En Francia los llaman "bateaux ventouse", o sea, barcos ventosa. Mientras el propietario pague el atraque y tenga seguro, legalmente hay poco que hacer, pero nuestros vecinos del otro lado de los Pirineos, donde la demanda de plazas de amarre es mayor que aquí, están tratando de legislar al respecto, para evitar esa posesión un tanto "inmoral" de la lámina de agua. Por de pronto, en algunos puertos ya se están realizando censos y se hacen llamadas de atención acerca de la relativa "inseguridad" de estos barcos eternamente atracados.
