Días tranquilos de sol, fondeo, bocata, cervezas y baño.
Una plácida felicidad.
Días moviditos de chubascos, rachas, rizos, olas y café en puerto para entrar en calor.
Una intensa felicidad.
Pasar el tiempo ordenando, revisando y reparando pequeñas cosas.
Una satisfactoria felicidad.
Llegar de últimos en las regatas con muchos fallos y aprendiendo de los que saben.
Una didáctica felicidad.
Ayudar y que te ayuden en el pantalán con las amarras, cargando pertrechos, compartiendo trucos y astucias.
Una comunitaria felicidad.
Si es que un barco es un barco, claro, a ver quién discute eso

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