Hola Quilla, a pesar del tiempo, la experiencia está siendo positiva... De momento, lo único que ha dado más guerra es la nevera y mi perculiar sentido del espacio (he comprado como si tuviera una nevera de verdad). Ayer salió un día espectacular pero estuvimos de bricolaje, colocando una placa solar para futuras travesías. Estoy haciendo esfuerzos para no acumular trastos, es lo que más me cuesta, aunque tampoco es tan difícil cuando el espacio es pequeño: en cuanto me dispare no tendré más remedio que tirar cosas.
Creo que no cambio esto por nada... aunque he tenido algún ratillo de pensar si me estoy volviendo loca porque mi intención, a la larga, es deshacerme del piso.
En nuestro caso, no ha habido mucho debate con lo de vivir a bordo. Creo que Forner fue inteligente y dejó que fuera yo solita la que escogiera el camino, si es que lo tenía que escoger. Quizás si se hubiera puesto pesado no estaríamos aquí... respetó mis tiempos, ahí está la clave, creo. Yo sabía cuál era su sueño, y sabía que si estaba en el piso era solamente por mi...
Ayer hablaba con él el tema de las incomodidades: la cocina es pequeña, la pila para fregar también, las duchas están fuera, hay muy poco espacio para la ropa... Le comentaba que esas incomodidades no lo son cuando es algo que eliges: vives en el barco sabiendo lo que conlleva y te lo tomas con buen humor. Sin embargo, debe de ser muy diferente cuando la situación te viene impuesta desde fuera: cada gesto de la vida cotidiana se debe de convertir en un obstáculo. Imagínate la gente que se divorcia y no tiene otro sitio donde ir... Debe de haber un abismo de una situación a otra.
En fin, Quilla, te deseo suerte y espero que tu chico sienta definitivamente ese gusanillo. Si no, siempre se puede hacer una cosa mixta: pasar varios días en el barco y, cuando se agobie, estar en casa otros días...
¿Estais en la Marina? Nosotros sí.
Una
