Seamos sinceros y digamos la verdad.
Porque si no arranca, nos quedaremos donde estamos, llegaremos tarde a comer y la Almiranta, además de dejarnos la comida fría con desdén sobre la mesa nos castigará con el látigo de su indiferencia hasta que con los oportunos mimos y promesas consigamos que la cosa se aparque, que no en el olvido, hasta la próxima vez.
Además del viento, el carril, las fuerzas hidrodinámicas y la humedad del sol.
