Re: Murphy siempre tiene razón
<FONT size=1>Me lo pidio mi hija Eila - "Mis compañeras del cole y yo cumplimos 30. Queríamos celebrarlo haciendo algo juntas. ¿por qué no hacemos una salida con el barco?". - Y bueno, pues si, pues vale, que sea el domingo 22.07.
Y alli las tenía en el pantalán casi puntuales entre risas y jolgorios, acompañadas de 2 adjuntos que no querían perder de vista a sus parejas.
Por lo que hacía al tiempo pintaban bastos. Negros nubarrones oscurecián el cielo, la mar de levante en estado de marejada + alguna ola despistada que sobrepasaba la media y excedia los 2 mts. El viento bien, entre 12 y 15'. Yo no hubiera salido pero no quise frustrarlas, pense; "Navegamos un rato a vela, no más de una hora y luego me meto en Calafat, amarramos, y si quieren que se bañen en la playa de al lado y luego comemos en el puerto y nos volvemos a l'Ametlla".Así que las llevé al meneo
¡Joer machos!. A los 30 minutos de salir, las alegrias se esfumaron y las caras se pusieron grises y ya luego casi todas, así como los adjuntos, se pusieron a vomitar como posesas donde les pillaba sin atender la instrucción de sotavento. Para más inri, al poco se puso a llover a cántaros con una parafernalia de rayos y truenos realmente espectacular, caían a nuestro alrededor. Con ello llegó el espanto y el temor se unió a las vomiteras y creyeron que estábamos en peligro y la menor escora las inducia a pensar que el vuelco era inminente. El panorama se había vuelto desolador, pero por lo demás el barco navegaba perfectamente y hubiera podido seguir hasta Estambul, así que, visto el panorama, metí proa l'Ametlla zumbando y llegamos al amarre sin problema.
El desembarco fue de pena; calados hasta los huesos, caras descompuestas, gente besando el firme suelo. Es lo que decia, hay dias y circunstancias que mejor es no salir.
Luego, pasados los temores, recuperadas, secas y en el restaurant, la alegria volvio y se rieron mucho contando sus penas pasadas, y viejas anecdotas de compañeras.
Pensé, "Sí, pero a estas ya no las vuelvo a ver el pelo". Me equivocaba pues ese dia y luego en conversaciones de telefono, me expusieron sus sensaciones, sus emociones y todas venían a decir; "Ha sido una experiencia inenarrable, hacia tiempo que no pasaba por sensaciones tan fuertes, la emoción y el acojone me embargaban. ¡Emilio, lo hemos de repetir!, eso si, con mejor tiempo y hacer todo eso que explicabas; tomar el sol en cubierta, fondear en una cala, acercarnos a la playa con el anexo, comer en cubierta, explorar la cueva de los murcielagos en Hospitalet, etc!".
Je, je, je, es lo que tiene el mar, que siempre te proporciona emociones viejas y nuevas, difíciles de hallar en las sosas vidas terrestres.
¡eeeh, y no os penseis que había para tanto. Yo hubiera aprovechado el través para ir hacia Ibiza1function msghref(nMsg) { document.write('
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