Portimao (Portugal), 26 de febrero 2011.
Estamos llegando a Portimao, un final de viaje anticipado, digo esto por los familiares de la tripulación que debido a la proximidad de Huelva y Sevilla se acercarán a saludar a los suyos que tanto tiempo llevan fuera. No cabe duda que nos hubiera gustado que nuestra llegada hubiera sido el mismo puerto que nos vio partir, qué le vamos hacer, las exigencias del guión. Para otros el recibimiento de los suyos será en Sevilla o en Cádiz, pero qué más dá, estamos en casa, España, Andalucía, nuestra España que tanto la hemos echado de menos, sobre todo en aquellos días del campeonato del mundial de futbol en Shanghái.
Como muchos sabrán, tocamos Alicante, como puerto de arribada, para resguardarnos de lo que se nos echaba encima, de haber continuado hacia el Estrecho. Alicante ha sido una gratísima muestra anticipada del recibimiento que esperamos; decía alguno de mi gente –"Capi qué alegría pedir una cervecita Cruzcampo y que te entiendan"-. Como puerto accidental de llegada, nada estaba previsto pero el calor de los amigos que allí hemos hecho, ha sido una muestra anticipada de la alegría que supone el regreso.
En estos últimos días de navegación, se apercibe en el ambiente una dualidad de sentimientos, sensaciones encontradas; por un lado la alegría de volver después un año de viaje, y por otro sentir con tristeza, el final de esta locura de sentimientos, aventurillas, refresco de geografía, contraste de culturas, las altas temperaturas de la Península Arábiga, monotonía de las largas travesías, la simpatía de los recibimientos en Taiwán, Hong-Kong y sobre todo Filipinas, nuestros “amigos” los piratas, el mar Rojo, Suez, el frío de Estambul y la placidez del Mediterráneo con su pintoresco Canal de Corintho.
En resumen, alegría por volver con los nuestros y pena por sentir que la separación de los que han sido nuestros colegas, qué digo, nuestros hermanos durante este tiempo, toca la separación. Cada uno a luchar por su lado, que la cosa está durilla. Pero no cabe duda que nunca olvidarán este año y nunca nos olvidaremos entre nosotros.
Tal día como hoy (25 de febrero) llegábamos a Sevilla procedentes de Huelva donde, después de su botadura en Punta, se había alistado el Galeón. Subimos por un río a bebe ratón, después de las lluvias que provocaban inundaciones en alguna que otra población andaluza y después de una difícil espera frente a la esclusa, entrábamos en el puerto de Sevilla donde quedamos amarrados esperando, con la mayor de las ilusiones, recibir la orden de salida, tiempo que se aprovechó para los últimos retoques, retoques que nunca eran suficientes debido a la exigencia en la perfección de nuestros “Almirantes” Ignacio y Joaquín.
Empieza el viaje y las millas recorridas se cuentan por cientos y luego por miles y, como negar, que en más de una ocasión me pregunté “quien te manda meterte en estos jaleos”. Y aquí estamos finalizando el viaje de casi un año y cerca de 24.000 millas, algunas más que si se hubiese dado la vuelta al mundo siguiendo el ecuador. Y como en todas las historias, los recuerdos malos empiezan a difuminarse empañados por los buenos, que sin duda, han sido muchos más.
Ahora llega el momento de los agradecimientos que, si bien, nunca serán suficientes no hay que dejar de mencionarlos por lo merecidos. Hay recuerdos que quedarán en mi memoria de por vida, como el de aquel día que en el varadero de Punta Umbría donde Ignacio y Joaquín me propusieron ser el capitán del Galeón, durante tres segundos lo pensé y acepté (si lo pienso más….), pues a pesar de los pesares, nunca os lo agradeceré suficientemente. Al personal de la fundación que desde Sevilla han sido nuestros ángeles custodios y sobretodo, agradecer a los auténticos protagonistas y la clave del éxito de esta historia, LA TRIPULACIÓN con letras mayúsculas, por su calidad profesional y lo más importante su calidad humana, los que fueron y los que volvieron. Nombrarlos a todos sería largo e innecesario, decir que desde el primero al último han trabajado sin descanso y con ilusión, han cumplido como auténticos hombres de mar, desde el 1º oficial, capitán Murube, que tan fácil ha hecho mi trabajo desde que embarcó en Colombo, hasta el último voluntario y las familias que han confiado en nosotros ¡Gracias a todos!.
“El Galeón anda pal ante, el Galeón anda pa…………"
A. G. de la Cruz Fernández