DE NUEVO EN LOS ROQUES
Si de todo el Caribe que he visitado hasta ahora, tendría que decantarme por un lugar paradisiaco en concreto, este sería Los Roques de Venezuela.
Hay una gran diversidad de pareceres en lo que cada uno entendemos por "Paraíso" y no por ello serían menos válidos. Los puntos de vista son tan dispares como opuestas somos las personas. Todo es relativo en la vida, lo que unos disfrutamos fondeando en una playa desierta, a otros les encanta el bullicio de las bahías o de las marinas, donde se amalgaman las más diversas embarcaciones y las relaciones sociales son más fáciles, para gustos son los colores.
Por eso digo que Roques es mi particular "Paraíso", bellas calas y bahías de blanca arena con apenas una docena de barcos y casi todos de charter, que de vez en cuando te encuentras y saludas, pero claro, salvo naturaleza, sobre todo submarina, nada de nada.
Me viene a la memoria, en estas mismas fechas, ¿como andarán los rincones de nuestras bonitas islas Baleares?, no quiero ni imaginarlo. Por eso, esto es otro mundo, esto es Venezuela y unas cuantas leguas de mar proceloso de por medio separan ambos paraísos, me reafirmo diciendo que todo es relativo.
Si Roques se encontrase a 70 millas de la costa española en vez de la venezolana, que diferente sería el "Paraíso", pero es lo que hay y por eso estoy aquí, pasando mi verano, a cubierto de la oficialmente declarada, temporada de ciclones.
Los Roques se encuentran en la latitud 11º, por tanto fuera del paso de esos monstruos, pero no por ello se libran de los efectos y daños colaterales que producen.
Sin ir más lejos, el pasado año me tocó vivir de cerca el paso del último huracán de la temporada, el Thomas, a primeros de Noviembre. Su trayectoria discurrió por el centro del mar Caribe, a poco más de cien millas al norte de Curaçao, donde me encontraba a resguardo. A esa distancia, no sentí más que unos vientos de escasos veinticinco nudos y una lluvia como si las compuertas del cielo se hubiesen abierto.
Unos días después, como ya conté en su momento, las playas de Curaçao fueron destruidas por el maretón que el Thomas había formado.
De la misma forma también afectó a Roques, varias de las playas que conocí el pasado verano, han cambiado su morfología y en general unas cuantas han perdido su encanto, el caso más fragrante la playa de Madrisqui, una de las más turísticas, ha desaparecido el bonito puntal que la remataba.
Pero la naturaleza es así, unas veces quita y otras pone.
Como ya comenté, tras la marcha de
Urtzi y El Temido desde Puerto la Cruz, no tardaron en arribar nuevos amigos a disfrutar de unas vacaciones en mi personal "Paraíso" de los Roques, entre ellos la cofrade
Doña Flor, un fugaz paso por la isla de Tortuga y navegación diurna de otras 90 millas, para penetrar por la Boca de Sebastopol en el remanso de aguas protegidas por el arrecife. Siempre había hecho de noche este tramo, pero bueno es de vez en cuando cambiar la partitura, entendida claro está, que se arribe aún con sol, para no errar la puerta de entrada.
Veinte días con mis amigos en este mundo da para poco, aunque les llevo a los lugares que les van a gustar, Francisquí, Gran Roque, Madrisquí, Crasqui, Dos Mosquises, etc, etc.
Tanto tiempo como llevo navegando por el archipiélago ya me puedo considerar, si no un experto, al menos un buen conocedor de fondeaderos, arrecifes para visitar y mis particulares pescaderías para abastecer de proteínas frescas a la tripulación, ávida, como no, de saborear un rico arroz caldoso de langosta y otros manjares que de vez en cuando tomamos furtivamente.
Como digo, el tiempo en los paraísos tienen otra medida y el suyo se agotó inexorablemente una mañana cuando una de las pequeñas avionetas turísticas los lleva a Caracas para retornar a Bilbao.
Renovar papeles y continuar otros quince días disfrutando de mi "Paraíso" significa pasar de nuevo por el viacrucis de los cuatro estamentos oficiales; Guardacostas, Guardia Nacional, Imparques y Autoridad Unica (más o menos el ayuntamiento), burocracia infinita y pagar, que a fin de cuenta somos turistas y como tal se nos ha de aflojar el bolsillo. Solo se puede permanecer legalmente en Roques un máximo de treinta días, aunque nos las arreglemos para ampliar el plazo de forma un tanto clandestina, la verdad es que no se controla demasiado, pero el Bahía las Islas es de sobra conocido por todos y no es cuestión de arriesgarse a una multa.
Estos días en solitario pensaba dedicarlos especialmente a descubrir nuevos rincones de las infinitas posibilidades que da el archipiélago, pero el encuentro con Eduardo y su mujer Jaqueline, navegantes venezolanos que conocí en Puerto la Cruz, amigos del cofrade
Morrocoy, han trastocado un poco mis planes, porque a la buena sintonía que ya apuntamos, se ha sumado otra pareja de franceses navegantes en catamarán, Philippe y Kati los tres barcos estamos recorriendo Roques, fondeando en magníficas playas solitarias, francas para el calado del Bogavante y del Bahía las Islas
Un dato más que ya creo que expresé el pasado año y es que en Roques como en Tortuga las cartas electrónicas y ploters tienen un considerable error; 0,4 millas y 195º, teniendo en cuenta estos datos se puede navegar con seguridad porque por ejemplo en el Maxim están perfectamente registrados casi todos los bajos, pero aún así hay que navegar con el sol en alto o por la espalda, para ver bien el color del agua, como he dicho antes.
De todas formas, una vez que se ha pasado por un sitio se guarda el track del GPS y ya no hay problema, con solo seguirlo, se puede navegar hasta de noche, aunque salvo en caso extremo, yo no lo haría.
Bueno, espero regresar a Puerto la Cruz a mediados de Agosto y ya como quien dice la temporada de navegación la daré por finiquitada, a finales de Septiembre regreso un par de meses a España, haber si soluciono de una vez por todas mis asuntos de pre-jubilación que nunca pensé me iban a dar tantos quebraderos de cabeza.
Además de este modo aprovecho para alejarme de venezuela, ya que los meses de Octubre y Noviembre, son los peores, mucha lluvia y muchos mosquitos, experiencia vivida en propias carnes el pasado año, luego en Diciembre, regresaré y después de amarinar el Bahía, pondré rumbo a las Antillas, donde me encontraré con varios cofrades que cruzan esta temporada el "charco" los
Alea, Lord Drake el Trotamar III y alguno más.
Mientras tanto Rufrino, aguardará en Venezuela a mi regreso, en una más de las casas de acogida en las que es bienvenido.
Pido disculpas por no poder adjuntar fotos, pero la velocidad que tengo de internet no me lo permite, ya lo hare en cuanto me sea posible
Salud
