Yo no tengo costumbre de desayunar nada sólido. Un café, y al curre. A media mañana, quizás otro café. La primera vez que salí en crucero, para las prácticas del PER, apliqué mi dieta habitual, y el mal cuerpo que tenía cuando fondeamos en la Caleta me hacía preguntarme si acaso no habría equivocado la afición (antes había hecho vela ligera, y sigo haciéndola. Nunca me mareé, pero ¿quién se marea sobre una bicicleta?, entiéndase el símil). En un alarde de voluntad, me jamé el bocata que llevaba, e inmediatamente, me sentí mejor. Desde entonces, cuando salgo en el barco, me impongo comer lo que sea, por poco apetito que tenga. Y me funciona. Una vez que no lo hice,
ayudado, digamos,
por las circunstancias (noche de farra

, llegas al puerto a lo justo para la regata

, etc), le di de comer a los peces todo lo que no había comido yo antes.
Nunca mais.
