oportunidad de conocer lugares a los que no llega ni el turismo, ni la prensa, ni la vergüenza de los gobiernos. No sé por dónde empezar a hacer un breve resumen y tampoco quiero encenderme en un discurso que acaba por no ser creído.

En los años setenta podías contemplar desde la terraza de un café de Jounieh, cerca de Beirut, cómo se asesinaban entre sí los palestinos, chiítas, cristianos y sunnitas sin ninguna piedad. Por las mañanas acudían al trabajo, o a la universidad, y por la tarde participaban en lo que se llamaba eufemísticamente “les événements”. Unos tipos vestidos con uniformes de fantasía y fusiles ametralladores se paseaban ufanos por sus territorios como si fueran los dueños del mundo.

A principios de los ochenta debías asistir impasible al reparto equitativo del mismo material de guerra para Irak, que lo recibía vía Turquía, que para Irán, al que le llegaba por el Golfo Pérsico. Había que vigilar que los contenedores no tuviesen graffitis patrióticos, pues muy a menudo uno que hubiese transportado mercancías para Irán llevaba lo mismo, pero para Irak, en el viaje siguiente y, claro, se cabreaban y ametrallaban el contenedor si tenía alguna alusión a las madres respectivas. Alguien hizo mucha pasta vendiéndoles de todo a ambos. Nunca vi a los iraquíes, pero la contemplación de masas ingentes de jóvenes iraníes fanatizados que iban al matadero en Chatt al Arab es difícil de olvidar. Unos tipos vestidos con uniformes de fantasía y fusiles ametralladores se paseaban ufanos, luciendo condecoraciones, por sus territorios como si fueran los dueños del mundo.


Durante todo ese tiempo y llegando a la actualidad, lo que pasa en las profundidades de África sobrepasa algunas sensibilidades. Tipos que están a dos milímetros de la animalidad usando su fusil –normalmente un modelo ruso copiado y comercializado por China- para robar, violar o matar impunemente y a los que las navieras pagan un impuesto por protección. Mujerucas masacradas por la vida, criaturas indolentes que ya ni se espantan las moscas que se les meten en los ojos. Miseria, suciedad, barro y olor a podredumbre en unos puertos fluviales ruinosos rodeados de las barracas en las que existen, porque eso no es vivir, los espectros que hacen de estibadores.

A finales de los ochenta y principios de los noventa alguien se hizo de oro con el cobre chileno, que se vendía muy barato a ciertas empresas norteamericanas. Cargamos allí miles de toneladas, asistiendo a la explotación infame de la gente. Con el salario de un día no podían comprar un litro de leche. Los puertos estaban atestados de prostitutas adolescentes que, de vez en cuando, sufrían redadas de la policía que se las llevaba para violarlas. Tipos vestidos con uniformes y correajes, con grandes pistolones y fusiles ametralladores, se paseaban ufanos por sus territorios como si fueran los dueños del mundo.

Lo que pasó en Nicaragua después de la rebelión, lo que sucedía siempre en el Yemen, en Oman, en Djibouty, en la India, en Pakistán o en Argelia tiene siempre los mismos componentes: Unos tipos vestidos con uniformes de fantasía y fusiles ametralladores se pasean ufanos por sus territorios como si fueran los dueños del mundo y, oculto tras ellos, alguien compra, vende y roba en total impunidad, asiste a recepciones diplomáticas, pasea en yate por el Mediterráneo y goza de la mejor carne.

Los marinos gozamos del privilegio de visitar la trastienda. Tal vez lo más difícil es no sucumbir a la tentación de cosificar a los desgraciados. Algo que debe tener relación con el llamado síndrome de Estocolmo te empuja a justificar las acciones de los asesinos y a sentir desprecio por aquellos a los que les han quitado hasta la dignidad. Increíble, ¿verdad? Pues se producen muchos casos en los que los polizones descubiertos son arrojados por la borda en alta mar. ¿Qué agente corrosivo puede destruir de tal manera el alma de hombres educados en la abundancia y el respeto?

Parafraseando un dicho africano, se podría decir que uno no puede cambiar el mundo, pero el mundo puede cambiarte a ti.

Luego sigo con el cuento. Me tengo que desintoxicar de los recuerdos.

No te vayas muy lejos. Todo eso que tú has vivido, o a lo que has sobrevivido, le da a tu protagonista-narrador una personalidad que yo estaba echando en falta. Gracias.

esscapar 01-03-2015 22:34

Re: Cuento para el invierno
 
Cita:

...........Ya no quería saber más. Ansiaba sumergirme en el universo feliz de los que no saben nada sobre el terrible funcionamiento de la sala de máquinas de la vida, de los que ignoran de qué está hecho el combustible que la alimenta. Yo, había cumplido............
Me gusta esa manera de romper amarras, para seguir hacia delante.
:brindis:

Tortuga Carey 03-03-2015 11:03

Re: Cuento para el invierno
 
¡Uff! confieso que había dejado pasar por alto este relato por lo de "cuento" sin muchas ganas a veces de leer más historias de aquellos que disfrutan a diario de la mar y a los que envidio tremendamente, tratando en vano de desengancharme de éste foro del que no consigo pasar un día sin entrar pero en el que me siento extranjero en mi propia tierra. Sin embargo no he tenido que leer ni las dos primeras líneas para quedar mortalmente enganchado al anzuelo tal como le ocurrió al marlín de "El viejo y el mar", atraído hasta aquí por el enlace de otro relato bien distinto pero igualmente entretenido y al que agradezco que me haya dirigido a tan especial historia.

En mi caso deje la mercante muy, muy demasiado pronto asustado por los viejos lobos de mar que me amenazaban con un final solitario e incomprendido y vivo desde entonces tratando de volver a reconducir mi vida por el sendero que necesita recorrer.

Gracias por relatar de forma tan interesante y sabia tu experiencia vital sin tapujos ni cortapisas y por favor no nos dejes demasiado tiempo sin el placer de poder seguir leyéndote y disfrutándote en toda tu grandeza.

Mi brindis hoy va por ti y por la gente como tu. :brindis:

Tahleb 03-03-2015 16:05

Re: Cuento para el invierno
 
Recogí en el aeropuerto de Ibiza a mis cuatro pasajeros; además de mi hijo, dos jóvenes colaboradoras suyas, Alexandra y Sarah, de algo menos de treinta años, y su corresponsal en Manchester, Claire, que estaría sobre los treinta y cinco. Eran tres chicas encantadoras. Alegres, guapas, inteligentes y simpáticas.

Su energía juvenil les dio margen para cuarenta y ocho horas de típico veraneo ibicenco, compuesto de discoteca hasta el amanecer, dormida hasta el mediodía y playa por la tarde. A los dos días habían desmejorado bastante y se plantearon un cierto retorno a la naturaleza y a la vida sana, de modo que largamos amarras para darle la vuelta a la isla en sentido horario y fondear en varias calas.

Alexandra, una morena perfecta en honor a su origen italiano, era un poco más lánguida, pero Sarah y Claire me sorprendieron por su abnegación marinera y sus infinitas ganas de aprender cómo funcionaba nuestro dragón sonriente. En menos de dos días habían aprendido los tres o cuatro nudos necesarios para sujetar defensas, entalingar la cadena del ancla y adujar decentemente los cabos, aparte de participar con devoción en el izado y trimado de las velas, el gobierno a mano y el orden interior. Entre todos formaban una tripulación ideal.

Todavía no estábamos en plena temporada de verano, pues aún corría la primera semana de Julio, pero ya solíamos tener algunos vecinos en las calas en las que fondeamos. Tuve que acostumbrarme al efecto, propio y ajeno, que causaba la curiosa tendencia de las chicas hacia el naturismo más estricto en lo que se refiere a la desnudez, algo muy británico según la opinión de mi hijo y muy de acuerdo con la imagen que de Ibiza traían preconcebida. Formaron un auténtico espectáculo en cada fondeadero. Hubo quien, después de no haberse perdido ripio en la ceremonia del baño y posterior ducha de agua dulce en cubierta, me dedicaba una mirada furibunda, con esa malquerencia que se reserva a los viejos verdes.

Claire solía alargar las sobremesas de la cena charlando conmigo. Era el equivalente británico de lo que en España sería Doctora en Derecho y especializada en lo penal. Su objetivo era llegar a trabajar algún día para el Tribunal Internacional de La Haya, más exactamente para la Corte Penal Internacional. Tenía, además, una muy sólida formación en Filosofía y una claridad de ideas fascinante que me reducía al silencio, por miedo, sobre todo, a decir alguna tontería.

Pasaron en total nueve días a bordo que se fueron como un soplo, pero nos despedimos con el firme propósito de volvernos a encontrar en Sicilia al cabo de un mes para hacer un crucero de tres semanas por la zona. Ya en el aeropuerto, Claire me despidió con un abrazo cálido y un beso en el que las comisuras de nuestros labios se rozaron levemente, como por casualidad.

Gambucero 03-03-2015 17:53

Re: Cuento para el invierno
 
Bien hallado seáis de nuevo, Maese Tahleb... se os echaba en falta...

E incluso algún(a) "desaprensivo(a)" recién llegado(a) había osado "tomar vuestro nombre en vano" en relato...

N del A: los paréntesis indican una ecuación aún no despejada acerca del perfil citado.

ayapitas 03-03-2015 18:14

Re: Cuento para el invierno
 
Venga, a ver si mejoramos la productividad, que esto merece (me estoy enganchando a esto de los relatos nautico-eróticos).

Magnífico hilo:brindis:

Tahleb 04-03-2015 17:05

Re: Cuento para el invierno
 
Sólo fue un leve roce. Lo que pasa, creo, cuando quienes se besan desean, en realidad, besarse en los labios pero se ven en la necesidad social de hacerlo en la mejilla. Hubo una pequeña duda de una fracción de segundo que desvió nuestras bocas un par de centímetros nada más.

Suficiente para que regresara a bordo sintiendo aquella leve y deliciosa humedad en el remoto rincón de mi sonrisa como trasfondo de todos mis otros pensamientos, que no eran pocos.

Para explicar lo que me estaba pasando últimamente había una amplia gama de reflexiones populares, a cuál más cruel, y alguna descripción melancólica y triste del cuadro o, quizás, hablando con más propiedad, del síndrome que se apoderaba de mi mente. ¡No me había olvidado aún de Grace y ya me estaba obsesionando con Claire!

Estaba cumpliendo con todos los requisitos para encuadrarme en una imagen típica; la del hombre algo más que maduro que, viendo que la vida se le escapa, se aferra a la belleza de la juventud para reafirmar su hipotética supervivencia y, al mismo tiempo, obtener un diagnóstico externo y fiable de su nivel de decrepitud.

Las consecuencias de nuestra naturaleza biológica son despiadadas, pensé. Si yo era más o menos consciente de la edad que me asignaban mis documentos oficiales era porque tenía espejos. Todas las mañanas me daba los buenos días un individuo de pelo entrecano y piel castigada que se cepillaba los dientes delante de mí, copiando todos mis gestos, pero que no me “representaba”. Aquel tipo me era extraño. Haciendo introspección, yo nunca había cumplido los cuarenta. El tiempo había transcurrido desde entonces como algo externo, ajeno, acumulándose mansamente como las espesas capas de hojas muertas que tapizan algunos bosques y que dejan de ser percibidos como restos vitales para convertirse en simple suelo para quien las pisa. En cambio, aquel concentrado de tiempo había permitido que aprendiese, sintiera y experimentase un cúmulo de cosas que no tuve ni por asomo cuando tanto los documentos como la percepción señalaron las mismas fechas. Creo que el cambio más diabólico que el tiempo había operado en mí era aquella repentina atracción, aquella fascinación, por la inteligencia, la independencia y la fuerza espiritual de algunas mujeres. La combinación de fuerza vital, inteligencia y juventud componía un elixir que me embrujaba irremediablemente, que se apoderaba de mi corazón, de mi espíritu y de mi carne, pero que también me enfrentaba a un obstáculo enorme representado por las canas y la piel marchita del hombre del espejo por la vía de su dignidad. Jamás las deseé tanto ni las percibí como tan prohibidas.

¡Y nunca había amado tanto la vida!


Gambucero 04-03-2015 18:27

Re: Cuento para el invierno
 
Maese Tahleb... sepa vuesa merced que a pesar de los diez añitos (de nada) que nos separan, entiendo perfectamente vuesas recapitulaciones acerca de toda una vida... y sus consecuencias. Por cierto... buena elección musical para ilustrar dicha recapitulación.

Alf_on 04-03-2015 18:44

Re: Cuento para el invierno
 
Tahleb, acabas de conseguir que esta taberna marinera duplique o triplique su valor, que ya era alto, para mi. Que bien escribes, jodío, y sobre todo que magníficas esencias destila tu relato. Superbe.
:brindis::brindis::brindis:

SAGHARBOUR 05-03-2015 16:38

Re: Cuento para el invierno
 
Supongo que ya lo sabe todo el mundo pero por si acaso...
Esta es la tercera entrega de un relato entrelazado que, con la seguridad de acertar, os animo a leer a todos :sip::sip:
De lo mas envolvente el formato de aportaciones gráficas :adoracion::adoracion: he aprendido hasta geografía e historia :cunao.
:capitan::cid5::cid5::cid5:

Tahleb 05-03-2015 18:35

Re: Cuento para el invierno
 
Según los planes que había forjado para el verano, mi próxima escala era Barcelona.

Salí de Ibiza hacia Poniente con la intención de llegar hasta Cala Salada, dormir allí una noche y continuar viaje hacia la Península al día siguiente.

Mis cavilaciones me llevaron a recordar el argumento de una ópera en la que un pintor recibe el encargo de pintar un fresco que represente a la Virgen María como mujer rubia y de ojos azules. Se pone a la labor y, sin proponérselo, acaba pintando el rostro de una mujer que se parece de alguna manera a su enamorada, a pesar de que ésta es morena y de ojos negros. El tenor canta entonces una hermosa aria cuya letra es una reflexión de cómo la belleza se puede mezclar y confundir gracias al arte.

Mi padre era un devoto de esa ópera, Tosca, y a lo largo de mi vida la he escuchado cientos de veces en casa, cuando él aún vivía, pero sólo me fijé en la letra al cabo de mucho tiempo. Durante años y años, la música de aquella aria me sugería la entrada, que imaginaba gloriosa, en alguna bahía del Mediterráneo amplia y rabiosamente azul. Se me antojaba que era una canción para cantar en la proa, en el tiempo que transcurre después de apear el ancla y antes de largarla al fondo, ese lapso mágico en el que uno mira alrededor tomando posesión de las promesas que el lugar ofrece y recuerda, tal vez, los consejos de Kavafis para cuando se inicie el largo viaje hacia la vida.

En particular me emocionan los compases en los que la canción parece desbocarse: “E tu, beltade ignotta, cinta di chiome bionde…”






Sant Antoni bien pudiera ser una de esas bahías y en ella me detuve.

Mi corazón, igual que el pintor de la ópera, estaba dibujando un retrato en el que los rasgos de Grace y de Claire se entrelazaban con las sensaciones que aún recordaba de la misteriosa mirada de Julia.

leviño 06-03-2015 12:00

Re: Cuento para el invierno
 
SALUD:brindis:SS.

precioso , me lo e leído del tirón ,y estoy deseando que continúes ,
por favor no nos hagas esperar mucho :cid5:

Atlántida 06-03-2015 13:56

Re: Cuento para el invierno
 
Cita:

Originalmente publicado por Tahleb (Mensaje 1763093)
(...)
Las consecuencias de nuestra naturaleza biológica son despiadadas, pensé. Si yo era más o menos consciente de la edad que me asignaban mis documentos oficiales era porque tenía espejos. Todas las mañanas me daba los buenos días un individuo de pelo entrecano y piel castigada que se cepillaba los dientes delante de mí, copiando todos mis gestos, pero que no me “representaba”. Aquel tipo me era extraño. Haciendo introspección, yo nunca había cumplido los cuarenta. El tiempo había transcurrido desde entonces como algo externo, ajeno, acumulándose mansamente como las espesas capas de hojas muertas que tapizan algunos bosques y que dejan de ser percibidos como restos vitales para convertirse en simple suelo para quien las pisa. En cambio, aquel concentrado de tiempo había permitido que aprendiese, sintiera y experimentase un cúmulo de cosas que no tuve ni por asomo cuando tanto los documentos como la percepción señalaron las mismas fechas. (...)

:rolleyes:
Una sensación real y muy familiar para los que nunca conseguimos pasar de los 20. :nosabo:

:brindis:

Gambucero 10-03-2015 12:00

Re: Cuento para el invierno
 
¡Maese Tahleb!... Dejese vuesa merced de metafísica y comience a darle a las teclas, que nos tiene aquí desde hace una semana viendo pasar moscas.

:brindis:

Atlántida 11-03-2015 13:14

Re: Cuento para el invierno
 
:rolleyes: ¿Se han montado un viajecito los sabios esos que de vez en cuando nos cambian normas? :cunao:

Al Pairo 11-03-2015 19:49

Re: Cuento para el invierno
 
Vamos a esperar...
con :brindis::brindis:

Tahleb 13-03-2015 18:54

Re: Cuento para el invierno
 
Cita:

Originalmente publicado por Atlántida (Mensaje 1765646)
:rolleyes: ¿Se han montado un viajecito los sabios esos que de vez en cuando nos cambian normas? :cunao:

:nosabo: Me lo explique?


Espero que podáis disculpar el retraso. He tenido que hacer un viaje para atender algunos imprevistos y no he encontrado el momento para ponerme a escribir. Lo siento.

Sigamos:


Zarpé a las cinco de la mañana para una singladura de veinticuatro horas, según la previsión meteorológica. Como todo el mundo, supongo, en zonas de tráfico siempre procuro estar despierto durante la noche y dormir a saltos durante el día, de modo que me pareció mejor repartir las horas nocturnas entre la salida y la recalada. Además, Barcelona no plantea ningún problema de aproximación y, si se llega de madrugada, no suele haber tráfico de mercantes.

Aún no me había acostumbrado a las virtudes de mi barco y hasta los menores detalles de todo lo que salía bien me llenaban de satisfacción. El ancla subió limpia y encajó con un chasquido sano en su alojamiento; la inversora engranó avante con suavidad; el timón gobernaba con apenas dos o tres grados de metida; la mayor subió hasta el tope sin que necesitase la ayuda del winch y la madrugada, fresca y seca, aparecía cubierta por un firmamento animado por el temblor de las estrellas y el paso fugaz de algún bólido. Me sentí completamente feliz y en el centro exacto del mejor sitio donde podría estar.

El sentimiento que un buen barco induce en su patrón me parece de tal profundidad que siempre pensé que debe guardar relación con eso que algunos llaman “memoria de especie” o “recuerdos ancestrales”. Es un bienestar que se basa evidentemente en la sensación de seguridad, pero también tiene componentes de orgullo y de potencia. Un colega mío tocaba bastante el punto cuando, al referirse a su barco, lo definía como una buena herramienta, pero no me parecía suficiente. No es comparable lo que puede inspirarte un buen martillo o, incluso, una excavadora, con la gloria que se siente tras cazar dos pulgadas de escota y comprobar que se ha ganado medio nudo o, más aún, cuando se remonta una levantera sin perder la dignidad ni caer en la nostalgia.

Esa madrugada vino en mi ayuda el recuerdo de un personaje del cual me había hablado Julia y por el que ella sentía una especial atracción. Un personaje que vivió hace dos mil quinientos años, en Grecia, cómo no, y que se ganó la vida como mercenario, pero que fue también poeta: Arkíloco de Paros.

A mi lanza debo mi pan negro
Por mi lanza tengo mi vino de Ismaro.
En ella me apoyo mientras bebo.

Ahí debe de estar la clave, pensé. Lo que nos sustenta sobre el mar y nos sirve para luchar contra él no es percibido por nuestra psique como una herramienta, sino más bien como un arma.

Según las teorías evolucionistas podríamos aventurar que aquellos que cuidaban especialmente de sus armas y llegaban a establecer con ellas una relación de dependencia consciente se perpetuaron con más facilidad.

Cientos de generaciones de guerreros inscritos en nuestros genes son los que, quizás, nos empujan a limpiar, pulir, abrillantar, engrasar, revisar y barnizar continuamente para, a cambio, sentir ese destello de satisfacción pura y ese atrevimiento de mirarle a la mar directamente a los ojos de vez en cuando.

Y si no era así, al menos sonaba bien, pensé mientras me acercaba a la demora Sueste del Delta del Ebro, donde me aguardaba un chorro de Mestral en el que La Poule y yo batiríamos el cobre por primera vez juntos.

leviño 13-03-2015 19:02

Re: Cuento para el invierno
 
SALUD:brindis:SS.

QUIERO MASSSS:sip::sip:


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