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Corsario
 
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Predeterminado Re: Relatos que impresionan

Ahí va otro...

Este del libro "La regata del Infierno" de la Sidney- Hobart de 1998.

En la bajada a lo largo de la costa del día 26, la tripulación del "Stand Aside" gritaba y jaleaba mientras el barco marcaba una velocidad media de 18 nudos con un spinnaker hecho a medida. Con el spinnaker y la mayor tirando cada vez más con el viento creciente, el "Stand Aside" era empujado por el mar de popa y lanzado hacia adelante, planeando cientos de metros. Era una navegación excitante. Aquel atardecer, mientras se abrían paso entre dos espectaculares tormentas, iban monitorizando regularmente su radio, pero, al igual que muchos otros participantes, aún no estaban del todo seguros de qué era lo que les esperaba.

En la mañana del 27, iban muy bien situados. A medida que aumentaba el viento y crecía la mar, la superficie vélica iba siendo reducida en proporción. El "Stand Aside" estaba aguantando aquellas condiciones sorprendentemente bien, siendo alcanzados por el dorso de las olas sólo en extrañas ocasiones. Aunque los miembros de la tripulación estaban todo menos cómodos, contentos con la manera en que respondía el barco. Navegaron con un tormentín hasta primeras horas de la tarde, cuando el viento pareció pasar de malo a horrible en sólo unos minutos. Las rachas eran cada vez más fuertes; al principio se registraron 55 nudos de viento, luego 60 y enseguida 70.

El "Stand Aside" navegaba tan rápido con el tormentín que escoraba demasiado cuando las rachas les alcanzaban en la cresta de las olas, por lo que decidieron arriar el foque y correr a palo seco hasta que el tiempo mejorara. A esas alturas no se hablaba de retirarse o de volver a Eden. Era la 1 del mediodía y estaban en pleno Estrecho de Bass. Sabían que si podían volver a izar velas pronto y devolverle al barco su anterior velocidad, estarían frente a la costa de Tasmania hacia la medianoche.

La previsión del tiempo del "Young Endeavour" no se correspondía para nada con lo que la tripulación del "Stand Aside" estaba experimentando. Hunter y Marriette discutían sobre el abismo que parecía haber entre la previsión y la realidad, y dedujeron que su posición indicaba que el barco estaba justo en el borde de lo peor de la depresión. También pensaron, basándose en la previsión meteorológica, que las cosas mejorarían en un espacio de tiempo más tirando a corto que a largo. Se enteraron de que numerosos barcos se habían retirado pero no se sorprendieron al oír el aviso del "Sword of Orion" a la flota de que tenían rachas de 78 nudos de viento.

El "Young Endeavour"estaba más o menos a la altura de las tres cuartas partes del "sked" cuando oí a uno de los chicos gritar desde cubierta con gran alarma: "¡Una ola mala de verdad, CUIDADO!", recuerda Marriette. El barco subía y subía y entonces empezó a volcar, a volcar rápidamente. El ruido fue escalofriante; primero era sólo agua que entraba como si fuera un río a través de la escala, y luego el ruido del crujir y de la rotura. La cubierta y la parte superior de la cabina se habían partido.

El techo de la cabina había implosionado. La fuerza del agua al volcar el barco había arrancado una parte enorme del techo de la cabina alrededor del tambucho. Colgaba hacia abajo como una trampilla gigante e inmovilizó a Hunter y a Marriette en la mesa de derrota. Para sorpresa de Marriette, cuando el barco se adrizó se encontró en la misma posición que estaba al empezar, aguantando el micrófono de la radio. Los dos se abrieron camino a golpes para salir de la mesa de derrota y salvarse a sí mismos y a quien quiera que estuviera aún a bordo.

Bob Briggs salió como una flecha de la cabina y empezó a gritar nombres como si pasara lista. Quería asegurarse de que todos estaban aún en el barco, pero para horror suyo vio a John Culley nadando frenéticamente hacia lo que entonces era ya un barco naufragado. Culley estaba en el proceso de salir a cubierta y enganchar su arnés de seguridad en un punto sólido cuando el "Stand Aside" volcó.

***

Mike Marshman estaba entre los ocho miembros de la tripulación que se hallaban en la cubierta cuando la monstruosa ola barrió todo a su paso. Recuerda haberse vuelto a tiempo para verla venir pero sabía que estaban indefensos. La cresta rompió y con un crujido tremendo le lanzó por el aire. Tan pronto como se hubo tumbado, el barco se adrizó solo, arrastrándolo por el agua cogido por el arnés de seguridad y dejándolo debajo del aparejo que estaba en el agua. Instintivamente, Marshman se palpó el pecho buscando el clip de sujeción de su arnés de seguridad. Entonces, se acordó de una de las primeras lecciones que recibió en este deporte que dice que nunca debes soltarte del barco. Notó que la jarcia que estaba enrollada alrededor de su brazo derecho se estaba aflojando, por lo que intentó enrollarla aún más en el mismo. Las vueltas eran cada vez más grandes y antes de que se diera cuenta, el extremo del cable fino y flexible que le tenía atrapado se le escapó.

La tripulación de cubierta vio su cabeza salir repentinamente a la superficie como si fuera un globo soltado desde las profundidades. Mientras salía a la superficie, Marshman se dio cuenta de que Simon Clarke estaba en el agua justo a su lado. Él también había sido atrapado bajo el agua por el aparejo a menos de un metro de él. Marshman vio delante la botavara doblada por la mitad y se agarró a un candelero con su mano derecha.

John Culley estaba en el agua a barlovento del barco. Un par de olas grandes, además de sus brazos, que se agitaban salvajemente, le devolvieron hasta el "Stand Aside" rápidamente. Los tripulantes lo agarraron y lo izaron a bordo. El resto de la tripulación de cubierta se había quedado colgando de los cabos de sus arneses de seguridad por el costado tras volcar. Halaron de ellos uno a uno y fueron izados a bordo y dejados en cubierta sin contemplaciones.

Marshman no había hecho ninguna clase de esfuerzo para volver a la cubierta. Seguía colgado de la base rota del candelero y se balanceaba, recordándose a sí mismo todo ese tiempo que estaba vivo. Hayden Jones le ayudó a subir, y fue entonces cuando Marshman se dio cuenta de que de uno de sus dedos manaba sangre. Había perdido prácticamente la mitad de la última falange del dedo anular de su mano derecha. Aunque no notaba el dolor. Andy Marriette, enfermero ayudante de quirófano, descubrió que había otros heridos. Clarke se había hecho daño en el tendón de Aquiles; Bob Briggs tenía una herida grave en la frente, entre los ojos; Trevor Conyers mostraba un gran tajo en la parte posterior de la cabeza; y Marriette tenía un corte grave en el pulgar. Aquellos que seguían bajo la cubierta estaban con el agua a la cintura. Los mamparos y gran parte de la estructura interior del barco se habían caído y los costados del casco se movían hacia dentro y hacia afuera con cada ola que pasaba. Había trozos del techo de la cabina y de la cubierta flotando por todas partes y piezas muy cortantes de fibra de carbono y fibra de vidrio amenazando rebanar manos, dedos y piernas. Las maderas del plan y la comida flotaban, las literas habían sido arrancadas del costado del casco, el gasoil salía a borbotones del motor, las baterías estaban sumergidas y la ropa de los tripulantes estaba también en el agua.

Había pocas dudas de que el "Stand Aside" estaba destinado a irse a pique en cualquier momento y se tomó la decisión de inflar las balsas salvavidas. La primera, para seis hombres de color naranja y negro, que había estado estibada abajo, fue accionada y, para gozo de todos, sólo tardó unos segundos en desplegarse e inflarse en la popa, amarrada con un cabo. La segunda balsa salvavidas, de una marca nueva, había estado estibada en la cubierta. ¡Y no se infló! La tripulación miraba incrédula mientras se hacían desesperados esfuerzos para inflarla. Nada funcionaba. Probaron de subirla a bordo para intentar disparar manualmente el mecanismo de inflado.

Y acto seguido, para mayor horror, el cabo amarrado a la balsa se rompió. La tripulación se enfrentaba entonces a un barco que se hundía, con una balsa salvavidas para seis personas, doce tripulantes y un mar que les vapuleaba sin tregua. El barco era, en esos momentos, su única esperanza real de supervivencia y mantenerlo a flote era crucial.

Subieron a cubierta enormes cizallas para cortar metales que, en cuestión de segundos, rompieron el aparejo metálico con sus mandíbulas gigantes como si fueran zanahorias. El mástil fue liberado de sus ataduras y lanzado por la borda; la posibilidad de que los trozos rotos de aluminio agujerearan el casco se había eliminado. Bajo cubierta, dos tripulantes achicaban con baldes continuamente mientras otros dos se encargaban de las bombas de achique manuales. Se tiró por la borda el máximo de cosas posible pues era imprescindible aligerar el barco todo lo que se pudiera; y era importante dejar también un rastro de restos porque así, si el "Stand Aside" se hundía, los equipos de rescate tendrían una zona definida de búsqueda y más oportunidades de localizar a los supervivientes.

Se subieron a cubierta las bolsas de supervivencia, que contenían los pertrechos y provisiones esenciales. Se encontró una radio portátil VHF y se le encargó como única tarea a Charles Alsop el hacer continuamente llamadas de socorro. En medio de la confusión, una cámara de fotos sumergible salió a la superficie del agua en la cabina, justo delante de Hunter, que tomó algunas de las fotografías más gráficas y angustiosas imaginables.

***

Gary Ticehurst, al mando del helicóptero de la ABC que cubría la regata, junto con un periodista y el cámara de la cadena, habían acabado las tomas del día y se dirigían hacia Mallacoota para repostar. Aquello ocurría a última hora de la tarde y Ticehurst estaba preocupado. Había estado grabando imágenes del "Foxtel-Titan Ford" luchando con olas de 15 metros y 60 nudos de viento, y se había sorprendido al ver al "Helsal II" abriéndose paso a trancas y barrancas en medio de la tormenta.

-Volvíamos a Mallacoota para repostar combustible y dejar al periodista para que cogiera una avioneta y volara hasta Merimbula con sus cintas de vídeo-, recuerda Ticehurst. -Tenía mucho interés en cruzar el Estrecho de Bass hasta Flinders Island aquella noche porque los barcos de cabeza estaban navegando realmente muy rápido. Yo sabía que tenía que convencerle de que debíamos quedarnos a pasar la noche allí. Estaba un poco preocupado por los vientos que pudiéramos encontrarnos al cruzar el Estrecho, pero más importante aún, mi experiencia me decía que la mayor parte del drama ocurriría justo frente a la costa en la que estábamos.

Cinco minutos después, un coche de policía llegó a toda velocidad por la pista de aterrizaje en dirección hacia ellos. El policía preguntó a Ticehurst si podía despegar con el helicóptero y salir hacia mar adentro. El AusSAR* había recibido una señal de radiobaliza y un mayday. Ticehurst salió disparado como un cohete de Mallacoota hacia las 3 de la tarde, alcanzando los 324 kilómetros por hora ayudado por un viento de cola de 110. Cuando se acercaban a la zona de búsqueda, se dieron cuenta de que entraban en un pequeño ciclón. El helicóptero estaba aguantando bien la situación y se tranquilizaron un poco cuando vieron un avión buscando también desde más arriba. Ambos localizaron al "Stand Aside" al mismo tiempo, unas 40 millas al este de Mallacoota.

Cuando Ticehurst descendió sobre ellos, pudo establecer comunicación con el barco dañado. No tenía mecanismos de izado en su helicóptero; llamó por radio a AusSAR y les comunicó el estado y la posición del "Stand Aside" y que había tripulantes heridos a bordo. Le dijeron a Ticehurst que un helicóptero de rescate estaba en camino.



A mi este libro me puso los pelos de punta en más de una ocasión y este trozo es uno de ellos.
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De maestros y navegantes
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