
06-04-2011, 16:49
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Hermano de la costa
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Un hito motivo de orgullo
Por desgracia no dispongo del tiempo que quisiera pasarme por aquí. Lo que a mi me parece imortante no suele serlo para la mayoria, pero por si le interesa a alguien os mando estas notas.:
Hace ya muchos años, me propuse colaborar en demostrar que de nuestros puertos se han hecho a la mar los mejores marinos del mundo. Tratando exhumar del injusto olvido las gestas que protagonizaron, olvidadas hoy por la historiografía oficial, seguí la estela de aquellas rutas marítimas que en pasado trazaron por primera vez en la Historia nuestros marinos. Tomé de guía los derroteros que nuestros ilustres predecesores cumplimentaron minuciosamente para el mundo de la navegación, corriendo innumerables riesgos y llegando a buen puerto gracias a su portentosa habilidad como marinos.
Durante los próximos meses, en el conocido en la Antigüedad como golfo de los ártabros, a unos cables del faro que conmemora la victoria de Hércules sobre el gigante Gerión, se producirá un acontecimiento relacionado con la náutica sin precedentes en la historia de la tecnología y el transporte marítimo.
El barco de transporte sumergible más grande del mundo, que tiene capacidad para elevar a un tiempo dos plataformas petrolíferas, vendrá a recoger una fragata australiana construida en Ferrol. Una fragata tiene decenas de metros de manga, pero de quilla no tiene más que una cuarta, lo que hará muy complicada la maniobra de estiba. Un solo día de retraso en las maniobras tendría un coste de millones de euros. No quisiera estar en la piel del jefe de prácticos, mi admirado amigo Pepe Bermúdez, que desde que tiene el mandato de dirigir esa maniobra y hasta que la concluya felizmente, entiendo no debe dormir muy tranquilo.
Tan complicado transporte llevará a nuestras antípodas una fragata que sobresaldrá por el costado muchos metros del espacio del barco que la desplazará. ¿Por qué un país lejano y más industrializado que España confía en nosotros para llevar a cabo esta inédita empresa?
Me he apresurado a regalar un libro a uno de los responsables de esta gesta. Era un ejemplar editado por la Real liga Naval Española. En él se recogen los fracasos y torpezas de nuestra historia náutica: barcos lentos, sin estabilidad o sin el suficiente escantillón y protección acorazada. Barcos que no disparaba o no podían ser armados como era requerido para la función que se esperaba de ellos.
Pero unos coetáneos nuestros, precisamente los destinatarios del libro, entre otros, han conseguido cambiar la historia gracias a su trabajo, dedicación y esfuerzo.
La razón de que hoy acudan a nosotros no sólo los australianos, sino incluso los noruegos, ‒ hasta ahora considerados como los mejores constructores ‒ es que sin faltar a la verdad hoy podemos decir que en algunos campos, somos los mejores en construcción naval.
Incluso los barcos más emblemáticos de la imponente armada rusa, entre los que se incluyen portaaeronaves o su orgullo: un lanzatorpedos atómico han preferido la tecnología española para resolver cuestiones de abastecimiento cruciales como son los evaporadores, que aprovechan la energía térmica residual para garantizar el suministro de agua técnica y potable de aquellos buques con dotaciones de miles de hombres.
Sin caer en el triunfalismo, creo que esto supone un importante motivo de orgullo para nuestro país.
La formación y el conocimiento que poco a poco hemos ido adquiriendo en nuestras universidades y empresas han dado fruto. Un viejo maquinista naval me comentó que hace cincuenta años éramos subalternos, marmitones, marineros rasos o fogoneros. Pero el esfuerzo, la formación y el talento con el que contamos hoy, nos han llevado hasta los puestos y tareas de mayor responsabilidad en de la marina mercante y la industria mundial.
Hace algunos años, concluí el bojeo de la Isla de Cuba delante de los pecios de la flota de Cervera. Aquellos despojos oxidados, abandonados al embate de las olas durante un siglo, representaban el fin de un imperio perdido que dominó unos territorios en los que no se ponía el sol. Su final propició el nacimiento de lo que se dio en llamar pesimismo intelectual español. Pero quizá, igual que un triunfo deportivo de nuestra selección puede contribuir a cambiar una mala percepción de nosotros mismos como sociedad, este hito tecnológico, debidamente valorado, puede ayudar a aumentar nuestra autoestima, y por ende nuestro desarrollo industrial y social.
Nuestro ilustre europeísta y coruñés Madariaga fue el gran historiador del imperio y, como Humboldt, se lamentaba ante los archivos de Cuzco, el denunciaba la dejadez de los españoles ante sus símbolos y sus héroes. Según Madariaga, «la verdad es, y es un promontorio de diamante donde las olas del tiempo no logran hacer mella».
Hay verdades que es muy pertinente divulgar hoy, para que la percepción de nuestras capacidades sea más cercana a la realidad, a una realidad que hoy nos está acercando a los mejores hallazgos de la tecnología y el conocimiento.
Ojalá este hito tecnológico que veremos en aguas coruñesas pueda servir a ello.
Os prometo todas las fotos que pueda conseguir.
 
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