Re: Relatos que impresionan
¿Quien dijo eso de confiar en tu barco de 9 metros de eslora (NUEVE metros)?
Peter Crow en la Ostar del 96
"...Los primeros días los he pasado muy bien. El tiempo era bueno y mi barco se movía con armonía. Las horas las pasaba leyendo y escuchando la radio, y de vez en cuando debía hacer alguna maniobra; pero nada que no fuese enroscar un poco más la génova o poner o quitar un rizo a la vela mayor. También la alimentación ha ocupado mi tiempo. Ha habido días en los que la mar ha estado tan buena, que he podido hacer platos complicados en los que el equilibrio de la nave es fundamental. Hubo un día que preparé una tarta de manzana en el horno, y era tal la placidez con la que me trataba la mar que subió de forma espectacular en altura y pude disfrutar tres días de ella. Luego han llegado los malos tiempos que, por otra parte todos sabemos que tarde o temprano nos alcanzarán. Es entonces cuando uno se pregunta qué hace allí, en medio de la mar, humillado por unas olas enormes que te zarandean y amenazan con hundirte. Mi barco se ha comportado bien en tales circunstancias a pesar de sólo tener nueve metros de eslora. Pero es una embarcación fuerte y bien construida que, si un tronco o una botella pueden flotar desde América a Inglaterra llevados por las olas y las corrientes, mi embarcación también puede lograrlo. En estas circunstancias lo cierro lo mejor que puedo, ato la caña a una banda, doy una mayor de capa, y me meto dentro a dormir y leer mientras pasa. Bien es verdad que hay veces que la cosa se pone muy incómoda en la cabina y los objetos salen disparados con los bandazos que da el barco. Esto me sirve de entretenimiento también, pues debo pasar horas recogiéndolos; hace que el tiempo se me pase antes. No voy a negar que a veces tengo un miedo atroz, y el vello del cuerpo se me crispa.
Pero también es parte del juego: adivinar cuánto tiempo podré mantenerme en la vertical sin que el palo desaparezca dentro del agua. Un par de veces he volcado. Durante unos interminables segundos que no sabría cuantificar, he mantenido la respiración a la espera de que mi barco se comportase y recuperara la posición para la que fue diseñado. Luego, cuando el temporal pasa, te parece que la mar es un lugar fácil y asequible en el que podrías pasar la vida.
Todo vuelve a su orden: las olas se colocan unas detrás de las otras. Los vientos soplan a velocidades lógicas y consideradas, y tu cuerpo se entona y coge energías hasta la llegada de la siguiente depresión. Algunas veces, sobre todo cuando estás al final de la regata y te llega una nueva perturbación, recuerdas a los barcos grandes. Y piensas que estarán amarrados y sus tripulantes tomándose unas cervezas en el club. Es sólo en esos momentos cuando envidias a los marinos profesionales. Pero si la mar sigue buena hasta el final es allí donde deseo estar..."
|