Con los nombres de los barcos pasa como con los animales, primero piensas el nombre, luego tienes el barco, y por último, cuando lo empiezas a disfrutar... el nombre no le pega y al poco le has puesto sobrenombre.
Tenían que dejar un tiempo hasta el bautizo.
Mi primer barco se llamaba Haize Alde (viento a favor) y acabó llamándose Caracol (y eso que corría un huevo).
