Lo todavia mas penoso fue cuando dieron las tomas triunfales del tiburoncete ya en en el acuario.
Tras el viaje en furgona a Barcelona el pobre tiburcio ya ni se podia mover y necesitaba de un señor en el agua empujandole para parecer que nadaba feliz en su nueva suite y agradecido por la estupenda actuacion que sabios entendidos habian llevado a cabo con su problematica.
Si es que vemos muchas peliculas .....
