7 de febrero de 2011
Parte de las 8:00 del 6 de febrero a las 8:00 del 7 de febrero
Posición: Latitud 38º 15,8' N Longitud 22º 16,4' E
Millas recorridas en las útimas 24 horas: 193 (347,4 kilómetros)
Total millas recorridas desde el inicio de la travesía (Sevilla): 20.521 (36.937,8 kilómetros)
Meteorología: Viento del SE 6 nudos y mar rizada de la misma dirección
Incidencias: El Egeo nos regala un bonito por la mañana, que inmediatemente es sometido al proceso de secado para convertirse en mojama. Guti pasea por cubierta un pulpo comprado en Estambul que cocinará en breve a la plancha. Por la noche se divisa el resplandor de Atenas y unas horas más tarde se aprecia con claridad el Partenón.
Receta de una crónica ante la ausencia de los Antonios
Ante la mañana de incertidumbre, miedo y nervios reflejada en la pizarra de cocina donde algún tripulante agudo había escrito la frase:
“¿Y hoy qué se come…? ¡Hoy comemos pan y agua!”
¿Sería mucho pedir agua y pan? Contestó otro, al cual se le tuvo que responder que a estas alturas no estábamos para exigencias y que con ese plan cerrábamos el kiosco.
Como os podéis imaginar no estaba la cocina del Galeón para recordar a los Antonios y se tuvo que idear una nueva orgánica para volver a llenar los desconfiados estómagos que comenzaban a amotinarse no sin razón.
Pasamos a detallar el plan ideado
Ingredientes:
- Rayos de sol esparcidos por el mar Egeo
- Cantos Celestiales al toque de un ukelele comprado en Singapur.
- Unos 10 litros de elixir de aguas Mediterráneas filtradas por la siempre deseada Jenny.
- Los 2 últimos huesos de Jamón para el puchero y sus lágrimas al despedirnos de ellos.
- Unas ramitas de hierbabuena de Turquía.
- Patatas, pollo, zanahorias, puerros, cebollas y dos nabos, listos para suplir la ausencia de nuestros grandes cocineros.
- Garbanzos en remojos que deberían haberlos incluido en la crónica anterior
Preparación:
Busqué el lugar más soleado del barco para comenzar a escribir esta crónica, donde cambiamos grados de latitud para ganarlos por temperatura.
Aún así no está de más combatir los grados que se resisten a subir con un buen puchero dirigido por Choco. Y así los ánimos a medida que el caldo hervía iban reconfortando a la tripulación que se veía perdida sin rumbo ante el caos gastronómico.
El mismísimo dios Dionisios hubiera erigido aquí su Santuario ante tal capacidad pero seguro que se plantearía ser su sumo sacerdote, quizás surgirían riñas por quién podría ocupar ese puesto.
Tras superar el susto se reinstauró en el barco el orden que se llevaron los Antonios desde cuando al abandonar el mismo se negaron a dejarnos preparados los Tupper de la travesía hasta España.
Desde aguas griegas Pepe os manda saludos.