Mi almiranta no puede con los barcos. Lo ha intentado tres veces y lo ha pasado tan mal que ya nos hemos hecho a la idea de que la naútica es cosa mía. No es ningún drama que a uno le guste y el otro no le siga. Simplemente que varias semanas al año te separas para practicar tu afición. Es incluso saludable para la relación, porque se vuelve de navegar con fuerzas renovadas y buen rollo . En vacaciones también se puede apañar el combinar familia y naútica; es cuestión de buena voluntad.
