Me levanto a darle el apiretal al niño por la fiebre.

Aunque sea de madrugada, abro la puerta de la Taberna por ver si hay alguna novedad.

Veo en una esquina a Chacho, un curtido marinero y, como tal, humilde. Me siento a su lado, compartimos una botella, y me cuenta en vivo su viaje por Fiji.

Me trata de igual a igual, aunque yo nunca he dejado de ver la costa.
La Taberna será grande, pero los Cofrades son inmensurables.
Suerte, buena proa, y sigue contándonos tu ilusión. Seguro que es mas grande si la compartimos.
