Re: Travesía Guipuzcoa - Asturias
Ahí va la segunda parte de nuevo:
Día 7 de agosto: En Santander.
Patxi y Esther tienen familiares y amistades en Santander y se fueron a pasar el día con ellos. Iñaki y yo primero nos pateamos Santander hasta el puerto pesquero buscando tiendas de efectos navales, porque queríamos comprar un reflector de radar y reponer el que se rompió en el incidente de Zumaia. Queríamos ponerlo antes de emprender la singladura hacia Gijón, que incluye inevitablemente una noche de navegación, en que ese adminículo podría resultar útil. Localizamos una tienda pero como era domingo estaba cerrada y desde el escaparate no se veían reflectores de radar, así que nos quedamos con la duda y dijimos “mañana será otro día”. Por la tarde tomamos una embarcación que hace el servicio entre pueblos de la bahía y nos fuimos a visitar Pedreña y Somo. Dos lugares en donde yo nunca había estado y por supuesto Iñaki, el catalán, tampoco. Por cierto, a Patxi y Esther les dijeron ese día en la capitanía de Puerto Chico que al día siguiente se tenían que llevar el Txiripa al otro puerto, porque tenían que dejar libre el amarre, ya que su ocupante habitual regresaba de un viaje.
Cuando nos disponíamos a ir, con Patxi y Esther, de potes y pinchos a la ciudad, me puse ropa “de calle” y salté del barco al pantalán de la manera acostumbrada, sin tener en cuenta que la forma en que estaba amarrado el barco no era la habitual que utilizo en mi amarre fijo de Zumaia. En consecuencia me tropecé con el cabo de spring de popa y me caía de bruces hacia el pantalán entre mi barco y el vecino. Para evitar darme de morros contra el suelo me agarré al cable del guardamancebos con la mano derecha y entonces fui a dar con todo mi peso y de cabeza contra la regala de aluminio y os juro que estaba muy dura. Me hice una brechita en la frente, sobre la ceja derecha, que sangraba de manera muy escandalosa y otra sobre el hueso de la nariz que no sangraba tanto, pero ambas dolían mucho. Me apliqué agua oxigenada y un desinfectante caducado del botiquín del barco (Patxi fue a su barco a por otro y resultó que había caducado dos años antes que el nuestro). Luego, siguiendo los consejos de Esther, apliqué sobre la frente una lata de cerveza fría envuelta en papel cocina para controlar la posible inflamación. Me calmó mucho el dolor y aún pude preparar a mis asustados amigos una tortilla de patatas, que se la merecían por tratarme con tanto cariño. Lo cierto es que me tuvieron que ayudar también a preparar la tortilla y a fregar los platos, porque yo empezaba a sangrar en cuanto me quitaba la lata fría de la frente durante más de tres minutos.
Día 8 de agosto: En Santander.
Nos informan de que en el puerto deportivo Marina Cantábrico, cerca del aeropuerto, hay buenas tiendas de náutica. Seguimos con la preocupación por el reflector de radar. Largamos amarras y nos vamos allá en barco, que estamos hartitos de caminar. Nos hicimos el plan de comer en uno de los restaurantes del susodicho puerto, hacer la compra del reflector y ver la manera de colocarlo en el palo. Hacen falta dos personas dando a las manivelas de los winches, para subir a otra al palo sin deslomarse. Patxi y Esther estaban pasando el día con sus amistades santanderinas y al día siguiente, antes de partir hacia Gijón, estaríamos en diferentes puertos. Difícilmente podríamos contar con su ayuda.
Pero el mundo de la náutica vuelve a mostrarse pequeño. Cuando llegamos a Marina Cantábrico nos indicaron un lugar de atraque temporal y allí en el mismo pantalán estaba Josu, con su barco el Teo Pen, un amigo de Zumaia que después de los saludos y los cambios de impresiones se prestó a subir al palo (o más bien a que lo subiéramos) y pudo colocar el reflector. Josu estaba esperando a su novia para ir también hacia Gijón, pero probablemente haciendo escala en San Vicente de la Barquera. Pusimos el reflector, sacamos unas fotos, charlamos un rato con Josu tomando una cervecita (¡Qué bien funciona el frigorífico del Trapaia!) y nos despedimos de él para volver a Puerto Chico a cenar y a dormir. Pero antes de cenar, como todavía era de día, nos dio tiempo de salir un poco afuera de la isla de Mouro al norte de la playa del Sardinero, para subir y bajar unas bonitas olas de fondo de unos 3 metros, para que las viese Iñaki y no se fuese de aquí pensando que el cantábrico es como el lago de Bañolas
Días 9 y 10 de agosto: Santander – Gijón. 90 millas.
Por fin el parte de previsión indica mar disminuyendo y viento favorable para ir hacia el oeste. A las 14:15 (12:15 UTC) zarpamos de Santander hacia Gijón. 90 millas que haremos de un tirón. Hubiera estado bien poder hacer escala en Llanes, pero las obras del nuevo puerto deportivo no están terminadas. Llanes está en la mitad del recorrido y es un pueblo que merece una visita y un buen lugar para descansar, pero no se puede, así que ¡Hasta Gijón sin tregua!.
Y efectivamente fue casi sin tregua, porque tras unas horas de poco viento se entabló un viento del ENE, con fuerza 3 / 4 que nos permitió sacar el spinaker y navegar muy rápido y muy bien durante bastantes millas. Pero el spi es una vela mala para manejar de noche con poca gente, así que muy a pesar nuestro, decidimos arriarla con la luz crepuscular y continuar con génova y mayor, lo que nos obligaba a abandonar el rumbo directo y tener que ir en zigzag, haciendo trasluchadas, amurando alternativamente a babor o a estribor.
El Txiripa que tiene una vela mayor más grande que la del Trapaia, optó por enrollar la génova y navegar solo con la mayor a rumbo directo. Acertó de pleno. Patxi aprendió conmigo, pero ya sabe mucho más que yo. Lo que demuestra que a navegar se aprende sobre todo navegando mucho, lo que hacen Patxi y Esther.
A nosotros el ir siempre buscando el viento de aleta nos obligaba a hacer bordos alternativos que no se manejaban con la misma comodidad. Había una ola de fondo del NW y una ola de viento NE que se acrecentaba a medida que aumentaban la persistencia y el fetch. Mar cruzada, ola revuelta, no muy alta pero incómoda y además en la noche no las ves… Amurados a estribor se podía navegar con piloto automático durante grandes ratos. Vamos, que podías dejarlo un momento para ir a por una coca-cola o para mear. Pero en el bordo de babor con la ola de fondo por el través y la de viento de popa, el piloto se volvía loco y no podía con la caña. Había que llevarlo a mano todo el tiempo. Una hermosa luna casi llena nos acompañó durante la mitad de la noche
A eso de las 22:30 Hora oficial, tras 8 horas de travesía teníamos Llanes a unas 9 millas por el través de babor. La mitad del camino. No estaba mal. Hablé por teléfono con mi hermana que está de veraneo en Llanes. Sobre la 1H del ya día 10, le dije a Iñaki que se acostara y me hice cargo de la primera guardia, acordando que le despertaría a las 4 para que hiciera la segunda de 4 a 7, de manera que al menos durmiésemos tres horas cada uno y luego ya descansaríamos en Gijón, donde previsiblemente íbamos a llegar sobre las 8.
Cada cierto tiempo contactábamos por radio con el Txiripa, para intercambiar posiciones de ambos así como impresiones de viaje, viento y mar, etc. Lo malo es que si llamaban cuando Iñaki estaba durmiendo y yo no podía soltar la caña, era difícil responder con rapidez. En una de las ocasiones antes de que yo me pudiera acercar a la radio ya se había levantado Iñaki de la cama para responder, porque aún no había conseguido dormirse y oyó la llamada.
Un poco pasadas las 4 y sin que yo tuviera necesidad de llamarle, Iñaki se levantó para tomarme el relevo. Entre el cambio de impresiones, discusión sobre rumbos etc. se pasó casi una hora y yo me acosté sobre las 5. Prácticamente no conseguí dormir nada, pero al menos descansé un buen rato. A eso de las 6:30 miré el reloj una vez más y me dije “para lo que hago aquí mejor será que me levante”. Entonces, tras haber tomando tan firme decisión ¡me dormí!. Solo 20 estupendos minutos de sueño y salí a cubierta con las pilas bastante más cargadas. Al menos yo me sentí así, pero cuando a eso de las 8:30 amarramos en el pantalán de acogida de Gijón y fui a la capitanía con la documentación, me di cuenta de que no hilaba bien las palabras con los pensamientos: “Hola, estamos aquí, bueno tengo el barco ahí, o sea… bueno perdona chica casi no he dormido y estoy bastante espeso y no sé bien lo que digo”. La chica encantadora y simpática se reía y me decía que no me preocupe. Y yo por fin pude decir “quisiéramos un amarre para una ó dos noches, es un velero de 32 pies” y a continuación rellenar la ficha y dar los datos del barco del seguro y de la tripu.
Después de desayunar, dormir hasta mediodía, comer en los barcos, ducha en capitanía, etc., salimos a patear Gijón y tomar unas sidrinas, con el consabido intento de aprender a escanciar, y cenamos en una taberna las viandas típicas del país.
Nos habríamos quedado muy a gusto un par de días más en Gijón si hubiésemos visto alguna predicción de buen viento para días posteriores. Pero no fue así. Iñaki tenía que tomar su avión de vuelta en Bilbao el día 15 y yo también quería estar de regreso más o menos para ese día. Así que después de revisar todos los portales meteorológicos de internet que conocemos, decidimos que lo mejor era emprender el regreso al día siguiente.
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