Llevo años soñando con probarlos.
En la revista "Bitácora" (q.e.p.d.) recorté un artículo de cómo autoconstruirse uno. Cuando emigré a tierras sin mareas lo terminé tirando, claro...
En Normandía, una vez de viaje, ví a unos cuantos pululando por la playa. Una envidia y una gozada verlos evolucionar (bueno, también daba un poco de "cosa" verlos encima de donde unas decenas de años antes hubo una gran carnicería...cosas de la guerra y tal)
Sigo teniendo unas ganas locas de probar uno.

Embat