Por "mis partes" siempre dejo un par de vueltas de escota alrededor del génova. Y, por supuesto, bien cazadas ambas escotas y el cabo del enrollador. De esa manera evito que un ventarrón desenrolle la vela, con las consiguentes consecuencias.
Una vez en Aguadulce se desató un viento de todos los demonios. Mi barco, a palo seco y que no escora ni "patrás", tumbaba cerca de 15º en puerto

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En eso oigo unos gritos. Eran de los vigilantes nocturnos que veían que, en un barco de 8 metros, se había desenrollado el génova. Estaba machacando al barco de al lado hasta que se soltaron las amarras.
Nos costó lo indecible volverlo a dejar más o menos seguro.
Moraleja: déjate de lindezas y que quede bien, pero que bien sujeto.
