09 De Almería a La Caleta de Vélez.
Hemos navegado plácidamente, con mar rizada, y viento de F3. Ahora ciñendo, ahora de través, jugando con cuantos roles nos obsequiaba el día. Y así, fuimos navegando, pasando las horas, a unos cinco nudos.
Dio tiempo para cocinitas, para lecturas, para relax, teléfonos, y todo. Tan plácidamente íbamos, que nos negamos a poner motor para llegar a ninguna parte. Así, que estudié los fondeaderos posibles, y opté por el de Castell de Ferro. La Herradura me entusiasmaba más, pero ya estaba bastantes millas delante. Nada, nada. Fondeo aquí. Ya eran las 2030 UTH, y creí que buen momento para fondear en sitio desconocido. Arena y barros. Fácil. Toda la playa está acotada con boyas delimitando la zona de baño, fondeo con 10 metros de sonda. Y por si acaso, por si acaso siempre hay un por si acaso, tiro treinta y cinco metros. Hizo el farolillo, y la bola de fondeo.
Procurando el fondeo de Castell de Ferro
Y marchó el sol, y con él el día. Empieza el esplendor del alma.
El farolillo me gusta izarlo, para mí es toda una liturgia. Y me encanta recogerlo por la mañana, todavía con su mecha encendida, como si estuviese esperándome toda la noche. Hay un complot entre él y yo. Si un día tengo novia, espero que no sea celosa.
Y la bola, pues lo estuve pensando. En Portugal, imprescindible. Te llaman la atención si no la tienes. Y aquí, bueno, aquí la normativa es la misma, también. Pero salvo algún extranjero, que no todos, no la he visto. Y me pensé “si la norma dice que hay que hacerlo, ¿por qué no lo hago?”. Y esta vez, la icé. ¿Por qué le llamamos bola, cuando no lo es?. Lo parece, pero no lo es. Y lo que parece blando, no es blanco. Digo “parece buena persona”, y, claro, le estoy quitando la esencia de serlo. Bueno, pues la bola a la cruceta de babor. La está vigilando el gallardete de La Taberna. Deshilachado y sufrido ya, pero gallardete.
Por la mañana siento las campanas de no sé dónde. Campanas de las de verdad, nada de digitales, ni virtuales como nuestras cervecitas, no. Campanas con sabor y sonido de campana. Y con ese placer, levanto el fondeo, hizo velas, y poco a poco, cabeceando a los nuditos que el viento me da, sin mar, con esa F2, dejo atrás Castell de Ferro.
Marchando del fondeo de Castell de Ferro, rumbo a La Caleta de Vélez
Y otro día estupendo. Mar rizada. F2/3. Navego a 5 nudos. Hago varios bordos porque el viento me entra a 30º. Y son largos. Pero avanzo plácidamente.
Me llama el cofrade Yuyu. Nos esperará en puerto esta tarde, y prometemos unas copitas. No sé si comprarme un aparatillo de esos para medir la alcoholemia.
Navegamos todo el tiempo a vela. Tiro la caña. Una caballa. Tenía previsto hacer una lubina, que había comprado en Almería, al horno. Así, que para el horno lubina y caballa. Primero, un lecho de patatas bien finitas, con una cebolla a tiritas. Antes de que se doren, añado dos tomatitos. Bien doraditas. Y les hago un huequecito, y pongo el pescado con sus trocitos de limón. Y horno, que ya está caliente. Unos minutitos, y rico, rico.
A punto de comer, ha venido otra caballa, ésta más grande aún que la primera. Pero la hemos guardado para otra ocasión. Como ya tenemos bastante, recogemos la caña.
Son las 1715 UTC, y estamos a 5 millas de La Caleta de Vélez. Navegamos ahora a 3.5 nudos. Nos resistimos a poner el motor. Ya llegamos, ya llegamos. Llevamos música clásica. Un compendio. Bach, Chopin, Mozart, Albioni, Pau Casals. Una pasada. ¡Qué paz!. ¡Jo, qué bien!.
Me imagino entrando en el puerto después de un día tan estupendo así. Ahora, el coro de Nibelungos.
