Decididamente, Frank y Miah, ... estais enfermos!!!
Desgraciadamente no os puedo contentar con las fotografias que deseais de "coneheras y teteras" porque no tengo el permiso de sus protagonistas.
Otra vez será my friends.
Olaje, he hablado con ellos hoy y habían estado por el desierto.
Siguen en Túnez y me ha dicho JA que mañana intentará conectarse de nuevo antes de partir hacia Sicilia.
Sigamos que ya queda muy poco.
Sábado 7 de julio.
Pasamos la noche sin novedad.
A primera hora de la mañana el mar continuaba estando como un plato y en la playa ya se veía mucha más actividad de bañistas y algunas barcas, evidentemente de pesca y reconvertidas estivalmente en barcas de paseo para turistas, se acercaban a la orilla para recoger a sus pasajeros.
Cagliari estaba ya muy cerca y por lo visto esa playa y ese lugar era habitual para muchos de sus ciudadanos que se disponían a pasar en ella su fin de semana.
Fueron llegando más barcos que fueron fondeando holgadamente por la rada. Hacía muy buen día y nosotros también nos preparamos para pasar un día de relax, baños y sol.
Nuestro último día para cuatro de los tripulantes del Caps ya que al día siguiente teníamos que emprender el camino de vuelta hacia BCN.
A medida que iba pasando la mañana también fue subiendo el viento. Ahí teníamos ya el SW previsto, pero de momento era más que soportable y no pasaba de F2.
Después de la post comida (siestas, lecturas varias, parejas que se encierran en sus camarotes... - comentario dedicado especialmente a los amantes de la literatura "torrida"- ;-) , dimos las gracias a ese lugar que nos había acogido y permitido pasar unas horas de tranquilo fondeo en sus aguas y pusimos proa al puerto de Cagliari que estaba a unas 20 millas.
El viento ya había subido un poco más
Corcaroli, ejercitándose en la dura y árdua tarea del sufrido navegante.
Pasamos junto al puerto deportivo de Perd'e Sali antes de adentrarnos en la gran bahía de Cagliari. La verdad es que llegar a ella por el sur es bastante "feota". Lo primero que te encuentras es una zona en la que hay una refinería de petroleo, con sus chimeneas escupiendo fuego y humo por sus bocas, un montón de barcos cisterna atracados en sus muelles y otros esperando turno. Hay que pasar junto a unos canales de entrada debidamente señalizados para estos monstruos flotantes y al fondo se veía ya la nube de contaminación típica que no permitía ver con claridad la ciudad de la que procedía.
Vimos enormes ferrys que entraban y salían del gran puerto de la ciudad, nos cruzamos con algunos barcos de pesca que nos lanzaban gritos de complicidad y expresiones de simpatía cuando veían nuestro pabellón.
Llegamos frente al gran dique que protege la dársena interior del puerto y que a su lado tiene el Estadio Comunale de Futbol de Sant'Elia.
Antes de entrar por su bocana tuvimos que maniobrar y dejar pasar un par de motoras que lejos de respetar las reglas de preferencias salieron por el lado que nos correspondía a toda máquina y, por fin, entramos en el puerto.
Pintada en el muro de entrada de los "Boixos Nois" locales
A todo ésto, eran ya más de las 19 horas del sábado.
Habíamos visto en las cartas y derroteros que dentro del gran puerto había diversos puertos deportivos y escogimos el de Sant'Elmo que nos pareció el más adecuado.
Nos acercamos a sus instalaciones y comenzamos a llamar por radio por el canal indicado en el derrotero. Una vez más obtuvimos un continuo silencio por respuesta. En esa zona hay varios puertos deportivos unos junto a otros y algunos ponía en la guía y se podía leer en carteles en sus pantalanes flotantes de que eran "privados", lo cual no sabíamos muy bien que quería decir ni si aún siendo "privados" acogían barcos en tránsito. Ante la duda y habiendo otras opciones fuimos acercándonos a las instalaciones que creíamos eran las que marcaba en las Imray como las de Sant Elmo y como seguíamos sin ver a nadie ya con la intención de meternos y amarrarnos nosotros mismos en donde pudieramos.
Finalmente vemos en un extremo de un pantalán a un marinero que nos hace señas para que nos pusiéramos en una punta de un pantalán junto a una enorme motora Riva y frente a un velero neozelandés.
Esa es la punta de pantalán que nos asignaron
Lo siento porque a partir de aquí tengo ya muy pocas fotos
Amarrar ahí tuvo su complicación pues era un lugar pensado para un barco de mayor porte y aunque nos ayudaron con las amarras y la guía del muerto que estaba que daba asquito tuvimos que utilizar los winches para poder terminar de colocar bien el barco.
Terminada la maniobra le pregunto al simpático italiano propietario de la enorme Riva si aquello era Sant Elmo y me contestó entre risas que no, que era el puerto de Su Siccu y que era mucho mejor, "pues como debe de ser el otro" pensé yo, viendo ya más detenidamente las instalaciones.
Preguntamos al marinero que nos recibió donde estaba capitanía para el tema de papeleo y nos mostró una especie de carpas que se veían sobre otro pantalán flotante al fondo. La carpa era la biblioteca-bar-restaurante- local social del puerto y una de sus mesas ejercía como oficina del mismo. El precio fue de 18 euros con lo que tampoco podías exigir demasiado ¿no?.
Se veía una zona contigua que estaba en obras y que imaginamos sería las futuras nuevas instalaciones. Aunque la carpa no parecía algo muy provisional y nuevo. Daba la sensación de que su sospechosa provisionalidad databa ya de unos cuantos años .
Hechos los trámites de entrada les preguntamos por las duchas y servicios y nos muestran otra carpa contigua más pequeña y con peor aspecto si cabe.
En fin, que como esto de navegar te curte y te cura de espantos, nos fuimos a darnos una buena ducha y aunque ciertamente las instalaciones eran bastante precarias y guarrillas, el agua salía que quemaba (textualmente, había que ir con mucho cuidado).
Al rato veo llegar un señor que parecía bastante mayor y con aspecto de no haber probado el agua dulce (ni por fuera, ni por dentro) desde hacía unos cuantos lustros. Iba en una semirígida, a una considerable velocidad y que frenó su arrancada de una manera... digamos poco delicada, chocando contra el propio pantalán y subiendo parte de la proa al mismo. Observando la embarcación y su estado se diría que esa era la práctica habitual de atracar.
Iba con tres perros de "raza indeterminada" a bordo, que fueron recibidos por dos más que no sé de donde salieron y se liaron a pelearse ahí mismo entre ellos sin que su propietario les hiciera el más mínimo caso.
La manera de andar por el pantalán del susodicho creo que era más debido a la influencia de una alta concentración de alcohol en sangre que al mal de mar.
Tal como fue saludado y como le dió novedades el marinero que nos había "alojado" me hizo entender que ese personaje o bien era el encargado jefe o el mismísimo propietario de esas instalaciones portuarias.
Nos miró sin vernos, emitió una especie de sonido gutural sin que detrás de su poblada y raida barba blanca se percibiera movimiento alguno, quizás dijo "ciao" o algo parecido, pero a mi me pareció más a alguno de los sonidos que he oido en algunos documentales sobre animales rumiantes, y se dirigió al bar, o mejor dicho, a su bar-oficina.
Soy consciente que con la descripción que estoy dado de él pueda parecer que estoy hablando de un familiar del propio Yeti, pero os aseguro que a pesar de todo ello me cayó muy bien y me dió la impresión de estar ante un auténtico hombre de mar y que estaba ya muy de vuelta de todo. Comprendí entonces que el estado de las instalaciones eran un fiel reflejo de su propietario y armonizaban adecuadamente con el mismo.
Los reyes del puerto eran sin lugar a dudas, los perros. Campaban a sus anchas, meaban en las torres de luz y sobre las mangueras de las embarcaciones y casi yo diría que te miraban con cierto desparpajo y desprecio.
- "Me gusta este lugar, lástima que tengamos que marchar mañana" pensé.
Una vez limpitos y acicalados nos dispusimos a ir a la ciudad a cenar.
Salir del puerto no fue tarea fácil pues la salida quedaba oculta entre las obras y después de dar unas cuantas vueltas y pasar varias veces por el mismo sitio, un tripulante de una embarcación griega (pedazo de velero) no sin un cierto cinismo nos indicó que
- "si habeis mirado por ahí y por allá y, no es, ¿por dónde es?"
ante lo cual era evidente que la única salida era a través de un caminillo que se veía junto a las obras.
Le dimos las gracias y salimos de ese espacio-tiempo un tanto ... surrealista con la intención de pasear y adentrarnos en la ciudad.
(jo, como me enrollo, en cuando pueda continuo).