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Antiguo 14-04-2011, 11:42
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Corsario
 
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Predeterminado Re: Enfermedades de los armadores deportivos

Para tod@s.

Bien, encaramos ahora el penúltimo caso de nuestro prontuario de las enfermedades del navegante deportivo.

Se trata del síndrome del Nostálgicus Adflictorum , titulo inspirado en una obra de Shakespeare en la nos dice la siguiente frase : "Lo que ya ha pasado y no sirve de ayuda, no debe servir de aflicción".

Se trata pues, de describir al armador que tiene guardadas con cariño en algún escondido cajón, alguna de esas poleas marrones de celotex; sí, aquella fibra marrón impregnada de resina que casi parecía madera.

Por ella pasaban las escotas de poliéster sin alma, que este resignado y seráfico paciente se solaza al recordar, cómo disfrutaba agarrándola con las dos manos para usar todo el peso del cuerpo en su tirón y cómo se clavaba en las manos.

Sin duda era más trabajoso de maniobrar un 24 de aquellos tiempos que un 40 de la actualidad donde ayuda el winche eléctrico y los actuales suaves rodamientos, pero la locura de nuestro reseñado le hará defender a ultranza y con orgullo la maniobra : para relingar el pujamen de la mayor tenían que ir dos tripulantes a la base del palo, y a veces no lograban recuperar más de un centímetro. Y Volvías a la bañera empapado. Eso era navegar.

Según él , lo nuevo no tiene la emoción ni las sensaciones pretéritas porque por ejemplo le encantaba el olor de aquellos salvavidas de espuma forrada de lona naranja, que compraba en aquella tienda de efectos navales para pesqueros, que parecía atraer al moho con una pasión indescriptible, o le ponía la tortura de luchar con los pistones de los mosquetones de foque cuando había que hacer cambio de vela en proa, o le encantaba , porque se sentía un héroe, el encasquetarse la chaqueta de plástico duro amarilla , comprada en la misma tienda, tan húmeda por dentro como por fuera, su pegado bolsillo en el pecho con el bulto del incómodo silbato de su interior que se te hincaba en el esternón porque, por su tamaño, el joío parecía un flautín.

Nuestro deber como investigador, es favorecer las respuestas adaptativas del paciente pero pensamos que estos recuerdos son como una salsa agridulce que adereza el plato náutico; pero no deben utilizarse inadecuadamente porque si su recurso es excesivo probablemente termine en la indigestión que este anormal padece.

Todavía pueden los poseedores de este síndrome, ejecutar algunas acciones invariables en el tiempo como colocar, en la bañera o en la base del palo, aquella funda de cuero,que los años y su uso ha abrillantado, que soporta un punzón inox,un cuchillo de punta cuadrada junto con unos alicates y preferirá beber café o caldo en un tazón de hierro esmaltado con el borde vuelto ,aunque se queme las manos al agarrarlo, que usar esos vasos de plástico antiderrapante blancos decorados con el anclita azul que ahora todo el mundo tiene.

Acepta que las génovas se enrollen, pasen por poleas de rodamientos, que los cabos floten de lo ligeros que son, que haya maquinillas eléctricas, que las ayudas a la navegación sean espectaculares, pero para él todo eso quita emoción al salir a la mar.

Y no está hablando de navegar con los sistemas tradicionales.

¿Cómo va a ser igual encender un aparato para que te dé exactamente tu posición sobre una carta digital en una pantalla que utilizar el Seafix?

¡Con la de emociones que este sistema de posición por radiogoniometría te proporcionaba!

Porque primero había que comprobar si la pila funcionaba lamiendo los bornes de la inusual pila de nueve voltios para que el cosquilleo lingüístico le corroborara su valía, después colocarse los auriculares que se clavaban como banderillas de fuego en las orejas hasta casi congestionarlas.

Sólo un inglés podía idear un instrumento de tortura tan eficaz.

Salir a cubierta a reconocer los distintivos de las emisiones en Morse de los radiofaros con las que el compás situado sobre la caja del aparato daba la demora a tenor de su intensidad.

Cuando el barco se movía decían que el mejor sitio para estas averiguaciones era el lavabo. Y así con emoción, nuestro alienado recuerda las contorsiones que hacía en aquel cubículo mientras que los invitados pensaban en un vicio secreto cuando se encerraba allí cargado con aquel raro instrumento negro y gris con los auriculares colgando y con el lápiz en la boca para después trazar sobre la carta las supuestas estimas.

Aun cuando el sujeto asume que los tiempos cambian, este paciente prefiere anclarse en su pasado náutico para aferrarse a la seguridad de lo ya conocido y huir así del acoso continuo de las innovaciones.

Esta, para él dura realidad, le hacer recordar gratamente sus primeras salidas a vela cuando se creía protagonista de una gran aventura cuando iba a proa a recoger, a grandes brazadas, un génova tres que flameaba con zarpazos de tigre o cuando todavía no había instalado el piloto con péndulo Atoms y se pasaba las horas agarrado a la caña remolcando la corredera de hélice dispuesto a acuartelar el barco si entraba viento para cambiar la vela que en aquel tiempo iba todavía con garruchos.

Se rinde ante la evidencia ,si por azar navega en un ejemplar de los antiguos, que ya que habrán instalado enrollador y GPS con plotter, pero todavía le entra ese estremecimiento singular cuando contempla su forma.

Cierra los ojos y ya se ve navegando con los Sirocco, el Supermistral, los Coronados, la Geisha, el Daymio,el Tornado, el Alisio, el innovador Arpege y los Pumas.

Por mucho que le digan, en su interior seguirá navegando en aquella época en la que eso de salir a la mar era otra cosa.


FICHA TÉCNICA


Su barco :


Elegiría un diseño alemán o inglés de construcción extra sólida.
La mesa de cartas debería de ser grande y con una biblioteca que ocuparía media sala.
Tendría todo preparado para la navegación solitaria.


Distintas patologías :

a) Los puristas,que niegan la realidad moderna y navegan como hace 20 años.

b) Los madereros ,que sólo navegan en barcos de época

c) Los vigilia, que sufren insomnio cuando el piloto electrónico gobierna el barco.

d) Los somniloquia , que hablan en sueños con Chichester y Tabarly.

e) Los quieroynopuedo, que se empeñan en navegar en solitario.

Dieta :


Las Latas de sopa de la Campbell, los huevos duros y el tocino ahumado le lleva a la época que añora.


Cuando sube a bordo :


Se coloca el cuchillo en el cinto.
Se ejercita haciendo diversos nudos marineros.
Le dá vueltas a los winches para oir su sonido.
Pone en marcha un viejo receptor de 27 megaciclos.


Tripulantes :


Valen los que sepan hacer un as de guía a oscuras.
Los que lleven barba,pantalón rojo y si es fumador, lleven una pipa encendida desprendiendo el olor del tabaco Capstan Navy Cut.


Barcos en los que se fija :


Cualquiera de la náutica de los 70 pero le encanta cualquier diseño de Stephens construido por Huismann.


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Seguirá con el último loco : el Atraporum Nautica
 
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<i><b>N<font size=2>ihil novum sub sole</font></b></i>
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