¡Qué bonitas estas fotografías! Y da gusto ver a los chicos y a ellas

en diversos momentos de un deporte que, además de la dureza que se intuye que tiene, es de una extraordinaria elegancia. Ver deslizarse una trainera con la armonía de movimientos de remos y remeros es un auténtico espectáculo en si mismo. Si le añades la competición, ya tiene que ser emocionante.
Y en estas fotos, además, intuyo que a Iorpi hay que regalarle un buen babero, porque él es muy grandote y porque la ocasión lo merece. ¡Enhorabuena!
