
17-06-2011, 12:25
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Hermano de la costa
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Re: "ForoChat"-La mesa del café...
Buenos días familia!!! 
Me sirvo un cortado y os dejo un relatillo marinero
BAUTISMO EN SOLITARIO
Gema estaba terriblemente nerviosa. Era la primera vez que salía ella sola en el barco. Sabía que podía hacerlo todo perfectamente, desde que su marido, Alex, compró el barco hacía 5 años habían sido innumerables las veces que habían salido juntos a navegar. E incluso le había instruido en todos los secretos de la navegación en solitario, con la escusa de que si un día él sufría un percance navegando, ella pudiera solventar cualquier problema y llevar el barco a puerto por sí sola. A pesar de esto, tenía el estómago encogido por la inseguridad que produce hacer algo por primera vez.
El día escogido para su bautismo en solitario lucía el sol y el viento era una suave brisa. Era el día ideal para lanzarse a probar la experiencia. Al levantarse por la mañana, había planificado el día de una forma totalmente diferente y más rutinaria: pasar el día tomando el sol en la playa, como solía hacer cuando Alex estaba ausente por motivos de trabajo. Pero una vez en la playa, y ante la vista del mar y las condiciones atmosféricas, lamentó la ausencia de su marido que le impedía disfrutar de ese excelente día para navegar. Fue así que, de improviso, decidió que ese iba a ser el día de su primera salida en solitario.
Mientras se dirigía al puerto, fue repasando mentalmente todos los pasos a seguir. Conectar las baterías, arrancar el motor... Todas esas cosas que tantas veces había visto hacer pero que como formaban parte de las cosas que hacía Alex en la distribución de trabajos, ella aún no había hecho nunca sola. Gema, siempre tenía como parte de su trabajo, quitar la funda a la mayor, conectar la nevera y colocar las colchonetas en los asientos de la bañera. Cuando iban los dos al barco no tenían ni que decirse nada, cada uno se ponía a la faena de forma automática. Cada nueva labor que realizaba y que no había realizado antes le producía un cosquilleo en el estómago, la emocionaba y excitaba ante la perspectiva de lo que iba a realizar ese día.
Salió del amarre vigilando que no hubiera ningún cabo que pudiera enredarse en la hélice y una vez libre, viró a babor en busca de la bocana del puerto dando una punta de gas al acelerador. Un escalofrío recorrió su cuerpo al ver, desde el timón, toda la longitud del barco avanzando y saberse sola a bordo.
Una vez ya fuera del puerto, puso rumbo proa al viento, conectó el piloto automático e izó la mayor con la ayuda del winch, tal y como ya había hecho en alguna ocasión asesorada por Alex. Cambió el rumbo para recibirlo por la amura de estribor y desenrolló el foque. Momento en que pudo apagar el motor y sentir por primera vez la sensación de paz y satisfacción de notar el barco deslizándose suavemente y con una ligera escora. Estando ella sola a bordo y habiendo sido ella sola la que lo había hecho posible. Tras unos segundos disfrutando de esa emoción, adujó los cabos que estaban sueltos, desconectó el piloto y timoneó manteniendo el ángulo de incidencia con el viento y disfrutando de cada una de todas las sensaciones que la embargaban.
Tras una hora de navegación en que el rumbo la llevaba hacia el horizonte nítido de la inmensidad del mar, algo llamó su atención por barlovento... una aleta salía del agua y volvía a sumergirse, luego otra, luego dos juntas... ¡Delfines!... se sintió super-excitada ante la visita de esos animales a los que tanto amaba y justo el día de su bautismo como naveganta-solitaria. Y un grupo de los juguetones delfines rodearon el barco y acompasaron su rumbo y velocidad a los del velero. Nadando acompasados con el barco salían a la superficie a respirar y volver a sumergirse, unos mantenía el mismo rumbo y velocidad mientras otros cruzaban la proa del barco o pasaban por debajo de él para salir a la superficie por la otra banda. Gema no quiso romper el encanto del momento y permaneció excitadísima al timón observándolos y agradeciéndoles su visita en un día tan especial para ella. Así, debieron estar como quince o veinte minutos. Gema por la excitación no sería capaz de precisar cuánto tiempo estuvieron acompañándola... el tiempo había perdido toda su importancia.
Cuando se fueron y estuvo segura de que no iban a volver, viró por avante y enfiló la proa al puerto ajustando las velas al nuevo rumbo.
Al llegar a puerto y tras recoger el barco. Se fue al restaurante y se comió una paella y bebió una botella del mejor vino para celebrar su bautismo...
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