Un verano me dió por hacer algo de pulmón en la piscina del camping con unas gafas de natación. Y a saber: pendientes de oro, de esos con perla, cadenitas de oro de tobillo y de cuello, pinzas de pelo, una cadena de muñeca de plata de esas con el nombre, un cordón de sujetar las gafas... y es que los domingos era día de visita de amigos y familiares y se ponía aquello a petar de gente.
Ni me imagino lo que puede haber en un puerto entero de años y años de gente saltando del muelle a los barcos y de los barcos al muelle y reparaciones y curiosos.
Un auténtico tesoro pirata.
