La Taberna del Puerto

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Yan Yun 3 23-03-2015 20:30

¿Solitario…?
 
Buenas tardes de nuevo, cofrades. Me vais a permitir la licencia de ocupar una mesa en el rincón más oscuro y menos concurrido de la Taberna para entreteneros con otro relato. A mi pobre Susana de El sueño de Peter la tengo en tierra, donde creo que podrá descansar una temporada mientras fraguo sus nuevas andanzas. Mientras, poneos cómodos, tomaos cuantas birras queráis, y seguid soñando vosotros también.

:brindis::brindis::brindis:

Cuando todo se ha estabilizado de una manera conveniente el piloto trabaja tan bien, que muchas veces pienso si mi intervención no será perniciosa. La cuestión es que no estoy de vacaciones y entonces al pensamiento anterior se le opone la impresión de que mi propio cansancio sea el que me esté induciendo a seguir este razonamiento para regalarme unos minutos más de descanso. No merece la pena que toque el timón, porque es seguro que yo lo voy a hacer peor que la centralita electrónica que controla los servos del piloto automático.
Es falso. Estoy inmerso en la locura de una regata y todo el tiempo que sea capaz de manejar personalmente la caña se traducirá en décimas de ventaja sobre los patrones que se rindan a las bondades de la fría maquinaria. Esto sí es un hecho comprobado. El mejor de los pilotos automáticos no puede anticiparse del mismo modo en que lo hace incluso el más novato de los patrones que han zarpado conmigo.
Esta mañana, sin embargo, es diferente. Tras la rutina de un desayuno no más zarandeado que de costumbre, me he asomado por el tambucho con la intención de ir a aferrarme a la caña por unas horas, como suelo hacer para tomarle el pulso a cada día que comienza, y la he visto a ella, dirigiendo el curso del barco con un aplomo casi sobrenatural.
Hace algunos días que navego inmerso en los cuarenta rugientes, todavía en el Atlántico sur, lo que significa que las olas grandes por la popa y los vientos constantes por encima de los veinticinco nudos no me van a abandonar durante muchas singladuras. El trabajo de la caña en estas condiciones es duro. Requiere algo más que unas pocas millas costeras de experiencia. Hay que haber curtido el corazón lo suficiente, aunque sólo sea para no perder la entereza al ver cómo se levanta la mar por detrás de uno, con cada ola enorme de las que nos van empujando. Por lo demás, el barco va muy rápido. No perdemos una velocidad de dos dígitos, pese a que navegamos sólo con un foque en el estay de trinqueta y dos rizos en la mayor. Esto exige una pericia añadida en el patrón. El velero, gracias a las formas completamente planas de su obra viva, arranca a planear con mucha facilidad. Eso resulta muy favorable de cara a nuestra posición final, pero es muy delicado. Cualquier error a la caña y se puede provocar una guiñada descontrolada que nos haga tumbar el palo. O lo que sería peor, un despiste en el rumbo y podríamos hasta pasar por ojo, es decir, dar una voltereta después de clavar la proa en el seno de la ola.
Todos estos pensamientos atravesaron mi mente en mucho menos tiempo del que se tarda en pestañear, cuando la vi ahí fuera aferrada al timón con ese empeño. Ni siquiera llegué a sacar un pie por entero de la cabina. Nada más lejos de mi intención que perturbarla precisamente en aquel momento. Me quedé parado como un tonto con la mirada clavada en su persona, como si nunca antes hubiera visto una mujer. No me atreví a distraerla ni con mi respiración, que contuve inconscientemente.
Unos segundos eternos después constaté que el barco parecía estar en buenas manos. Cada vez que nos alcanzaba la ola por la popa, ésta se levantaba, al tiempo que ella liberaba de presión la caña, para que la pala del timón no ofreciera una resistencia inútil en ese momento. Luego, aprovechando el propio movimiento de la embarcación, y la arrancada que cogía cuando la masa de agua aferraba el casco para impulsarlo, volvía a controlar la presión de la caña hasta conseguir que el lejano extremo de la roda apuntara en la exacta dirección que ella se proponía en cada ola, evitando con ello la guiñada. Así, repetido hasta el infinito.
En ningún momento se cruzaron nuestras miradas. También es cierto que no amagué movimiento alguno para llamar su atención. Lo estaba bordando y me pareció falto de sentido interrumpir semejante concentración. Ni siquiera fui consciente de si había llegado a descubrir mi presencia. Me limité a volver sobre mis pasos, hasta dejarme caer ensimismado sobre mi sillón-todo-uso. Allí, con la mente en blanco durante unos buenos minutos, dejé la mirada fija en los repetidores de la electrónica que había en el panel sobre la mesa de cartas. Lo estaba haciendo bien de verdad. La velocidad no bajaba nunca de quince nudos y cada vez que el barco iniciaba un planeo las cifras superaban los veinte nudos con un buen margen. No podía pedir más. Dentro de aquella especial coctelera a la que ya me había habituado después de tantos días de navegación, todo sonaba correctamente. No había pantocazos desagradables, los gemidos de la jarcia se mantenían en su tono usual y la sensación que producía cada surf de los que hacíamos era electrizante. Todo iba bien. El piloto automático no era rival para la pericia que demostraba.
No era la primera vez que me sorprendía de aquella manera. A esas alturas había ocupado el puesto de timonel en varias ocasiones. Lo que resultaba inquietante es que yo no hubiera reunido todavía el valor para cruzar una sola palabra con ella. Me limitaba a constatar su presencia, siempre caía en la misma trampa de verificar que el barco se comportaba como debía bajo aquellas manos, y volvía casi cabizbajo a mi cubículo de supervivencia, entre otras cosas porque constataba que patroneaba el velero bastante mejor que yo. Sin aparente fatiga, por lo demás. Luego, cuando llevaba el suficiente tiempo pensando en ello, me llegaba como un reflejo en segundo plano una idea que justificaba mi cobardía comunicativa en el incierto temor de ir a romper el hechizo si me hacía notar de alguna manera.

:gracias:

Maxipaco 23-03-2015 20:55

Re: ¿Solitario…?
 
Pues yo me acomodo también al lado, a escuchar lo que venga!:brindis:

maskibiker 23-03-2015 21:02

¿Solitario…?
 
El comienzo tiene muy buena pinta. Estaré atento.

jacarejack 23-03-2015 21:49

Re: ¿Solitario…?
 
me encantan las mesas de los rincones oscuros!:cunao::borracho:

:brindis:

Yan Yun 3 24-03-2015 08:49

Re: ¿Solitario…?
 
Este relato es muy cortito. Con esta entrega se acaba. Pero hay más, unos cuantos más.

:brindis::brindis::brindis:

Hoy, mucho tiempo después, no tengo necesidad ninguna de engañarme. Cuando vi por primera vez que había subido al barco con la intención de ayudarme a ganar la regata, me tragué mi orgullo de marino experto y preferí dejarla hacer. Después de todo, las velas absorbían lo suficiente de mis energías para que no tuviera que preocuparme por quién llevara el timón en cada momento. Acallé mis problemas de conciencia bajo muchas capas de pragmatismo y otras tantas de escepticismo, en idéntica proporción.
Creo que es comprensible, si uno pone algo de buena voluntad por su parte, que jamás haya hablado con nadie sobre esto antes de escribir estas palabras. Ha sido un secreto con el que he convivido todos estos años. Durante aquellos días, cuando me hallaba luchando por la primera plaza de la regata, porque nadie habría tomado en serio una historia semejante. Más adelante, en el reposo del guerrero, cuando los focos ya apuntaban al siguiente héroe de la última aventura, no me pareció oportuno contar algo que hubiera estado por completo fuera de lugar. Habría sido interpretado como el intento patético por volver a retener algo de la atención adictiva de que había disfrutado con ocasión de hacer pasar mi proa, el primero, entre las dos boyas de la línea de llegada en la bocana de Les Sables d’Olonnes.
Ahora ya no soy nadie. El anonimato me acunó muy pronto entre sus plumas, de modo que resulta intrascendente la invención más o menos ocurrente de un viejo decrépito. Lo cuento para dar razón de mi último viaje. Lo cuento cuando estoy zarpando, quizás para siempre, en pos de una quimera. La quimera de volver a encontrarla. Porque no he explicado todavía que, después de la regata, jamás volví a verla. Ni yo, ni nadie.
Uno no puede preguntar determinadas cosas sin un mínimo de prevención o, si se quiere, de delicadeza. Puedo asegurar, sin embargo, que he preguntado de todas las maneras imaginables a muchos patrones experimentados, patrones que han repetido mi hazaña cientos de veces, y ninguno ha sabido dar respuesta a mis cuestiones.
En tiempos esto me hizo dudar. Yo era joven y confiaba en mis fuerzas a lo mejor por encima de mis verdaderas posibilidades. Es un mal que la edad va curando. Es decir, que pude sobrepasar sin advertirlo el umbral del agotamiento, si no físico por completo, quizás sí mental. Historias como ésas son corrientes, en especial en nuestro gremio, el de los navegantes solitarios.
Hoy, asentados mis recuerdos, ya no dudo. Mi memoria guarda una imagen nítida de mi timonel. La podéis imaginar como gustéis. Acertaréis de cualquier manera, porque es un ideal de mujer. Esa parte de mi experiencia sí quedará para mi intimidad. Creo que la profanaría si acentuara los detalles.
Era la tercera vez que tomaba parte en aquella locura de la vuelta al mundo en solitario y sin escalas, la Vendee Globe. Sólo que en esta ocasión no navegué todo el tiempo en solitario. En medio del Atlántico descubrí por primera vez a mi bella timonel una mañana, sólo diferente de las demás por la visita de una manada de delfines que había acudido a despertarme.
Más tarde la fui viendo de forma esporádica. Aparecía de repente, cuando menos lo esperaba, y también desaparecía sin que llegara a percatarme de cuándo había sucedido. A veces el movimiento del barco se hacía más mecánico, yo empezaba a notar que se anticipaba menos a la ola que nos ganaba terreno por la popa, y entonces era cuando caía en la cuenta de que estábamos navegando bajo el control de piloto automático de nuevo.
Nunca le dirigí una palabra y nuestras miradas sólo chocaron en tres ocasiones, en las que siempre acompañó su vista con una sonrisa de satisfacción. No me atreví a más.
Los años me han hecho lamentar ese error. Hoy pienso que no se habría roto ningún hechizo. Hoy sé que ella era real, de carne y hueso, y no producto de mi imaginación. La vi muchas veces a lo largo de la regata. Siempre al timón de mi barco. En alguna ocasión, meditando en la cámara sobre lo extraordinario de mi fortuna, no era una alteración en el comportamiento del barco lo que me extraía de mi ensimismamiento, sino la intuición de un chapoteo ligero, que me parecía sentir, más que oírlo de verdad. Entonces subía de prisa, seguro de que no iba a llegar a tiempo para descubrir su cabeza entre las olas. Pero me quedaba, para disfrutar un rato con la cabriolas de los sonrientes delfines, que en esos momentos siempre jugaban junto a la fina proa del velero.
Salgo a buscarla, inseguro sobre lo que me tendrá reservado el destino. Sé dónde la encontré la primera vez. Hay un signo de interrogación junto a la posición en mi cuaderno de bitácora de aquellos tiempos, que conservo como un tesoro.
Es una llamada que no puedo resistir. Cuando la encuentre no pretendo otra cosa que no volver a dejarla escapar. Aunque me limite a navegar en silencio con solo la cabeza asomada por el tambucho mientras ella patronea mi barco. Salgo para navegar con ella hasta el horizonte. Para siempre.

Fin


:capitan:

liman 24-03-2015 11:28

Re: ¿Solitario…?
 
Realmente bonito ese relato. Mucho
Gracias por dejarlo leer.


:pirata::pirata:

al_barco 24-03-2015 12:39

Re: ¿Solitario…?
 
Me ha gustado, mucho :cid5:

:brindis:

AILANAUTIC 24-03-2015 21:56

Re: ¿Solitario…?
 
A esta mujer yo la conozco, si hombre si, es la Veronica. jajaja. De buena te libraste no "intimando".
Muy bueno, si señor.

Yan Yun 3 24-03-2015 23:54

Re: ¿Solitario…?
 
Gracias por vuestros exagerados elogios. Lo cierto es que llevo navegando muchos años, las más de las veces en solitario, aunque ya por fin me van acompañando mis hijos y mi mujer en las largas travesías. Y, bueno, ya sabéis todos los que habéis pasado incontables horas ahí fuera: a uno se le ocurren cosas…


:rolleyes:

:gracias::gracias::gracias:

:brindis::brindis::brindis:

kivuca 25-03-2015 00:26

Re: ¿Solitario…?
 
Es como la versión marinera de la mujer de la curva pero en bonito. Muy bonito. No dejes de compartir tus escritos con nosotros por favor.... Gracias!

leviño 26-03-2015 11:00

Re: ¿Solitario…?
 
SALUD:brindis:SS.
:cid5::cid5::cid5: ESPERO TU PROXIMO RELATO :pirata:


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