Cuando cambié de barco, el nuevo traía funda protectora. Estaba bien hecha y no flameaba, incluso con mucho viento, porque a la cremallera sumaba un zigzag de cabos que tensabas al final. Llevaba tiempo bajarla, por el plegado, y más izarla, pero la tuve un tiempo. Hago muchas salidas cortas, así que era un pequeño engorro, otra tarea que sumar a las demás. Pero lo que me convenció fue un incidente navegando a motor. Había poco viento y tenía planeado fondear muy cerca, en la playa, así que no preparé ninguna vela antes de salir. En medio del canal de acceso al puerto, con la marea baja, el motor sufrió un desfallecimiento y mi respuesta inmediata fue desenrollar la vela de proa para no quedarme sin capacidad de maniobra. Algo que con la banda solar son segundos, con la funda protectora resulta imposible. Al final, por suerte, todo se saldó sin problemas. Creo que con velas convencionales, que siempre vas a tener izadas, la inmediatez de la maniobra sin la funda es un plus (en salidas domingueras como la que comento, por supuesto). El precio también manda: una funda buena es bastante más cara que la banda solar.
