Originalmente publicado por ktrauma
Hola cofrade. Terminaré arrepintiéndome de lo que voy a escribir, pero, después de una guardia, a veces se levanta uno con ganas de guerra... en el buen sentido de la frase.
Vaya por delante y para que no haya dudas que soy uno de esos que hace, como por aquí lo han definido (espero que con ánimo cariñoso), “bricoespaldas”. Evidentemente cada caso es un mundo y cualquier generalización encierra por definición sus excepciones. Lo que sí me gustaría comentaros es algunos puntos de vista que les doy a mis pacientes a este respecto.
Y es que en lo tocante a las bricoespaldas (me ha gustado el término), hay dos vertientes, una la necesaria, o sea, aquella en la que el paciente tiene una fractura o un compromiso neurológico que hace imprescindible, so pena de agravamiento progresivo de las lesiones, que nos pongamos a la faena. La otra, es la “optativa”. En ella le aclaro al paciente que el que se sube a la mesa de operaciones es porque quiere... pero esto no es “demerecer” nada, o sea: valorado el grado de dolor, el impedimento para una vida más o menos normal, el miedo a una intervención quirúrgica, el pronóstico de sufrimiento a corto/largo plazo, el riesgo a correr... todo ha de ser considerado conjuntamente para tomar una decisión. No es la presencia de una, dos, tres o el número que sea, de hernias discales detectadas en una resonancia lo que hace que un paciente pase por un quirófano, sino el fruto de una decisión meditada.
¿Y después? Pues como todo en la vida. Igual que hay curas para los que todo es pecado y otros que no tanto,... qué aconsejar después? Ya vemos casos como algún famoso torero haciendo de las suyas tras pasar por quirófano, o alguno que conocemos por aquí, que tras fracturarse algunas vértebras y pasar por la bricoespalda se ha vuelto a cascar... esta vez una pierna en plena montaña. Tan sólo tu cirujano, que es quien te ha visto por dentro, y sabe de la “solidez” del montaje, o la amplitud de la descompresión, o la estabilidad conseguida, el entorno musculoligamentario, la “estabilidad mental”, y tú como paciente portador del cuerpo, sabedor de tus molestias y limitaciones subjetivas, y con unas aficiones y expectativas de la vida, podeis llegar a una decisión. Todo lo demás son conjeturas. Desde mi punto de vista, ni todo ni nada, ni blanco ni negro. Ahora bien, la náutica de recreo, para mí, no es de las actividades “de riesgo”, pero insisto, cada caso por separado. Sé que en medio de la masificación de la atención pública a veces es difícil encontrar un rato para exponer todo esto a tu médico, pero quizá “la proxima” revisión sería un momento oportuno para por las claras, con franqueza, poner tus dudas encima de la mesa.
Te deseo mucha suerte. Y, por privado, si puedo serte de utilidad... pos pa eso estamos los cofrades.
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