Recuerdo que a un armador francés con el que salí de travesía le regalé una caja preciosa con un juego de pirotecnia completísimo y como nuevo, pero... caducado, que apareció en la basura y me dio pena dejarlo allí

y se puso más contento que unas castañuelas, hasta el punto que tiró las suyas (que también estaban caducadas) excepto dos que estaban en regla y eran las que iba reciclando.
Aquí nunca le dijeron nada...
