Harry Pidgeon fue el segundo hombre en dar la vuelta al mundo en solitario, bastantes años después que Joshua Slocum, pero lo hizo dos veces y además en un barco construido por el mismo en una playa de San Francisco (con escasos conocimientos de construcción naval... e incluso de navegación marítima). El barco se llamó Islander, de 34 pies, y estaba basado en las líneas del famoso Sea Bird yawl, como el mío, de 26 pies. Era un hombre humilde y, aún sabiendo que podría haberse hecho muy famoso con su historia, nunca le dio mayor importancia (tardó 7 años en publicar un libro sobre su proeza, y lo hizo ostigado por sus amigos, que querían que este hecho no pasase a los anales totalmente inadvertido). El motivo de hablar de esto en este post es que a veces los barcos más inesperados son capaces de lo más inaudito. En mi opinión, los pequeños veleros están muy capacitados para largos viajes oceánicos.
(No sé si se ve la foto... espero que sí)