9 de Julio
Bien es cierto que deben hacerse planes, sobre todo si se presenta una singladura. Pero también hay que tener en cuenta los imponderables, como ha sido el caso.
Antes de irnos al pulguero Alberto se encontraba un poco “pallá”, es decir, que no se encontraba bien.

Por la mañana, después de pasar una noche bastante mala, está presentando una gripe galopante con los síntomas correspondientes, a saber, nariz absolutamente tapada, garganta reseca y, tal vez, algo de fiebre. Total que decidimos arrumbar directamente a Fuengirola, donde podría coger un taxi hasta su casa de Benalmádena. La cosa eran cincuenta millas, pero ya se sabe que la gripe dura una semana con medicinas (y lo mismo sin ellas

). Pagamos la noche en Gibraltar y a las 10:55 salíamos rumbo a punta Europa, después de llenar los depósitos de gasoil.
Un “cata” sale poco después que nosotros y vamos en paralelo. También va a nuestro rumbo una barquita, de unos 4 metros (se llamaba Costillita). Todos a unos 5,5 nudos. Nada más pasar la bocana del puerto mercante observo que un “yatón” viene detrás de nosotros montando una ola del carajo. La Costillita también se apercibe y sale de naja hacia una pequeñísima ensenada. No era para menos, porque el susodicho yatón pasa entre el cata y nosotros haciéndonos menearnos como si de una marejada súbita se tratase. Le aplaudo según pasa, pero me mira como hacen las vacas cuando miran al tren. Es decir, que pasa de todo y ni se entera de lo que había montado

(o se la soplaba, que era lo más seguro

).
Bien, ya en punta Europa arrumbamos directo a cabo Calaburras con un mar absolutamente plano y sin viento. Como quería llegar lo más pronto posible pongo el Kacao a velocidad de crucero rápida, es decir, 2.100 rpm y orza arriba. Hacíamos entre 6,5 y 6,9 nudos con lo que a las 18:40 estábamos ya amarrados en Fuengirola.
La singladura, pese a haber sido hecha completamente a motor (la verdad es que no se por qué c*ño tengo un velero en el Mediterráneo

) ha sido agradable. Nada de mar, avistamiento de delfines tres veces y varios peces luna, entre cervecitas, picoteos y algún puro que otro mientras Alberto se va de vez en cuando a echarse un rato (yo también eché la siesta del carnero, naturalmente).
Llamo a maese Pámpano para que me acompañe en estos tres próximos días hasta Aguadulce, pero le es imposible hasta el próximo miércoles. Recurro a maese Nanoelcapi para la misma labor y se presentará mañana día 10 a eso de las 15:30 para salir el lunes hacia nuestro destino final. Es fantástico tener gente dispuesta para echar una mano cuando hace falta, porque no es moco de pavo zamparse seis horas de autobús guarrindongo, de esos que se paran hasta en los postes kilométricos, para llegar desde Almería hasta Fuengirola.
Total, que al llegar Alberto se marcha a su casa, me hago una tortilla de chorizo (lástima de pan, que se había acabado

) veo una película y ahora, poco antes de irme al dormir, os escribo para contaros como ha sido este día.
Seguiremos.
