Hombre, yo cuando compro un libro, lo compro para que me guste a priori. Este es entretenido. Es la típica lectura de verano, o de evadirse... El tipo es un cachondo, optimista, y ya. Sigue la tónica de sus otros dos libros. Él se mete en berenjerales sin tener ni repajolera idea, pasa las mil y una... y aún tiene ganas de contarlos para que los demás se rían, o sonrían. Este último es lo mismo, pero llevado a la mar. En resumen, me gustó, lo leí, y lo que es más significativo, lo guardo para volverlo a leer. No enseña nada de navegar, sí de toda una filosofía de la vida y de cómo tomarse las contrariedades. La verdad es que me gustaría tomar unas copas con este tipo... además de con Pérez-Reverte.

