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Predeterminado Re: Enfermedades de los armadores deportivos

para tod@s

En este afán de tipificar el perfil psipógrafo de la vesania náutica nos lleva ahora al Romanticus Severus.

Este espécimen, para satisfacer sus necesidades, utiliza una fuga de la realidad y para su puesta en escena, utiliza elementos expresivos emergentes de su experiencia, pero inconscientemente, la rellena con una fantasía desbordante que desarrolla una imagen plástica idealizada que expresa, enriqueciéndola posteriormente, con una palabra ilustrada, llena de matices y datos ciertos, expresados con la convicción de lo ya vivido.

Este proceso de competencia entre la realidad empírica y realidad ilusoria se contraponen tan enconadamente que dan, como resultado final, la construcción , con estos dos materiales, de una peripecia vital tan fuerte que su desaparición implica la destrucción completa de la personalidad del paciente y por ende la ausencia de un proyecto de vida factible.

Esta idealización excesiva está vinculada con la negación mágica omnipotente: sentir que la acción le pertenece y que él la creó pero sin ningún rigor temporal.

Habla desde que se compró el primer velero, de retirase del trabajo y vivir en su barco navegando lentamente de puerto en puerto y después, a la menor insinuación, describe su periplo prodigiosamente pormenorizando las costas, las escalas, los puertos junto con las costumbres de los lugareños.

Un relato estremecedor preñado de aparatosas y coloristas descripciones al detalle.

Aunque es un pozo de sabiduría en cuanto a teorías y procedimientos, que van de la obtención del agua dulce en un trópico de cielo azul a la ácrata educación de los hijos a bordo sin el cementerio de contenidos que es un libro de texto, se le ve capaz, y al mismo tiempo, de instalar un timón de viento o reparar el fogón de la cocina pero desconcertantemente resulta insólitamente idiota a la hora de ejecutar lo que realmente le gustaría: zarpar de una vez por todas.

Los analistas de este fenómeno, estos ingenieros de la conducta que nunca descubrirán la fecha del zarpe, lo describen como amigable, entusiasta, generoso y enamorado de la mar pero no se ponen de acuerdo en la forma en la que enriquecen sus desvaríos toda vez que hay suficiente evidencia clínica que sustenta las diversas teorías.

Unos sostienen que el sujeto se complace en leer relatos de libros aventureros y revistas, donde encuentran los paraísos que alcanzará cuando se decida.

Otros se sustentan en los pacientes abordan a los extranjeros que atracan en el puerto deportivo y les invita para hacerles contar sus singladuras y que les expliquen los detalles para poder rellenar los espacios vacantes de peripecias en sus mentes calenturientas.

Y los últimos se apoyan en que el enfermo genera estas fantasías espontáneamente, sin estudio previo, y confabulan de motu proprio sus quimeras con un arte muy de admirar pero con peligro; ya que son capaces de narrar en bares y reuniones sus viajes como si ya los hubieran hecho, contestando prestamente y con seguridad a las preguntas de los contertulios, llegando a convencer a más de un incauto.

Estar presentes en las disertaciones del alienado, le hará vivir lo mismo en dársenas populosas y rancias de los viejos puertos del Mediterráneo, donde las escalas se alargan en la pesada atmosfera azul de un destartalado bar con una apagada música de acordeón alrededor de una desportillada mesa en animada conversación con los mal encarados viejos marineros o cubierto de collares de flores en una isla polinesia siendo el hijo adoptivo de un jefe rechoncho teniendo a tiro a las jóvenes más bonitas e impúberes ,después de trasegar la bebida más horripilante hecha con la destilación del fruto del noni donde flotaban trozos de lagarto y escuchando una suave melodía a ritmo de pate, flautas nasales y ukeleles.

O simplemente navegando día y noche en comunión con el océano, renegando a las escalas en tierra, sólo con la compañía del viento y los peces voladores.

Mientras que la mente de nuestro paciente se ocupa de estos menesteres, el tiempo sigue pasando y las páginas del calendario continúan cayendo; pasan los meses ,los años y las sucesivas fechas claves para encontrarse con los vientos favorables o las corrientes ecuatoriales benéficas.

De cualquier manera el enfermo siempre está ocupado ya que tiene que preparar los juegos de respeto de las velas, un nuevo estudio de la ruta, la forma de conservación de los huevos de gallina en yeso, el aprendizaje de la salazón del pescado, la instalación del nuevo aerogenerador … en fin tantas cosas que no precisa de hecho largar amarras nunca.

Su sello propio le hace despreciar al navegante corriente y moliente, el que zarpa pero al cabo del tiempo vuelve.

Algún romántibus puede ser que navegue durante sus vacaciones o fines de semana y regrese pero todos tienen alguna excusa que disculpe esa vileza ya que cuando ellos zarpen de verdad no tornarán.

De vez en cuando se produce el caso insólito de que uno de esos especímenes suelte amarras de verdad.

Realmente es un hecho inaudito y peregrino pero es extraordinario presenciarlo.

Sus taquillas de estribor estarían repletas de paquetes de espagueti, arroz y legumbres al vacío y las de babor a reventar de latas de las más diversas especialidades, galletas, panes de molde, chocolates y cafés.

De los baos, y suspendidos por escarpias, colgarían bolsas hechas con un trozos de red, con las vituallas frescas.

Incluso la sentina tendría la misión de llevar las bebidas.

No faltarán varios los bidones amarados a los obenques y en el recién instalado arco, repleto de las más diversas antenas, tendría espacio para arranchar también el garfio de coger atunes que le compró a un transmundista el año pasado.

Acostumbra a zarpar de noche, tras una sudorosa jornada de estiba y carga, agradecido de esta oscuridad que le permite evitar las despedidas y promesas de contactos y correspondencia.

Le seguirán, de todas formas, durante las primeras millas un par de amigos que atracarán más tarde maravillando a la tertulia del bar del Club con sus descripciones del empaque del barco viajero, aunque no faltará alguno que critique el estado del barco, con un casco de 15 años de vida, para tan gran proyecto o quien se pregunte quién ocupará su buen puesto de atraque en el mejor pantalán del puerto, el que menos viento y resaca tiene
.
Van pasando los días y ya apenas se habla de él.

Al cabo del tiempo llega una postal de la isla del Fogo de Cabo Verde que delata su existencia y eso da para seguir hablando y para que su leyenda se agrande pero al mismo tiempo, a medida que el navegante se aleja, a su vez crece también el olvido porque ya no resuena su voz en el pantalán y no se pueden escuchar sus tremendas y elaboradas historias.

Ahora ya prestan atención a otro que comienza a explicar sus proyectos de aventura a viva voz; ha aparecido en el puerto un nuevo romántibus.
 
FICHA TÉCNICA
 
Su barco:
 
Casco y cubierta salieron de un astillero en crisis.
El mástil, botavara, tangón y motor de otras empresas que cerraban.
El interior se ha hecho él, en colaboración con el técnico, al igual que la instalación eléctrica, la mecánica y la fontanería.
 
Distintas patologías:
 
a) Los que construyen su propio barco, ganándose así un plazo más largo
 
b) Los que ya viven a bordo con sus plantas, su gato o perro y el loro.
 
 
c) Los que ya hablan como si ya hubiesen vuelto de todos sus viajes.
 
d) Los que siempre dejan para mañana lo que podrían hacer hoy.
 
 
e) Los que tienen el barco repleto con las cosas más peregrinas e inútiles.
 
Dieta
 
Arroz y cebolla a la Moitessier
Falafel con puré de maní
Maracuya,granadilla,mangostán o rambután
 
Cuando sube a bordo
 
Abre su mesa de cartas para sacar la de Moorea y echarle un vistazo.
Revisa su equipo submarino y engrasa su fusil.
Da de comer al loro unas pipas de girasol.
 
Tripulantes :
 
No tiene tripulantes. Navegará en solitario para encontrar a la polinesia que le dará un regimiento de chiquillos.
 
Sus barcos famosos :
 
El Spray en el que Slocum navegó en solitario.
El Joshua donde Moitessier escribió sus relatos.
El viejo Pen-Duick donde Eric Tabarly se desenvolvía como si fuera una extensión de su cuerpo.


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La siguiente enfermedad que toca describir será la de Corpus Efitientia.


SaludosAndrés
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