Re: Historias inconfesables
No se si mi historia entrará dentro del capítulo "historias inconfesables", ya que de lo que se trata la historia es algo muy escatológico, aunque sí es de navegación.
Resulta que un día 23 de diciembre de 1976 (aquí verano) nos fuimos 5 jóvenes en un barco prestado desde Mar del Plata hacia Punta del Este (Uruguay), casi 300 millas. Era un velero de madera, de 2 mástiles, bastante viejo pero en buenas condiciones. Tenía un motor diesel Mercedes Benz marinizado que funcionaba bastante mal y siempre había olor a gas oil dentro del barco. De esos olores dentro de los barcos que son tan característicos de ellos.
En fin, que después de un día de navegación, ya día 24, día de Nochebuena, durante la tarde pescamos con una línea de arrastre una palometa mas bien grande. La palometa es pariente de las pirañas, no tiene escamas, es de forma ovalada, gris plateada tornasolada y con unos dientes mas bien filosos. Es comestible y de hecho se vende en pescaderías de todo el país.
Luis, que hacía de cocinero en el barco, hizo para la cena tallarines con salsa de pescado, obviamente con la palometa pescada a la tarde.
Durante las ultimas horas de la tarde se presentó una tormenta del sur, con viento frío, nubes oscuras y grandes olas, que iba a durar toda la noche. De hecho esa noche vimos luces de San Telmo en el tope del mastil.
Durante mi guardia fue todo bien hasta que fui a dormir como a las 2am, pero el movimiento del barco, el olor a gas oil mezclado con el de la olla que había quedado con un resto de los tallarines con salsa de pescado, y yo tratando de dormir en la conejera al lado de la cocina con esa olla echando olor, etc etc. De hecho, era mi pirmer viaje en barco y logicamente estaba un tanto mareado...
Tan mareado estaba que en determinado momento y sin poder salir de la conejera, lo primero a que atiné fue a tomar la olla de los tallarines y vomitar dentro de ella...un par de veces. Luego me dormí hasta la mañana siguiente-
No quiero contarles a la mañana siguiente, día de Navidad, al amanecer, el olor que había dentro del barco: el de gas oil mezclado con pescado y con... ya saben el resto de la comida.
Mis 4 compañeros cuando vieron (y olieron) lo que pasó, lo menos que me dijeron fue algo lindo. Directamente me putearon hasta que limpié todo y ahí acabó el incidente que tanto me avergonzó durante muchos años.
Esa mañana se calmó la tormenta, se agotó el viento, el motor no arrancó y llegamos arrastrándonos sobre el agua al atardecer a Uruguay.
Hoy todavía no puedo comer tallarines con salsa de pescado y los olores a gas oil dentro de los barcos no me gustan nada.
Bueno, ahí está mi confesión.
PD: gracias al cocinero, Luis, con el que me pelee muchisimo durante ese viaje que duró 45 días navegando por toda la costa uruguaya, es que compré mi barco propio: me resultó muy dificil navegar con 4 cuasi desconocidos. Reconozco que lo que hice no fue agradable para mis compañeros, pero despues de eso hice lo imposible para preservar la convivencia abordo.
Editado por wanmaar en 12-06-2011 a las 02:35.
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