La esperanza de encontrar
al
KIBO2 regatero
nos llevó a ser los primeros
nada más el puente alzar.
Rumbo Norte con presteza,
fuera motor,
hizar vela,
no quiero oír ni a mi estela:
sólo brisa mañanera.
¿De dónde es ese chirrido?

¿Es posible que, aunque quiera,
a esta distancia de tierra,
no me libre aún del ruido?
A la costa, ya hay distancia.
Sonidos aquí no llegan.
Buscaré quién los genera,
¡buscaré con suspicacia!
Y me concentro y observo
que no es chirrido: es piar
que procede de algún lar
que localizar no puedo.
Es un poquito a estribor
como a dos metros del suelo
no comprendo en qué agujero
se ha colado un polizón.
En toda la botavara,

por el extremo han entrado
y en el fondo han colocado
la que ya será su casa.
Y no es sólo un polizón,
ni dos ni tres: todo un nido
que aguarda con apetito
que le llegue su ración.
"Pero, ¿mi madre no llega?"
-pía el desesperado-
"Tan mal yo no me he portado
para que me ponga a dieta".
Me cuestiono sin agrado
si morirán de avidez
¡que ya son más de las diez
sin haber desayunado!
Ya estoy amarrado a puerto,
voy de un salto al pantalán
y enseguida su mamá
viene a darles su alimento.
No los ha aborrecido
pronto ya podrán volar
mi barco abandonarán
y yo quitaré su nido
