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Antiguo 04-03-2011, 21:03
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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Los grandes marinos del siglo XVIII

Bueno, otro trocito de esta historia.

Ya le tenemos nombrado, a nuestro joven Toni, titular del jabeque correo (llamado el León) por una Real Orden de 17 de junio de 1935. Sortearía, cumpliendo su cometido, las embarcaciones piratas con la misma maestría que había aprendido de su padre y que había puesto en práctica él mismo, muchas veces, a causa de la precaria salud del viejo Barceló. No es extraño que dos años después de su nombramiento llevando el correo y a un grupo de dragones y de soldados de infantería se tope con dos galeotas argelinas de aviesas intenciones. No rehúye el combate y maneja la situación tan airosamente que las galeotas ponen pies en polvorosa.



Le valdrá para que el Almirante General de España y las Indias, el Infante don Felipe, le nombre Alférez de Fragata. El valor y el buen hacer en un plebeyo, aun sin estudios, valían tanto como en un noble en este caso. Pero esto era excepcional (aunque los tiempos estaban cambiando) y no era bien comprendido por los oficiales “de toda la vida”. Ya sabemos que en la España de los siglos XVI y XVII existía como una especie de doble aristocratización de muchas de las familias nobles que, al no soportar ser dirigidos por un villano, mandaban a sus hijos a las Universidades: si los estudios ennoblecen y procuran oportunidades, reservemos los estudios a los nuestros. Desde Felipe II, nobles y letras habían ido asociados y los altos puestos administrativos en la Corona, salvo rarísimas excepciones, eran desempeñados por nobles (aunque a veces fueran de la baja nobleza o hidalgos, porque los reyes muchas veces desconfiaban de los Grandes) pues, según la mentalidad de la época, sólo la clase noble daba la autoridad necesaria para mandar.


El Real sitio del Buen Retiro, J. Leonardo (1636-1637)

Esto irá cambiando a mediados del siglo XVIII pero despacio, pues aun en época tan tardía como 1802, al crearse en el Palacio del Buen Retiro (trasladada luego a la calle Alcalá) la Academia de Ingenieros, se establece en el artículo III de su reglamento, que para ser admitidos en ella los pretendientes debían ser hijosdalgo notorios o hijos de tenientes coroneles del ejército u oficiales de superior grado y, luego, en el Reglamento de 1815 se les exigió además, probar la nobleza materna. Las Cortes de Cádiz. por Decreto de 19 de agosto de 1811, confirmado por otro de 9 de marzo de 1813, resolvieron la supresión de las pruebas de nobleza para el ingreso como cadete en el ejército. Fernando VII las restableció por Real Cédula de 17 de junio de 1814. Durante el período constitucional fueron de nuevo suprimidas por una Real Orden de 21 de mayo de 1820. En octubre de 1823, Fernando VII derogó el decreto y sólo cuando este monarca muere, desaparecen definitivamente con los Reales Decretos de 21 y 28 de septiembre de 1836.


Palacio del Buen Retiro a pricipios del siglo XVIII, grabado de Juan Álvarez de Colmenar

Todo esto viene a cuento de lo difícil que debió ser, para nuestro héroe, el trato con sus colegas. Otra cosa era la marinería. Sus subordinados le adorarán. Y así seguirá nuestro Antoni durante diez años comunicando la Península con las islas.



Bahía de Palma en 1720. Detalle de un grabado sobre la Guerra de Sucesión.

El ir y venir de Barcelona a Mallorca no era casi nunca tranquilo y, precisamente, esa falta de tranquilidad hará que su nombre vuelva a ser bien sonado en la primavera de 1748.
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Editado por Crimilda en 04-03-2011 a las 21:07.
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El Piloto (04-03-2011)