Mi amarre está en un rio.
El rio tiene un puente.
Mi barco está casi debajo del puente.

Una mañana bricolajera al salir a la bañera observé una pátina gris en la cubierta y, simultáneamente, unas flores arrastradas por la corriente.

Al mirar al puente, constaté un grupo de no menos de 15 personas vestidas de domingo que miraban en todas direcciones silbando.

Un par de horas después, salí al mar y con la ducha aclaré los restos del finado que fueron al mar a traves de los imbornales.

Así que la mitad del sepelio del ignoto fue cosa mía.

Suerte!
