Me enamoro de ti.
No, por la intensidad
de los abrazos.
Sino, por los besos
que en tus labios
posan mis dedos
al acariciarlos.
Me enamoro de ti.
No, por el fulgor
de los sudores.
Sino, por las palabras,
tanto por las dichas
como por las silenciadas.
Me enamoro de ti,
diciendo que no te amo
para que no huyas, asustada.
Me enamoro de ti,
lanzando besos
a un viento lejano;
con la esperanza
de que se infiltren
en tus sueños.
Me enamoro de ti,
evocando la palabra...
ternura...
como una yegua
lamiendo a su potrillo.
Me enamoro de ti...
pero tus sueños...
no se enamoran de mi.