Discusión: Rincón literario
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Antiguo 03-05-2011, 22:31
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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Rincón literario

Frente a los fatalistas, siempre ha habido quien se toma la tragedia con humor por el gran amor que sienten por la vida. Así comienza la visión de un genio de cómo se debe enfrentar la vida:

"Cuando pienso, amables señoras, que por naturaleza tenéis el corazón sensible y compasivo, seguro estoy de que esta introducción os causa tedio y disgusto por el espantoso recuerdo que va a ofreceros de la peste tremenda que tan crueles estragos hizo donde penetrara, empero, no es mi intención, al relatar ese cuadro apartaros de la lectura de este libro, sino haceros más agradable lo que seguirá a tan triste preliminar. Así como el viajero que trepa penosamente hasta la cima de un elevado monte, goza mucho cuando, al término de su viaje, descubre la vasta y sonriente llanura que a su vista se extiende, asimismo, damas deliciosas, me atrevo a prometeros que, más adelante, os resarciréis rápidamente del fastidio que mi introducción puede causaros.

No quiere decir esto que no hubiese deseado conduciros, por un sendero menos penoso, a los agradables sitios que os anuncio y habría empezado de buena gana por las divertidas historias que me propongo publicar; sin embargo, el relato que vais a leer es de necesidad que las preceda. Por él se sabrá lo que les ha dado la vida y cuáles son los personajes que van a contarlas.

En 1348, la peste invadió a Florencia, la más hermosa de las ciudades de Italia. Algunos años antes se había dejado sentir esa plaga en diversas comarcas de Oriente, causando numerosísimas víctimas. Sus estragos se extendieron hasta una parte del occidente, de donde, sin duda en castigo de nuestras iniquidades, cayó sobre mi ciudad querida. En pocos días hizo rápidos progresos, a pesar de la vigilancia de los magistrados, que nada omitieron para poner a los habitantes al abrigo del contagio. Empero, ni el cuidado que se tuvo en limpiar la ciudad de varias inmundicias, ni la precaución de no dejar penetrar ningún enfermo, ni las rogativas y procesiones públicas, ni otras muy discretas medidas, nada fue bastante para preservarnos de la calamidad.

Durante este tiempo y un martes de mañana, siete damas jóvenes, en traje de luto, como parecía exigirlo las circunstancias que se atravesaban, se encontraron en la Iglesia de Santa María La Nueva"


El Decamerón.- Giovanni Boccaccio
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