Flotilla, flotilla, flotilla, aquí Herion, Herion, Herion, ¿me recibís? cambio...
Bueno, ya repuestos, o casi, contaré un poco mi último día día de travesía.
Salimos sobre las 9:30, más o menos como estaba previsto. Como mi intención era llegar al El Rompido y no puedo hacer rumbo directo por estar despachado a 5 millas, me esperan 57 millas. Cuando salimos nos encontramos con una ola no demasiado molesta, suave y larga pero de cierta embergadura que nos hacía dar algún que otro pantocazo. En uno de estos, se soltó el freno del barbotén del molinete de ancla (por algún motivo no estaba lo suficiéntemente apretado) y se largaron unos 20 metros de cadena. Al accionar el molinete escucho como la polea del alternador patina y chirría. Supongo que la correa se ha destensado algo y al meter carga patina, y para evitar su rotura decido recoger el fondeo a mano. Tras perder el aliento puedo proseguir la marcha, pero cuando guardo la palanca de la carraca del molinete en el hueco del motor observo que tengo una gran cantidad de agua en la sentina

... Acojonado pongo en marcha la bomba de achique eléctrica y además achico con la manual, y en pocos minutos dejo la sentina vacía. Valoro la situación: por el prensaestopa, en vez de entrar una gotita entra un chorro, no demasiado elevado pero lo suficiente como para haber llenado la sentina de ese modo en dos o tres días de navegación. La contratuerca del prensa se había aflogado y el prensa había perdido apriete, pero es posible la navegación, vigilando periódicamente y achicando el poco agua que va entrando.
La travesía no es demasiado molesta pero tampoco muy cómoda para un tractor. Pensábamos que al pasar Salmedina mejoraría pero no fue así. Muchas olas algo incómodas pero seguíamos navegando a 6-7 nudos. Por fin, al pasar Matalascañas el mar se puso más agradable y tuvimos un momento de respiro hasta llegar a Mazagón, donde me despedí del resto de la flotilla. Tras Mazagón, el mar empezó a levantarse de nuevo. Soplaba el poniente típico de las tardes y en principio nada hacía presagiar que iba a ser algo excepcional, por lo que seguimos navegando. Al pasar Punta Umbría la cosa empeoró y las olas amenazaban y castigaban, hasta el punto de hacer que nos planteásemos incluso no hacer las 7 millas que nos faltaban y entrar en Punta Umbría. Decidimos segir... Cuando intenté dar más motor sentí como de nuevo la correa patinaba y vi cosas raras en los relojes que me asustaron y me hicieron tomar la decisión de volvar a bajar las revoluciones de mi motor, por lo que esas últimas millas se hicieron eternas. En este tramo, tenía que cambiár constantemente de rumbo para no tomar la ola siempre en la misma dirección, pues además de ser ola grande era muy continua. Si las tomaba de proa, la segunda o tercera ola me hacía dar pantocazos de auténtoco vértigo, e incluso, por primera vez en mi experiencia de navegante, una ola barrió mi cubierta. Si las tomaba de amura, tras dos o tres olas me daba la impresión que podíamos llegar a volcar... Finalmente, conseguimos entrar en la ría del Piedras, aunque no por ello terminase nuestra odisea. Domingo de agosto, el que conoce esta ria sabe que la desembocadura se pone como la M40 en la salida de un puente... Motos de agua, muchos barcos, subnormales haciendo esquí en el estrecho canal de entrada, incautos intentando pasar a nado o con barcos de pedales, el sol poniéndose y totalmente en contra, por lo que casi no podía ver y una corriente en contra que casi no recuerdo en mis cuarentaytanto años. Al entrar en el río no pasábamos de 4 nudos, pero no quería subir máquina por el tema de la correa. Además, notaba que la presión de aceite iba algo más baja de lo normal a esas revoluciones y la temperatuta, sin ser alarmante, algo más alta. Intento fondear cerca de la orilla para revisar algunas cosas en el motor pero la operación es imposible. El barco garrea con la corriente y con la cantidad de barcos que hay fondeados no encuentro espacio suficiente para conseguir que el fondeo agarre. Decido amarrarme momentaneamente a una boya del club Nuevo Portíl y paro el motor. Pongo un poco de aceite (se ve que la fuga del retén, a lo largo de 400 millas, me ha hecho perder más aceite del esperado), reviso el agua del motor y compruevo que entra bastante agua por el grifo de fondo. El filtro en entrada está algo sucio, y aunque no me parece excesivo. como medida de urgencia decido quitar el cartucho y dejar la entrada libre. Por otro lado, pensando en un hipotético fallo en el termostato, abro una válvula by-pass que instale precisamente para estos casos. Arranco el motor y observo que la temperatura vuelve a valores normales. Por fin, emprendemos nuestras últimas tres millas y exaustos atracamos.
Damos por tanto por finalizada la flotilla Zalamilla 2011, que en general ha sido expléndida, sobre todo por el valor humano de las personas con las que hemos compartido travesía. Unas personas con las que hemos estrechado lazos que ningún temporal podrá partir.
En mi mente, un sentimiento especial para los Nagis. Gente estupenda como pocas y que no han podido disfrutar como tenían merecido.
Cambio y cierro.
Saludos y
