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Predeterminado Cruzar océanos en barquichuelos

Hola a tod@s muchos

Tengo, desde siempre, predilección por los navegantes desconocidos; los verdaderos héroes de los que nunca se habla y cuyas hazañas pasan al olvido.

Cruzar los océanos a bordo de un miserable bote armado con una vela es un reto que han pasado algunos y humildemente me propongo aquí, recordar sus navegaciones y proezas.

Este es el proyecto, lo que no sé si continuará en el tiempo pues ya sabéis, lo anárquico que soy a veces… por lo pronto ahí va, al menos , uno.

Cualquier amante de la historia marina y de la navegación en solitario les sonará mucho este nombre tan vulgar: William Albert Andrews.

Supongo que al resto no les dirá nada pero sus navegaciones cruzando el Atlántico lo convierten en un insigne navegante que partió desde cero y para mí tiene una personal importancia ya que en sus hechos navales aparece mi querida ciudad de nacimiento: Huelva.


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Este señor era un tranquilo fabricante de pianos al que le pilló la guerra de Secesión Americana. Se enroló con el ejército republicano y cuando terminó la guerra en 1865, con una medalla al valor en la pechera, volvió a sus pianos, pero su mente ya volaba hacia otros horizontes.

Había nacido en Beverly (Massachusetts) que está al lado de la ciudad y puerto de Salem que en su época era uno de los puertos más importantes del mundo.

Lo cierto es que sólo pensaba en la mar y en atravesar el Atlántico en un pequeño bote, que al cabo del tiempo se convirtió en su obsesión y pasaba, a pesar que de náutica no sabía una papa, la mayor parte de su tiempo en sitios con ambiente naval.

Su hermano Asa Walter, navegaba, y lo convenció para que lo acompañase en su primera experiencia que era nada menos que cruzar el Atlántico hasta Cornwall en Inglaterra.

Comenzó con su hermano aprendiendo lo básico, nudos, maniobras con vela, supervivencia… él era extremadamente inteligente, lo aprendió rápido y se formaba también con libros de construcción naval, de náutica y con los relatos de navegaciones de donde extraía experiencias de otros en la mar.

Con estas premisas construyó un bote de 5,79 metros y en ese pequeño espacio armó dos mástiles que envergaban sendas velas latinas al que pusieron el nombre de Nautilus , que no sé si recordando al submarino de ficción de Julio Verne o del real de Robert Fulton.

Total que a finales de junio de 1878 zarpan rumbo a Inglaterra.

Su bautizo en la mar fue espectacular; no sólo se tuvo que enfrentar a mal tiempo con fuertes vientos, sino a un choque contra una ballena que hizo volcar la embarcación o la grave enfermedad que su hermano contrajo que lo dejó prácticamente solo en mitad del océano.

Completamente exhausto llegó a Mullion Cove ,Inglaterra ,el 31 de julio ,con su hermano agonizando.

No le quitó su obsesión a Andrews la muerte de su hermano y en 1888 decidió hacerlo de nuevo, pero esta vez solo y con el patrocinio de Pulitzer (en vista de lo bien que escribió sus aventuras con el Nautilus lo contrató para hacer las crónicas de sus navegaciones) y de una obra teatral que se llamaba Dark Secret y de ahí viene el nombre que le puso al bote.

Este cruce lo preparó a consciencia: se construyó un barco más pequeño, de sólo 3,65 metros de eslora, con inventos como un tanque de agua en una falsa quilla que podía almacenar hasta 150 litros; un traje impermeable a prueba del mal tiempo, torpedos para ahuyentar a las ballenas y para su periodístico promotor unos sobres de goma para los mensajes, con un sistema que los podía lanzar a gran distancia para que así los recogieran los barcos con los que se cruzase.

El viaje fue un desastre y el diseño de bote también ya que a duras penas podía mantener el rumbo. A los 62 días de insoportable navegación todavía estaba a mitad de camino.

Se cruzó con el barco noruego Nor en los 39º50’ que iba rumbo al oeste y aceptó ser rescatado.

Dennison J.Lawlor, era un reputado constructor y diseñador de barcos. Proyectó un bote salvavidas con lastre de agua y lo probó su hijo Josiah W.Lawlor cruzando con éxito el Atlántico.

Orgullosos le pusieron de nombre Insumergible(Neversink).

Tan entusiasmados estaban que lanzaron un reto a quien quisiera competir con ellos en una regata a través de Atlántico con botes de 4,57 metros de eslora y con un premio de 5.000 dólares una copa de plata.

A nuestro protagonista le habían dado en el bebe, y por supuesto aceptó el reto.

Prepararon ambos sus botes en secreto. Lawlor construyó un bote salvavidas de popa aproada aparejado de sloop con un bauprés e igualmente Andrews armó su mástil con velas en sloop.

La regata comenzó en una playa cerca de Boston destino al lugar donde anteriormente recaló el Nautilus de Andrews : Mullion Cove.

Desde los primeros bordos se vió que el See Serpent de Lawlor superaba al Mermaid de Andrews. Era más estable con su quilla lastrada y sus pesos compensatorios externos y navegaba más rápido.

Por otra parte, la táctica de Lawlor fue mejor ya que eligió la ruta por el norte con mejores y estables vientos mientras que el Mermaid tuvo que soportar un duro temporal que lo hizo zozobrar perdiendo parte lo que el bote tenía.

El 24 de Julio de 1891 el capitán Morgan en ruta desde Livepool a Baltimore descubrió un puntito en el horizonte que resultó ser una pequeña embarcación con las velas desplegadas.

Maniobró hacia ella creyendo que se trataba de los supervivientes de un naufragio cuando descubrió con sorpresa que a bordo sólo se encontraba una persona.
- Hola , dijo, soy el capián Andrews y estoy compitiendo con un barco de mi mismo porte que se llama See Serpent . ¿lo ha visto ud?
El capitán casi lo tomó por un loco y siguió su ruta completamente asombrado que el "naufrago", que decía que había estado en la mar treinta días, no le pidiera bebida y comida, y que se encontrase bien de humor y salud y que sólo le pidiera que comunicase su posición al Boston Herald.

El 10 de agosto el barco británico Barowmore lo avistó y el capitán, conocedor de la regata, le comunicó que la See Serpent ya había llegado, pero Andrews continuó su ruta, incluso se mostró optimista después de conocer su derrota.

Se desencadenó una terrible tormenta que hizo volcar el bote hasta seis veces vaciándolo totalmente de su contenido y en una de las cuales quedó atrapado en su interior durante una hora.

Totalmente agotado, con síntomas de inanición, lo encontró el mercante Ebrus agarrado a la quilla de su bote volcado a 600 millas de la costa inglesa. Era el 20 de agosto ; su competidor ya había recalado en el punto acordado 15 días antes proclamándose así vencedor del reto con sólo haber navegado 45 días .

Las historias de las aventuras que ocurrieron durante la regata, llenaron durante días las páginas de los periódicos.

Pero esta rivalidad no terminó aquí, porque fijaron otra regata a celebrar el próximo verano desde Cape Race (Terranova) a Queenstown (Inglaterra) con 1.800 millas por delante.

Prepararon sus barcos; Lawlor casi repitió el diseño del exitoso See Serpent , aunque algo más pequeño porque tenía una eslora de 4,45 metros y por su parte Andrews ,también lo construyó todavía más pequeño en 20 cm. que su competidor y le puso una cubierta que se podía cubrir con una lona impermeable negra dándole un aspecto de un alto kayak. En sus experiencias anteriores había aprendido que era mejor estar a cubierto en los temporales y en caso de vuelco no perdería todos sus enseres.

Cuando ya estaba todo preparado hubo un cambio de planes.

No se habían dado cuenta que en el año 1892 era el IV centenario del descubrimiento de América y en esas fechas había en Huelva un congreso mundial americanista, se iba a inaugurar el alto monolito del monumento a Colón en la Rábida y a ese evento asistirían altas personalidades mundiales , entre ellas la Reina Isabel II, circunstancias que interesaban a sus casas de patrocinio.

Por lo pronto tuvieron que cambiar el nombre a los barcos. Lawlor le puso al suyo Christopher Columbus y Andrews cambio su nombre original Flying Dutchman (nombre especialmente recordado por nuestros regatistas de vela ligera Abascal,Noguer,Doreste y Manrique que alcanzaron la gloria del oro olímpico en barcos de esta clase) por el horroroso de Sapolio porque era el nombre del producto más importante que vendía su patrocinador Enoch Morgan:el jabón Sapolio.

Palos , entonces, fue fijado como destino.

Como Andrews no tenía todavía el barco listo, Lawlor zarpó sin esperarlo, diciendo que vencería el que menos tiempo tardase; esas fueron sus últimas palabras porque se lo tragó la mar y nunca más se supo de él.

Este trágico final no impidió que el Sapolio zarpase el 20 de julio de 1892 de Atlantic City.

Su ruta pasaba primero por las Azores pero antes de llegar lo alcanzó el vapor Veracruz que hacía la ruta La Habana – La Coruña.

Otra vez se repiten las escenas de tomarlo por un náufrago pero mejor que yo lo va a contar Rubén Darío que afortunadamente era pasajero del Veracruz y narra el encuentro en su libro de memorias que escribió en 1912 y que tituló "La vida de Rubén Darío escrita por el mismo":

"Nos ocurrió un curioso incidente. Estábamos en pleno Océano, una mañanita, y el sirviente de mi camarote llegó a despertarme: -«Señorito, si quiere usted ver un náufrago que hemos encontrado, levántese pronto». Me levanté. La cubierta estaba llena de gente, y todos miraban a un punto lejano donde se veía una embarcación y en ella un hombre de pie. El momento era emocionante. El vapor se fue acercando poco a poco para recoger al probable náufrago, cuando de pronto, y ya el sol salido, se oyó que aquel hombre con una gran voz preguntó en inglés: -«¿En qué latitud y longitud estamos?». El capitán le contestó también en inglés, dándole los datos que pedía, y le preguntó quién era y qué había pasado. -«Soy, le dijo, el capitán Andrews de los Estados Unidos, y voy por cuenta de la casa del jabón Sapolio, siguiendo en este barquichuelo el itinerario de Cristóbal Colón al revés. Hágame el favor de avisar cuando lleguen a España al cónsul de los Estados Unidos que me han encontrado aquí». -«¿Necesita usted algo?», le dijo el capitán de nuestro vapor. Por toda contestación, el yankee sacó del interior del barquichuelo dos latas de conservas que tiró sobre la cubierta del León XIII (*), puso su vela y se despidió de nosotros. Algunos días después de nuestra llegada a España Mr. Andrews arribaba al puerto de Palos, en donde era recibido en triunfo. Luego, buen yankee, exhibió su barca cobrando la entrada y se juntó bastantes pesetas (**).

(*) Según las informaciones de la época era el Veracruz. Las latas eran el peso que necesitaba para lanzar a cubierta un gran sobre con sus crónicas alBoston Herald y New York World, los periódicos que lo habían contratado.
(**)En Huelva no cobró. Lo dejó expuesto en el nuevo muelle de pasajeros a la curiosidad de quien quisiera verlo; lo hizo en la exposición de Chicago.

El Sapolio se presentó ante Las Azores en 31 días, donde el capitán descansó tres días que le hicieron falta porque las siguientes singladuras fueron desesperanzadoras primero con falta de viento y más tarde en el cabo de San Vicente donde unas ballenas casi volcaron el bote.

Rafael Infante era un pescador que estaba faenando cerca de Punta Umbría cuando vió a unas seis millas de la costa un pequeño barco con la bandera izada de Estados Unidos.

Cuando se acercó le decía a Infante: Huelva, a Palos, a Colombo.

Cuando comprendió por señas que ya estaba en Huelva pegaba saltos y se abrazaba a Rafael gritando: A Palos, A Palos.

Cuando hacían los trámites de entrada, corrió en Huelva la noticia de su llegada y se reunió una multitud que rodeó la oficina de aduanas que prorrumpió en aplausos, aclamaciones y vítores. Cuando salió a la puerta fue llevado a hombros, como un torero al Gobierno Civil, mientras por el recorrido las señoras desde los balcones lo vitoreaban y agitaban los pañuelos.

Andrews, totalmente emocionado, lloraba mientras gritaba vivas a Huelva, a España, y a Colón.

Cuando llegó el día señalado con la parada naval por la ría de Huelva compuesta por las reproducciones de las tres naos del primer viaje de Colón, empavesados barcos de guerra, multitud de barcos con las autoridades, todos haciendo sonar sus sirenas para saludar al barco de los reyes; entre ellos estaba el Sapolio que también fue vitoreado.

EL Sapolio tuvo el record, durante 75 años, de ser el barco más pequeño que había cruzado el Atlántico
.

Pero aquí no se terminan sus aventuras porque en 1898 construyó un bote, aún más pequeño de 3,96 metros de eslora con el que intentó otro cruce pero, según los entendidos marineros, se equivocó en tres cosas: en el nombre porque lo bautizó Phanton Ship (Barco fantasma) en las dimensiones (trece pies) y en la fecha, porque zarpó el 24 de agosto, demasiado tarde.

Pronto se empezaron a cumplir las predicciones: El barco hacía agua y había que estar achicando a cada momento y pronto se encontró con mal tiempo.
Aguantó 27 días de calamidades porque ya en los últimos días tuvo que tirar por la borda la mayoría de los víveres estropeados por la constante filtración de agua.

Tuvo suerte de que lo viera un mercante que lo rescató junto a su bote.
Azuzado por este fracaso, utilizó la estructura del Phantom Ship para acortarlo en 12 pies y así evitar la mala suerte y por supuesto también le cambió de nombre bautizándolo Dorée y zarpó el 17 de junio de 1899 : así evitaba las tres circunstancias anteriores.

Pero ,por lo visto, la suerte le había abandonado porque tres semanas más tarde el mercante Holbein lo rescató inconsciente en su bote. No recordaba nada de lo acontecido.

Pasaron dos años sin que hiciera ningún preparativo náutico y la gente pensó que ya había colgado su manía y más cuando se casó en 1901.

Pero se descuelga diciendo que va a celebrar su luna de miel, por supuesto con su esposa, con una travesía del Atlántico.

Construyó un barco algo más grande, de 6 metros de eslora que armó con dos palos que envergaban velas latinas y que bautizó, ya por fín, con el nombre de Flying Dutchman.

Zarparon de Atlantic City rumbo a Huelva.

Al cabo de una semana el vapor Durango navegó hasta ellos creyéndose, como siempre, que se trataba de náufragos, encontrándolos alegres y contentos.

Esta fue su última imagen porque la mar, celosa, se lo llevó con su amor.


*********************
 
PS. Existen calles y monumentos en Huelva capital dedicados a los asuntos más peregrinos y con una importancia insignificante.
Pero nuestro personaje parece que no ha pasado por su historia.

Hasta otra.

SaludosAndrés
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