21 de Junio
Eran las 07:30 y maese Barbablanca (vamos a llamarle Jorge a partir de ahora, que es más corto) ya estaba dirigiéndose a cambiar el agua al canario. Yo aguanto un poco más, pero entre los empujones del líquido y las ganas de salir, a las 08:15 estoy también arriba.
Mientras Jorge se ducha (yo me había duchado ayer por la noche, después de cambiar el aceite al motor) me dedico a arranchar el barco para la salida. Llega y se marcha a comprar pan. Mientras llamo a maese Nano para que se aproxime a darnos una par de cosas y llevarse otro par de ellas, que quedaron anoche en el Kacao. Nos ayuda a desamarrar y vamos a cargar gasoil. Mientras él se marcha en su bici al Cachalote.
En la gasolinera aparece maese Nano otra vez. Está navegando en el Tanga de Polen (no es que las braguitas de Polen sean capaces de navegar, es que el dingui del Cachalote se llama así). Llenamos depósitos y salimos a las 09:45.
Nada de viento. Nada de olas. Nada de peces. Nada de tráfico… NADA. INCREIBLE.
Casi frente a Almerimar vemos un barco militar haciendo maniobras y nos cruzamos con un par de veleros en un vano intento de aprovechar la ventolina del WSW existente. Con el mar como un plato, bastante calina y sin ninguna novedad que reseñar, llegamos a Adra (36º 44,825 N – 3º 1,109 W) a las 14:55.
Llamo al náutico, pero no responden. Aunque es la hora de la comida me extraña el silencio. Compruebo que el walky funciona autollamándome a la radio del barco. Todo está en orden, pero...
Me fijo que el nuevo puerto de la APPA está casi terminado y, en vista de que no parece haber sitio en el náutico, nos abarloamos al nuevo muelle de la gasolina (muy alto, por cierto) que está lleno de gaviotas. Se largan, amarramos y preparo unas salchichas al vino para zampar. El calor es agobiante.
Charlamos un rato y a las 17:00 vuelvo a llamar al náutico. Como si “ná”.
Llega otro barco de bandera francesa. Es un 28.1 con un matrimonio de cierta edad. Les ayudamos a amarrar a nuestra popa y charlo un rato con ellos aprovechando que es mi otro idioma. Veo salir a la señora con los papeles. Le explico que no hay oficina a la que dirigirse. Me pregunta ¿y donde pagamos?. La tranquilizo diciendo que no había que pagar, puesto que el puerto no estaba terminado y no hay vigilancia ni marinería.

Pero le advierto que puede venir la policía a requerir la documentación. Vuelve al barco tan tranquila.
Un cuarto de hora después llega un agente de la policía portuaria. Charlamos un rato. Nos entrega a los dos barcos el documento de entrada para que se lo completemos. Es francamente simpático.

Le llamamos la atención sobre la cantidad de gaviotas y sus correspondientes cagadas. Nos dice que así tienen decorado el pantalán para navidad, todo blanquito como con nieve.

Nos confirma que el puerto aún no se ha inaugurado, pero que esperan que sea ya muy pronto. Nos despedimos.
Alberto llega a las 21:00. Cervezas, charleta, cena, más charleta y al pulguero a eso de las 00:30.
Solo me queda destacar que la nueva nevera, con una capacidad bastante grande, funciona a las mil maravillas (gracias por el equipo y los consejos, maese Julianillo-extrem

) y las baterías casi ni se enteran.
Mañana más.
