El deseo, es en mi mente un susurro;
que despierta el sueño de la ternura,
con la emoción sentida sin censura
por acariciar tu cuerpo desnudo.
Con un dedo rozo pliegues ocultos,
recorro tu piel con besos de aura
en un peregrinaje sin cordura,
recitando salmos y conjuros.
Invoco a Eros con rezos y cultos
y en sus manos dejo mi buenaventura
lanzando al viento besos de ternura
para que cubran tu cuerpo desnudo.
Mi caricia en tu piel es un susurro
que va trazando en tu nívea blancura
la melodía de la partitura
cantada por mis besos y conjuros.