De acuerdo, Slater y Woqr.
Mazarredo no te excuses: mira qué ladrillo traigo yo...
En este asunto me he vuelto un poco demasiado sensible.
El otro día un joven camarero de un bar al que suelo ir me preguntó con toda confianza dónde estaba Libia, que había visto en la tele que andaban a hostias por allí. Esas cosas me trastornan el sueño.
Es probable que el efecto producido por los ignorantes (prefiero lo de analfabetos sociales, pero es muy largo) no dependa de la densidad, sino de la masa absoluta. Preocupa pensar que, igual que ocurre con el uranio, exista una "masa crítica" a partir de la cual pueda producirse una implosión de lo que era nuestro proyecto de estado: social y democrático de derecho (en ese orden y no por casualidad). Y digo implosión a conciencia. Y no hablo sólo de España.
Hace 100 ó 10.000 años la diferencia entre lo que la gente sabía y lo que necesitaba saber no era tan grande como ahora, con lo que la ignorancia y el embrutecimiento no creaban una tensión tan significativa.
Cientos de miles de ellos han firmado y avalado hipotecas que los condenan a la ruina de por vida. El paisaje se ha llenado de edificios vacíos y estructuras sin acabar que, dentro de unos años, harán que nuestro entorno parezca un decorado de Mad Max.
Muchos se compraron el coche (que dura ¿10 años?) con el dinero de una hipoteca que han de pagar durante 30. ¿En qué rodarán dentro de pocos años?
La peña se casa, tiene hijos y se separa sin tener ni puñetera idea de las consecuencias que cada uno de esos actos tiene. Se dice que vivimos en un sistema que te exige tener licencia para echar un curri el fin de semana, pero en el que cualquier indocumentado puede ser tu padre. Los niños se usan como proyectil para jorobar al cónyuge. Comen mierda. Viven pegados a los juegos electrónicos. Mañana serán carne de psiquiatra muchos de ellos.
La masa consume los medicamentos a tontas y a locas, abandonando el tratamiento de antibiótico cuando les parece que se encuentran mejor. Las infecciones recidivan y pronto tendremos bacterias resistentes a absolutamente todo. ¡Se ha detectado ibuprofeno en la desembocadura de los ríos (se elimina por la orina)! Hay quien toma paracetamol todas las mañanas después de desayunar "para no resfriarse".
Podría seguir con lo que se come, se bebe, o se esnifa, pero ya me he extendido demasiado.
Tienen culpa los políticos, el gobierno, los bancos, los médicos, los chorizos, los mafiosos y los macarras. Y también los abogados y los jueces. Desde luego. Pero creo (y alguien lo tiene que decir de una vez) que hay un cierto nivel a partir del cual la estupidez no es inocente y la ignorancia es culpable.
Dicho esto, hay que hablar claro también de lo demás. La masa está embrutecida pastando ante el televisor las peleas de burdel que les ofrecen todas las cadenas, pero esa situación no puede eternizarse. Tarde o temprano descubrirán que los han engañado, que el objetivo de las “reformas del mercado laboral” consisten en conseguir que el menor número posible de gente llegue a cobrar la jubilación; que la “flexibilización” significa despido sin indemnizar que los pillará endeudados y sin ahorros; que “los mercados financieros” son lo que siempre se llamó especulación descarnada y exenta de piedad. ¿Qué harán esos brutos cuando lleguen a tener carencias serias?
Y mientras, quienes podrían amortiguar un poco el desastre hacia el que nos dirigimos se dedican a odiarse por cuestiones de detalle. Y no hablo ahora de los políticos, sino de aquellos que han sido bendecidos por la naturaleza con dos dedos de frente y una formación superior. Las estupideces que éstos cometen tienen agravante.
Sigamos hablando de si los matrimonios homosexuales son legítimos o no, como si en ello nos fuera la vida. Dejemos que se nos hinchen las venas del cuello discutiendo sobre el derecho a hacer procesiones de creyentes y de ateos.
¿No oís la música? Se llama “Otoño”. La toca la orquesta del Titanic.
http://www.youtube.com/watch?v=VNzNKDGH440&NR=1