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Un encuentro inesperado
Son algo más de las doce de la noche. Desato el cabo que amarra el dingui a la popa del barco, pongo en marcha el motor fueraborda y me dirijo al pequeño muelle de hormigón de la zona sur de la bahía. Sergio y Laura me esperan allí para llevarles de regreso a la goleta.
Me dispongo a atracar. Veo sus siluetas inclinadas hacia el otro lado del muelle. Me llaman. - ¡Jose ven, ven rápido! Intrigado, amarro el dingui y salto al muelle. Ellos no cesan de hacerme gestos con las manos para que me apresure. Me acerco y veo que señalan hacia el agua. ¿El agua? ¿Qué hay en el agua? Mis ojos escudriñan la superficie, las piedras del fondo… La luz de las farolas del paseo llega muy gastada y mis ojos tardan un poco en adaptarse a la penumbra. De pronto la veo. Una pequeña mancha oscura se acerca lentamente hacia nosotros. - ¿Qué es? - ¡Una sepia! –contestan los dos al unísono, excitados. Una sepia… Ellos la llaman. - Ven, ven pequeña. Ven pequeñita… La pequeña sepia se desplaza por la superficie del agua con graciosas ondulaciones de sus aletas laterales. Se detiene junto al muelle, justo delante de nosotros. Nos observa. ¿Nos observa? Sí, parece increíble. Sus ojos giran. Miran a Laura, a Sergio, a mí. Parece tranquila. Por espacio de unos minutos nos observamos mutuamente. Es curiosa, quiere conocernos. Hay contacto a través de la mirada. Empatía. Nos parece… inteligente. Sentimos un cosquilleo por todo el cuerpo. Dos especies tan… ¿distintas?, se encuentran, se miran, se reconocen. El momento es… mágico. De pronto la pequeña sepia decide retirarse. Con un ligero movimiento expulsa un chorro de agua que la desplaza a gran velocidad y se desvanece entre las aguas oscuras. Nos miramos incrédulos. - ¿Has visto? - Sí. Qué fuerte ¿no?. En el dingui, de vuelta al barco, vamos en silencio. En nuestros rostros hay una especie de luz. Sonreímos. Algún día, en algún bar, un camarero se acercará ofreciendo sepia a la plancha. - No gracias. Sepia no. No podría. - ¡Eh! ¿os acordáis? - Sí. Nuestra pequeña amiga de la bahía. |
Re: Un encuentro inesperado
Algunas veces se queda uno sorprendido, cuando vemos cosas que queremos explicar pero no encontramos como.
Hace tres o cuatro años, frente a la fábrica de cemento próxima al candado, después de un día de navegación tranquila, mientras hablo con mi mujer en la bañera, dejando que el barco se deslice con poco trapo, casi sin viento, muy despacio.Ya empezando a oscurecer me doy cuenta que estamos siendo observados.Veo a popa, a unos cuatro metros como un cabezón plano,veo unos ojos y una silueta muy parecida a la parte superior de la cabeza de algo así como un rape. Cuando lo miraba, se sumergía deapareciendo del todo,me volvía dandole la espalda y disimuladamente cuando volvia la vista, ya estaba de nuevo observándonos.Esto duró hasta que la cercanía de la playa me hizo cambiar el rumbo y no volví a verlo.Estuve días mirando fotos en internet, tratando de averiguar que tipo de espécie podia ser.No puedo estar seguro, pero o era un rape o era un angelote. Siempre me he preguntado, que hacía realmente este ser.¿ buscaba comida,nos observaba como cuando vemos un ovni?, no lo se.Pero tuve una sensación muy extraña,donde mezclaba curiosidad, simpatía hacia este ser extraño, algo de miedo por lo desconocido.Si ptetendía ser nuestro amigo lo consiguió a pesar de todo.Desde ese día dejé de pescar al curri, lo pasaba mal viendo la agonía de los peces.:brindis: |
Re: Un encuentro inesperado
En cierta ocasión siendo un crío, estando la mar como un plato, al asomarme por la borda vi un ser de aspecto angelical que no paraba de mirarme. Incluso parecía imitar mis gestos, aunque los movimientos que el casco de la embarcación transmitía en forma de pequeñas olas a la superficie del mar impedía que pudiese ver con claridad sus formas. Durante toda la mañana aquel ser maravilloso aparecía siempre en el mismo sitio cada vez que me asomaba, parecía como si me esperase. Nunca entendí porqué mi padre acabó dándome una colleja mientras decía "hay que ver como se emboba el niño mirando el agua".
:o :o :o :brindis::brindis: |
Re: Un encuentro inesperado
Estoy en problemas para entender esto: ¿que es una sepia, un rape y un angelote?
En mis aguas no conocemos nada con esos nombres. Salud y buenos vientos. |
Re: Un encuentro inesperado
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Saludos.:brindis: |
Re: Un encuentro inesperado
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Re: Un encuentro inesperado
Choquero, ¿tú un ser de aspecto angelilcal? :meparto:
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Re: Un encuentro inesperado
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:burlon: |
Re: Un encuentro inesperado
:brindis: por las pequeñas cosas de la vida. Y por quienes quieren compartirlas, aun a riesgo de que alguien le (nos) tome por chorrones.
Salud |
Re: Un encuentro inesperado
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esos momentos que llegan bien dentro, que te dejan pensativo y evocan... quizás una nostalgia irracional, una calma y una tranquilidad que solo nos permite, suspirar y sonreir... :cid5::adoracion: |
Re: Un encuentro inesperado
Cerca del Solsticio de verano (20-21 Junio) las sepias se acercan a la costa para la reproducción.
Se arriman a las piedras, donde cubre un palmo y las confundirías con piedras si no se movieran. Es un momento mágico. Sobre todo si tienes el arpón a mano y las pillas de dos en dos. Ñam, Ñam.:D LSV. |
Re: Un encuentro inesperado
No sé yo si ahora podría arponearlas. No es que sea un sensiblón, pero este hecho deja una bonita huella que uno no quisiera estropear... Hombre, en caso de verdadera necesidad por supuesto que tendría que hacerlo. Pero no por placer, ahora no.
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Re: Un encuentro inesperado
Me pasó lo mismo con los pulpos, uno me queria engañar cambiando de color, fue alucinante, otro me quitaba el caracol para ponerlo de decoracion en la entrada de su cuevita. Los sentì tan pròximos que nunca màs volvi a comerlos.:o
Me encanta la dieta del abuelito de Heidi: pan y queso. |
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